Yo Mero

28 February, 2009

16.02.09 – From pollutants to chicken

Llega a ser complicado organizar conferencias sobre innovación tecnológica para el medio ambiente. Y aún más cuando no se es experto en celdas fotovoltáicas, gasificación de plasma, sistemas micro electro-mecánicos o motores híbridos. Y aún (al cuadrado) más cuando uno decide ser el ponente y se tiene un límite de tiempo para conocer lo último del mercado, ciencia y funcionamiento de cada una de las chunches consideradas como la próxima salvación del mundo. Así que opté por pedir ayuda a Emi, que sin dudarlo tomó tema por tema, excavó en libros y la red aprendiendo el funcionamiento más básico de la química, mecánica, biología y electrónica de cada aparatejo. Con el apoyo psicológico de contar con un aliado intelectualmente sólido, decidí empujar la difusión de la conferencia.

Sería una conferencia como la que suelo organizar cada quince días. Nada fuera de lo habitual sólo que esta vez, el experto invitado sería el promotor, conferencista, acarreador, técnico instalador y experto en el tema. Así que exprimí los tiempos de los procesos creativos del diseñador para generar un collage vistoso de fotos que acompañarían a un título rimbombante para que, juntos, fueran pegados como parte de carteles poco-sustentables por la ciudad. Las leyendas principales del cartel hablaban sobre conceptos trascendentales para nuestra especie, tales como tecnología y medio ambiente. El color rosa posicionaba la conferencia como un resumen de uno de los eventos más importantes del mundo. Y las imágenes de los prototipos más llamativos de vehículos de carga con motor híbrido harían de cualquier incauto, un tecnólogo interesado.

Emi y yo terminamos nuestra fase de preparación. La ñoñez en su pleno esplendor preparada para asombrar a pubertos ignorantes y doctores en física cuántica bajo con unas simples líneas de conocimiento traducido a vocabulario pedestre. Imágenes llamativa pretendían hacer de un monstruo de presentación de casi cien megas un gozo para quien nunca pelará el contenido de una exposición. Y, lo más importante, tener esa paz espiritual que representa saber que nunca más se retocará esa presentación.

Distantes, llegamos a observar como algunos jóvenes se acercaban a los carteles con rostros interesados con una pizca de interrogación. Me acerqué para saber si irían a la conferencia y respetuosamente me dijeron que harían todo lo posible. Noté que reprimían un chacoteo interno así que insistí preguntándoles si les interesaba el tema de tecnología para el medio ambiente. Les platiqué que describiríamos algunas tecnologías que se estaban promocionando en el mundo para el control de contaminación o polución (tratando de hacer alusión al título de la feria). Una joven entonces frunció el ceño. Hubo un silencio. Y otro preguntó “¿y los pollos?”.

Entonces, no pude mentir más. Expliqué que la conferencia no sería sobre tecnología y polución, sino de una carrera mundial de pollitos cibernéticos disfrazados. Cada país había seleccionado a sus mejores científicos para engendrar a sus mejores cyber-pollos con el fin de que fueran incansables, graciosos y veloces como sólo un pollo genéticamente biónico lo podía ser. Mi posible audiencia insistió en no quererme creer lo de los pollos así que no me quedó más remedio que decirles que el único lugar donde podrían ser testigos de semejante fenómeno sería ese mismo día en la conferencia de las 5pm.

12.02.09 – Confesiones de un sotolero

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En agosto le dejé pagados dos litros a la señora de la tienda. Prometí regresar por ellos después de la fiesta ya que si me los llevaba en ese momento, conociendo a la banda, hubieran peligrado muchísimo. Ese día siguiente llegó y partí de Xochitlán con el sol en la cara y sin el menor recuerdo de mi compra no recogida.

Casi seis meses después llegó a mi casa lo equivalente a aquella compra olvidada. Una botella de dos litros de refresco con un líquido verde plasmado de un olor a hierbas. Decían en Xochitlán que es bueno para la salud aunque hay quienes llegan a sufrir estragos a corto plazo, tales como dolores de cabeza al siguiente día. La botella se quedó una semana en mi refrigerador incitando esa intriga incómoda a quien visita de vez en cuando y metichea en refrigerador ajeno volteando a ver al habitante con cara de “¿qué demonios es ese líquido verde?”. Uno que otro se atrevió a preguntar pero sólo JQ lo probó.

Cuando me di cuenta, yo ya era un asiduo sotolero. Empecé a tener conversaciones con otros que gozan de las mismas costumbres. Hasta escuché testimonios de quienes no pueden dormir sin antes ‘echarse un sotolito’. Me mantuve fiel a mi bebida verde ante la propaganda de otras similares con maracuyá y moras. Al intercambiar anécdotas, yo me mantuve ajeno a todo comportamiento que, asemejara de la mínima forma, el abrir el refri para servirme un poco. Y cuando llegué a ser visto haciéndolo, con una exclamación de seguridad personal, argumenté que era muy benéfico para la digestión, especialmente después de cenar en abundancia. Con dignidad aparente, mezquinamente lo ofrecía a los invitados con ganas de que nadie tomara un solo sorbo.

Así han pasado los días. Afortunadamente la botella parece intacta y el aroma impregnante a hierbas sigue alejado del de la fermentación. Ese sabor amargo ha sustituido al café después de la cena volviéndose buen compañero para el trabajo nocturno y las nostalgias provocadas por la distancia.

27 February, 2009

07.01.09 – autocinemauto

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Hay cosas que, a través del paso del tiempo, uno debe afrontar con madurez, serenidad y abnegación. Una de ellas es asumir, el evidente paso del tiempo, cuando se platica con un escuincle. Y no porque el paso de tiempo sea traumático para los que estamos en la parte ‘vieja’ de la balanza, sino que cuando uno se da cuenta, ya es demasiado tarde y ni como echarle la culpa al escuincle metiche que pregunta: ¿qué es un autocinema?.

Ante la pregunta, mi hamster corrió hacia el portal de Google más cercano antes encontrándose con un recuerdo. Existía un monolito en el periférico norte cuando yo tenía la misma edad del escuincle preguntón. Según mi memoria, ese monolito era un autocinema. Mi segundo pensamiento fue una asociación de conceptos y la imagen del autocinema de los Picapiedra*. Entonces, interrumpí a un tío que estaba tratando de explicarle al escuincle sobre autocinemas hablándole de películas de Henry Bogart y modelos de autos de finales de los 60ta para preguntarle al niño si había visto Los Picapiedra. El niño cambió de actitud: de esa mirada cínica que sólo se da cuando un escuincle ejerce su supremacía ante un grupo de adultos leeeentos, a esa mirada de incomprensión total cuando, de plano, no sabe si algo en su malévolo plan de juego con adultos salió mal o de plan los adultos están totalmente chiflados. Me volteó a ver respondiendo “creo que alguna vez vi a un primo grande viendo esa caricatura”.

La situación se complicó. Haciendo cálculos, el escuincle era demasiado joven para haber sido concebido en una ida a un autocinema en aquella era cuando no había televisión a color. Tampoco había visto Los Picapiedra. Y el tío insistía en que la imagen de James Dean sería su mejor arma didáctica. Para complicar todo aún más, alguien entró a la plática con una fantástica sugerencia pedagógica: etimologías**. “¿Qué es ‘auto?” preguntó esa voz académicamente soberbia. El escuincle se pitorreó de toda la situación diciendo todas las babosadas que le pasaron por la cabeza. “¿Qué es cinema?” continuó preguntando la angelical voz que nunca se dio cuenta que era la mofa de un escuincle más listo que todos los presentes. Para entonces, el tío hablaba de cómo los que servían refrescos y palomitas nunca podían arreglar el pésimo sonido de las bocinas en los autos dentro de los autocinemas. Un despistado que cayó a la plática aseveró confundido, que nadie iba a esos lugares a ver las películas.

Minutos después, le recomendé al escuincle que buscara el tan controversial término en Wikipedia y se dejara de juegos. Me levanté por café y de vuelta a la mesa vi al escuincle jugando con un aparatito de video juegos portátil cuyo modelo y marca no es de mi generación ***. Y no pude evitar hacer una ñoñísima reflexión etimológica-quántica sobre si un autocinema de este milenio era ver una película en el trasero de la cabecera del asiento delantero de la camioneta de la madre de familia. En ese caso, al parecer existe la justicia ante todo: aunque el monolito haya sido demolido hace más de 20 años, Satélite sigue lleno de autocinemas.

* … hmm … resulta interesante hacer la liga entre un espacio recreativo de los años 70`s recordado por una caricatura ubicada en la edad de piedra que asocio con un complejo citadino de los años 80ta …
** … que yo sepa, sólo los muy ñoños entienden etimologías cuando las enseñan en la escuela … en la naturaleza urbana, es algo que se va dando en cuanto el pensamiento del ser humano se va deshaciendo, poco a poco de las idióticas y rígidos mecanismos autómatas de nuestros modelos educativos en base a la memorización …
*** … ¿qué diría si le digo ‘Gameboy’?

10.01.09 – Imaginarios de inicio de año

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Saber lo que la gente piensa es complicado. Saber lo que la gente dice es algo más fácil. Hay quienes se fijan en lo que dice y escribe la gente en espacios públicos para luego llegar a conclusiones sobre qué temas son los que viven dentro de las mentes populares. A fin de este año, el concepto más mencionado en Internet fue “Obama”. Luego le siguieron términos menos optimistas, tales como “crisis financiera” y “calentamiento global”.

Llegar a la conclusión que establece la figura de un individuo como lo más mencionado (¿ y también, pensado?) en el mundo es bastante directo. Aunque, también es directo, observar la cantidad inmensa de parafernalia y afiches con la cara del candidato presidencial gringo que inundaron los medios, los espacios públicos y la red a final del año pasado. Fue lo de entonces (aunque sigue siéndolo hoy) para interpretaciones inteligentes, babosas, superficiales, críticas, escépticas, entusiasmadas o negativas. Y dentro de contextos políticos, esto representa capital, mismo que si no se tiene un presidente desequilibrado con botas, se utiliza para generar presión en temas críticos para lograr esos cambios estructurales que en un país democrático son difíciles de condensar si no se tienen un aplastante respaldo popular.

¿Sucede lo mismo con las otras palabras más populares del 2008? ¿La gente tiene una posición sobre la crisis financiera y el calentamiento global? ¿Si todos mencionamos tanto estos fenómenos, quiere decir que estamos informados? Hubo varios medios que afirmaron que la población mundial estaba conciente de ambos fenómenos. Otros medios dijeron que simplemente era preocupación extrema. Y pocos otros se preocuparon por no llegar a conclusiones como la que los gringos están concientes de lo que implica (incluye lo que ellos hacen todos los días para contribuir) el calentamiento global.

Casualmente me encontré algunos podcasts de tecnología y medio ambiente de finales del 2006. Ahí, también se mencionó “calentamiento global” como unos de los conceptos más escuchados del año. En ese entonces, las elecciones parlamentarias gringas posicionaron a los demócratas en el Congreso. En el 2007, el mismo fenómeno cayó en popularidad a pesar pésima temporada de esquí que sufrió Europa. De todas formas, las emisiones de carbono de los países que conforman todas esas opiniones públicas siguieron su fiel aumento periódico de casi 2% anual.

Seguramente un buen tema de posgrado para alguien que no quiera trabajar por cinco años sería el estudio de imaginarios colectivos correlacionados con su real introspección y reflexión de consecuencias. Así, podríamos explicar las repercusiones del ‘continous partial attention’, el zapping y el análisis sociológico basado en ‘highlights’ en la conciencia y acción colectiva. Pero como los datos y encabezados siempre son interesantes, podemos vernos creativos para hacer ‘webart’.

1 January, 2009

15.12.08 – Psyco-zetoia

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A mediados de este año, los zetas llegaron a Xalapa. Estaban por todos lados. Los rumores hablaban de todas las fechorías que se cometían a diario a su nombre. Niñas robadas en antros, riquillos asaltados a punta de cañón, secuestros de generaciones enteras de alumnos, clientelismos obligados a comerciantes y alimentación a base de niños vivos. Las señoras, aterradas, se reunieron con dotaciones extemporáneas café y galletitas para comentar, horrorizadas, el Apocalipsis que la ciudad estaba atravesando. Los niños y adolescentes dejaron a un lado al obsoleto Coco para ponerle historias al Zeta.

Habrán pasado cerca de tres meses. Casualmente, le pregunto al budista (fuente principal para mi sensibilización xalapeña en temas relacionados a las clases medias) sobre la amenaza zeta. No había cambiado mis hábitos de vida en absoluto y quería simplemente saber si mi ausencia de la ciudad había aumentado mi expectativa de vida. El budista soltó una carcajada diciendo que, días atrás, lo mismo le había preguntado a una de las señoras más aterradas de toda la ciudad. La señora le respondió, confiada y serena, que

Llegué a la majestuosa Ciudad de México. Rápidamente, el primer y cuasi-único tema de conversación familiar fueron los multi-citados zetas. Al parecer, cual gremlins, estos seres del mal tenían sometidos a comerciantes, directores de escuela, policías, amas de casa y empresarios de todos los municipios del norte y oriente de la Ciudad (que a cálculo de buen calculador, suman más de cinco millones de personas, o siete Xalapas). Los malévolos anécdotas y correos electrónicos que nos llegaban por quintas personas, sonaban igual a los que habían quitado la libertad a todas esas señoras xalapeñas hace algunos meses. No había ningún trazo o personificación de un Zeta lo que los hacía más poderosos que el archirival más perverso de cualquier historieta del viejo oeste o super-héroes. Prueba de esto es el efecto que estos antagonistas de la vida diaria están teniendo sobre las personas comunes y corrientes. Como muestra está un atentado a mi propia vida.

Regresé del aeropuerto cerca de la media noche de un sábado. Saqué mi auto del garage y fui a dejar a Melo a su casa. A mi regreso, Trish se salió a olfatear los arbustos previamente orinados por otros perros. Guardé mi auto, preparé sincronizadas y salí a la calle para silbarle a Trish que regresara a casa. Con mi segunda sincronizada en mano, volví a chiflar y llamarle a Trish que entrara a la casa. Mientras veía como Trish caminaba hacia mi con el olfato en el piso y la cola ondeando, escuché un par de sonidos cerca de ahí. Trish entró a la casa, apagué el sartén sincronizadero y me fui a dormir ignorando completamente lo que me enteraría una semana más tarde. Los dos sonidos habían sido los disparos al aire que mis vecinos de la casa de a lado soltaron debido al pánico que la presencia de un joven y un perro habían provocado.

Aquel correo electrónico que fotoshopea a Mazinger Z en el centro de Xalapa hubiera sido un buen marco de referencia para explicar la disculpa que mi vecina le fue a dar a mi madre por haberle disparado a su hijo. Mi vecina es una señora con la que hemos compartido pared y hojas regadas de un eucalipto por cerca de diez años además de haber sido mi alumna durante mi adolescencia. No tenemos mucha comunicación, pero me atrevo a asegurar que sabe cuando estamos o no, cómo son nuestras mascotas y quienes somos. Aunque, supongo que debo de ser cauteloso con mis aseveraciones. Uno nuca sabe el punto en el que un ser humano se ciega de su entorno sustituyéndolo por noticias alarmistas, propaganda gobiernista y la informadísima opinión de la comadre y el señor de la tiendita.

05.12.08 – Pollu-green

Me gusta el verde. No lo puedo evitar. Me reí en aquella película en donde Bruce Willis peleaba contra su edad (había perdido ya todo su cabello y estaba por perder su movilidad) y el patiño de la historia acuñó la frase ‘super green’. Muchos de los artefactos que me han rodeado en la vida han sido … (¡adivinaste bien!) verdes. E inclusive, a pesar de mis confrontaciones con mis amigos eco-extremistas de la adolescencia, represento (personal y profesionalmente) una fantástica organización que promueve el desarrollo sustentable.

Así que dar conferencias en seminarios y ferias eco-sutenta-verdes ha resultado ser de mi agrado. Esta ocasión, tocó echar un rollo (más informativo y menos predicador) en la feria europea de tecnologías para el desarrollo sustentable. Aproximadamente ochenta mil asistentes en cuatro días se dan cita para ver lo último de equipo, maquinaria e innovaciones para que el ser humano pueda seguir su vida capitalista sin inmutar sus ritmos de consumo sin afectar tanto al medio ambiente. Había tecnologías fantásticas, como los prototipos de enfriadores y lámparas orgánicas que los centros de innovación japoneses presumían. No obstante, los destellos de esperanza tecnológica eran abrumadoramente sepultados por toda la maquinaria tradicional pintada de verde para que gobiernos, industrias perversas y despistados consumieran.

Ante ese contexto, añadí una lámina a mi presentación. Una voz de la sociedad civil de un país en vías de desarrollo (y receptor mediocremente malintencionado de tecnología) tenía que cuestionar si todos esos camiones diesel para recoger toneladas de basura en ciudades eran la solución. O si la incipiente industria del plástico biodegradable debía ser considerada como exitosa si su mayor cliente son los fabricantes de armamento europeo (sí, los franceses están produciendo granadas biodegradables para no contaminar tanto África y el Medio Oriente). Pero, al parecer, éramos pocos los que coincidimos en que muchas de las soluciones al deterioro ambiental deben ser combatidas a través del uso racional de recursos, disminución del consumo en general y un desacelere en el crecimiento económico (indicador hegemónico del éxito de un gobierno o una corporación) global. Los representantes de la industria energética brasileña justificaron los proyectos de construcción de plantas hidroeléctricas y eólicas en la selva amazónica como única medida para que su país pudiera alcanzar tasas de producción, exportación, consumo interno y crecimiento económico equiparables a los países de Anglo-Norteamérica y Europa.

Corajes aparte, mantuve mi posición como ONG progresista evitando la confrontación y tratando de sembrar semillas de alarma, conciencia e información en personas que pueden ser clave dentro de proyectos regionales, locales e, inclusive, comunitarios o estudiantiles. Tomé mi transporte aéreo (como cualquier ecologista que se respete en un contexto internacional) y regresé a mi país asombrado de todos los productos verdes que llenan las tiendas y duty-frees europeos. Hay diseños jocosísimos de cartón y papel reciclado (en China o India) para cualquier oficina. Arte de desperdicios para que las nuevas generaciones concientes puedan usar sus bolsas, impermeables y muebles satisfechos de que, a pesar de haber sido trasladados a Europa del Este o China para su ensamble, representan los restos de productos de consumo tirados a la basura. Textiles e indumentaria fashion firmados por diseñadores que muestran como se retoman telas o patrones de tejido indígena acompañados de una foto chantajista de alguna mujer feliz en el desierto o un niño esquelético con mirada tierna. Y, por supuesto, mucha tinta verde como arma de apaciguamiento de conciencias para alentar el consumo. 

¿Vivimos una moda verde? Si el verde está en la apariencia y no en el entendimiento de las responsabilidades y consecuencias del ciudadano como consumidor, corremos el gran riesgo que iniciativas auténticas, estructuradas y propositivas (ej. comercio justo, cálculo de la huella de carbono, cadenas productivas locales autosuficientes, ecotecnias, transporte de información en lugar de personas, centros de reciclaje y re-uso local, etc.) sean banalizadas perversamente por la influencia de mensajes superficiales de quienes buscan generar demanda de consumo masivo de artefactos dispensables.
Warner Channel te desea una verde navidad.

30 December, 2008

26.11.08 – Guayaquil como testimonio

Si alguna vez has ido a Campeche (city), seguramente comprenderás estas líneas. Otra opción es utilizar la imaginación (aunque es preferible añadirle un toquecito visual de Campeche).

Guayaquil, Ecuador es una ciudad bendecida por el progreso y las buenas costumbres. Originalmente, una ciudad comerciante con interesantes historias de piratas y bandoleros, la segunda metrópolis ecuatoriana es un ejemplo de cómo hay hipótesis populares que siguen siendo cuestionadas y que sólo una visita aguda las puede comenzar a documentar. Así, que iniciando con una visita en el guayal-turi-bus y finalizando con una ligera escalinata hacia el faro del centro del poblado, llego a las siguientes conclusiones.

Realidad 1: Lo naco es chido y entre más neón, más chido.
Construir la identidad de una ciudad a inicios de este milenio es una tarea definitiva para los conceptos de la estética. Me puedo imaginar las discusiones entre diseñadores, arquis, inges, políticos, busines-influyentes y demás metiches durante el trazo de la imagen del Guayaquil del siglo XXI. Habría que mostrar el progreso a toda costa, hacer espacios públicos, atraer el turismo, ostentar las ventajas del comercio y representar un vanguardismo tal que fuera acogido por la población y la iglesia. Con todo esto en mente (supongo), hoy se transita por la ciudad entre parques y plazas con juegos para niños. El malecón une espacios públicos con el tradicional mercado pesquero transformado en un monumento para lujosos banquetes que muestra a lo lejos un McDondald’s en forma de barca. En el horizonte, el centro histórico resplandece con luces de colores que adornan el viejo faro e iglesia que, cubiertos de luces neón y vigilados por piratas de fibra de vidrio, pintan un marco al buen gusto (hasta el Pepito del altar tiene lucecitas Made in China).

Realidad 2: Los niños juegan si hay parques.
Pero no todos los colores resplandecen cual artefacto seductor de insectos. Guayaquil tiene muchos parques. Y cada parque tiene juegos de colores alegres y divertidos. Y los niños, consecuentemente, habitan esas estructuras metálicas, resbaladillas intrépidas y areneros bajo el sol de la mitad de globo terráqueo. Y no me sorprende que los niños jueguen, ni que existan juegos de colores, sólo que la combinación resulta (contraria a la lógica) desafiar los protocolos sociales de un chilango. ¿O será que no recuerdo que Campeche tuviera tantos juegos infantiles (o niños, para el caso)? Pero el punto es que si hay niños, espacio y juegos de colores, las nuevas generaciones pueden convivir como niños (concepto ya anticuado) en lugar que como gringos gorditos frente a un monitor.  

Realidad 3: El turibús, como primer paso hacia el progreso.
A fines del verano, llegó a los provincianos rumores xalapeños que esa distinguida capital del estado veracruzano contaría con un turibús. A muchos se les hicieron brillantes los ojos frente a lo que significaba. Yo sólo me mofé chilangamente del tema desconociendo por completo el trasfondo del evento. El segundo evento de recepción en Ecuador (el primero fue un juguito de papaya con otra frutita tropical) fue subir a esa distinguida delegación mexicana que representábamos a un turibús. No sólo podríamos conocer la ciudad en una hora, si no que, por siempre recordaríamos que Guayaquil tiene un turibús. Orgullosos, los locales saludaron a los que tomábamos fotos en piso superior descapotado del vehículo. Los pasajeros saludamos de regreso y tomamos fotos pero siempre con una ligera alerta ante el peligro de ramas y puentes al nivel de nuestras nuestras cabezas.

Realidad 4: La prepotencia es una cortesía (para algunos).
Salí corriendo de mi cuarto de hotel al autobús que trasladaría a la delegación del congreso de un hotel a otro. Mi retraso menor se interpretó como puntualidad ante el contexto latinoamericano que llegaba de quince a veinte minutos tarde. Tomando esto en cuenta, los organizadores calcularon un trayecto de cinco minutos entre hoteles sin importar el tráfico de la ciudad ya que una amable escolta policíaca se encargaría de detener a cualquier ciudadano con el fin de que los exquisitos representantes de las organizaciones civiles latinoamericanas pudieran llegar a su sede con el caché digno de lo que no-representamos. Con la inocencia y bondad que nos caracteriza, el primer día pensamos que alguien realmente importante necesitaba esa imponente escolta. Al segundo día, nos dimos cuenta que los arbitrarios éramos los mismos plebeyos que luchábamos por los derechos y vida de los seres menos favorecidos y sistemas ecológicos de nuestra estropeada Latinoamérica. Preguntamos la razón de semejante incoherencia. Al parecer, fue una cortesía de nuestro anfitrión, el alcalde de Guayaquil.

11 December, 2008

19.11.08 – El Rey del Matrimonio

Alguna vez una amiga me contó la güajira historia de cuando se había encontrado a Bono (el de U2, no el otro más viejito) saliendo de un WC. Al platicar ese majestuoso encuentro de dos segundos, ella se ponía de todos los colores y sus manos comenzaban a sudar. En otro encuentro artístico-meets-mundano, al Ivganz le cambió su vida cuando escuchó, de viva voz, a Chabelo hablando como señor. Después de este impacto, su concepción del mundo ha sido inmensamente distinta.

Pasa el tiempo y llegamos a dudar sobre si en realidad hemos hecho callo a nuestra capacidad de asombro. No sería sorpresa de nadie que el destructor de la infancia del Ivganz resultara un asesino o que Miguelito Jackson un buen padre de familia. Todo eso, supongo, que más está del lado de la pluma y cámara de una buena empresa periodística que dentro de nuestra cabeza. No obstante, nunca hay que confiarnos ni decir ‘no me sorprenderé’.

La sorpresa inicial fue la invitación de mi amigo Sujo para que acudiera a su matrimonio. Y fue una sorpresa tri-partita. Primero, porque me invitaron (este año me acostumbré a ya no ser invitado a bodas). Segundo, porque se casaba (aunque no lo creas, me sigo sorprendiendo que gente de mi edad identifique este momento para unir su vida con otra a través de un papelito). Y tercero, porque la boda sería en (antes Sta. Fe de) Bogotá. Me emocioné tanto que hasta vencí mis traumas colombianos, me disfracé de pingüinito y bailé (sólo, un poquito … para qué hacer pensar milagros) güapachoso en Bogotá.

Tanta alegría, comida costeña y compañía de grandes amigos hizo del viaje y matrimonio fantástico. Pero, hubo más. Justamente llegando, brilló la estrellita en el horizonte, el Bono el W.C., la cereza en el pastel, el momento estelar del viaje: entre codazos de meseros sirviendo la cena pre-boda y pláticas graciosas entre visitantes y locales, estuvo presente el Rey del Vallenato 2001 (título nobiliario equivalente a un Grammy). Con acordeón en manos, chalán tocando un palito-primo-flaco-del-güiro, su fiel percusionista sudoroso y los aplausos incansables de todos los presentes (me incluyo hasta con la patita zapateando) el Rey del Vallenato 2001 demostró porqué sigue siendo el rey (rola que no cantó, pero que escuché en Colombia más que cualquier otra canción). Con voz fuerte latinona-protagonista y carismática platicó la historia del vallenato. Cada desamor, cada historia popular y cada himno a la vida diaria de un costeño. Interpretaba con maestría el instrumento mientras gesticulaba la alegría por la vida y las letras de los principales vallenatos que un turista debía conocer. Digamos que para llegar a ser el Rey del Vallenato se tiene que ser el mejor intérprete, poeta, animador y músico. Tener gusto para camisas latinotas y siempre una sonrisa en el rostro.

28 November, 2008

05.11.2008 – Pozole Roof Jazz

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Conocí a Marianita a principios de año. Recuerdo bien ese momento. Yo aún exploraba Xalapa y atendía cualquier invitación o pista de evento musico-cultural que se presentaba bajo mi nariz. Esa ocasión, llegué al Refugio bajo el chisme de que todos los martes, cada quince días, se juntaban a echar el jam los chavitos del diplomado de jazz. Movido por la curiosidad y los primeros intentos de creación de MUJAM, me senté en un banquito a ver cómo Marianita tocaba una improvisación muy salsa-pastorious con un instrumento que era prácticamente de su estatura. Después, demostró el mismo swing con el contrabajo echándose un estándar de bop. Al terminar la música, me acerqué preguntándole si ya tenía club de fans y los trámites para formar parte del él. Ese club se formó ese mismo día y hoy ya cuenta con más diez fans.

Jam tras jam, el club de fans religiosamente se reunía con Marianita en cualquiera de los palomazos xalapeños para echar chelas y hablar de jazz (obviamente). En una de esas pláticas me comentó que su sueño era tocar en una azotea. Yo anoté el dato y días después, en esos momentos en donde la cabeza debe de estar focalizada en lo que se está haciendo en es preciso instante, todos los elementos se unieron para visualizar un magno toquín azoteero. Quince días después, el club de fan llegó con Marianita a decirle que ya tenía azotea, fans e inversionistas para este magno evento y que sólo faltaba la banda. Ella me dejó hablando sólo y regresó minutos después con una alineación talentosamente equivalente a los primeros años de la Big Band de Duke Ellington, pero en versión Xalapa. Todo estaba listo.

Pasaron varios meses de típico chacoteo y escaramuza organizativa latinoamericana hasta que nos pusimos un ultimátum: el roof jazz jam debía ser antes de fin de año. Tantos meses habían transcurrido que la alineación jazzística había olvidado por completo el compromiso y el club de fans (ahora ya no sólo de una persona) exigía que se realizara semejante evento. Fijamos una fecha y se apareció el elemento que coronaría la trascendencia de este jam: el pozole. ¡Claro! ¡Ahora todo tenía sentido! ¿Qué más se puede pedir en esta vida que un jam jazzero con los mejores músicos under-23 de México comiendo un exquisito pozole en una de las azoteas que dan al parque principal de Xalapa?

Y así sucedió:
El reloj marcó las 22.30hrs. Encontré  a Máster Vic llegó a casa de JQ, pasamos por una segunda cazuela a casa de Cajita y nos dirigimos al puesto de pozole. La señora sirvió (sin que su olla mágica bajara de nivel) doce litros de uno de los más maravillosos pozoles rojos que ha probado el ser humano, cargamos bolsas de tostadas, pasamos por cervezas y a las 21hrs comenzamos a recibir glotones, melómanos musicales y talentosos músicos. A las 22hrs la batería, percusiones, amplificadores y hasta el teclado del director del diplomado de jazz (no le digan a nadie que lo pidieron prestado sus alumnos para treparlo en una azotea) tenían vista al Parque Juárez. La casa se llenó de olor pozolero y minutos después, el centro de la ciudad se inundó de jazz, salsa-jazz y cualquier fusión musical que contenga mucho swing, sabor y virtuosismo.

30 October, 2008

27.10.2008 – Dilemas de la interacción con la interactividad

En las ciudades medianas de provincia dominadas por los aparatos gubernamentales y estructuras universitarias espesas, muchas veces nos podemos encontrar con una abundancia de ideas que deambulan por canales reducidos sin encontrar un espacio para sentirse escuchadas y enriquecerse con las palabras de los demás. Nosotros aprovechamos esta ausencia de espacios libres, abiertos y comunes de intercambio de ideas para exportar a una ciudad entera nuestras tradicionales conferencias internas. La apuesta es sencilla pero ambiciosa: invitar a conferencistas que planteen pensamientos vanguardistas sobre el desarrollo sustentable, la educación, la tecnología y el diseño con el fin de sembrar semillas intelectuales, provocar discusiones (internas y colectivas) y forjar una comunidad itinerante multi-disciplinaria.

La tercera conferencia de este ciclo tenía por tema “Paradigmas de la interactividad en la educación y el arte”. El problema surgió al darnos cuenta de un aprendizaje colectivo: los títulos rebuscados les gustan a los promotores pero ponen en jaque a los diseñadores (¿qué imagen podía acompañar ese título?). Los diseñadores tomaron su orgullo cual estandarte y se pusieron a crear. Los ingenieros nos fuimos de fin de semana. Pero fue justo en el trayecto hacia la ausencia laboral del fin de semana cuando llegó un rayo de iluminación creativa se fusionó con la crisis financiera. En la autopista México-Puebla repasaba mentalmente nuestro precario flujo de efectivo con tal de plantearme un reto creativo-financiero: ¿Qué diseño representa la interactividad si no se tiene dinero para comprar los tóner que necesitamos para imprimir los carteles?

La respuesta constó en realizar un experimento que, afortunadamente, fue aprobado por nuestro conferencista invitado. La idea no era nada del otro mundo, simplemente lanzar a la ciudad carteles interactivos. Ante ese planteamiento, los tecnólogos hablaban de censores y páneles digitales mientras que los diseñadores se me quedaban viendo con cara de profunda desaprobación. El punto era que (ante el evidente gruñido del diseñador), el papel o el pdf fuera el espacio de interactividad y, ante eso, sólo aquellos interactuantes con esos medios inertes se volverían creadores. Así que imprimimos carteles a tinta negra con una pleca institucional y la invitación de la conferencia dejando un espacio enorme vacío en el centro. Conscientes de las barreras entre el papel y el hombre, en algunos casos se escribieron instrucciones precisas tales como “interactúa” o “¿qué tienes en mente?” y se dejaban crayolas colgando del cartel. En otros casos, le dimos un empujoncito a la interactividad pegando públicamente carteles con un garabato o dibujo (eso calmó la insurgencia diseñadora). El cartel interactivo mantenía el mismo concepto, el cursor actuaba como plumón para que se pudiera dibujar sobre el cartel mismo.

Una vez inundada la ciudad, expectantes, esperamos que aparecieran las reacciones.  Había una expectativa relevante por saber cómo reaccionarían los estudiantes de diseño y arte ante una hoja en blanco. Y en menos de un día, llegaron las primeras reacciones dado que quitaron los carteles justo en la institución huésped de la conferencia porque sus alumnos, en lugar de expresarse artísticamente, aprovecharon el espacio para escribir leperadas y exigir que las promesas del director escolar se volvieran realidad. Mi respuesta fue políticamente correcta al evitar poner de nueva cuenta carteles en blanco ante futuros diseñadores en una escuela de paga. Por otra parte, en la institución artísticamente rival, se mantuvo el silencio respetuoso a la hoja en blanco. Vimos que una crayola se mecía intacta haciendo sombras en un papel blanco que destacaba entre la guerra de carteles xalapeños. Y cuando alguien dibujó algo, la polémica surgió en cuanto a la violación del cartel, el respeto a los espacios públicos y la pasividad social.

Días antes de la conferencia, en distintos puntos de la ciudad, la falta de interactividad fue una constante. Vimos carteles mínimamente rayados que estaban pegados sobre una pared grafiteada. Ante las pocas palabras escritas, llamaba la atención que sólo un par de carteles contaban con frases completas o escritos. Y en estas, nos surgió la duda de saber porqué la gente escribe “no sé qué escribir” como cuando le preguntan a alguien que diga algo y responde “algo”.

En fin, la conferencia abordó temáticas interesantes de la evolución del uso y entendimiento de la interactividad en el arte y educación. Los carteles desataron paradigmas educativos sobre la relación entre nosotros y una hoja de papel en blanco. Y en el arte, únicamente aquellos carteles que tuvieron algún tipo de autorización para ser rayado, alojaron aproximaciones artísticas interesantes. Al final de la conferencia, nos quedamos platicando con la única asistente que había llegado ese día únicamente atraída por el cartel. Nos veía confundida hasta que preguntó “pero … hay algo que no entiendo … ¿todos ustedes qué tienen en común?”.

26 October, 2008

23.10.2008 – silencio bloguero

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La sentencia fue precisa. Ya no era la sutil pregunta “¿Y porqué ya no está escribiendo?. La petición se volvió orden: “Dile que escriba”. Ante esa sentencia, comienzo con un ejercicio auto-reflexivo y concluyo con un resumen trimestral de vida.

Auto-reflexión de un bloguero con tres lectores
Hay factores que inhiben a un escritor de blogs. El primero, y más común, es la desidia. Es verdad, da luego flojera escribir de manera constante. Es más, si ni me leen, ¿para qué escribo esto?. Maldita pantalla en blanco. ¿Qué es lo que iba a decir? … ahorita lo empiezo.

El segundo es la falta de inspiración. No siempre se está inspirado y dispuesto a hacer mediante una narración de la vida común, una historia medianamente interesante para que otro ser humano en este planeta le dedique minutos de su vida a leerme. Muchas veces, ya dijimos todo lo que teníamos que decir y por más que escribamos, será apestoso. Y mientras no exista el debido respeto a los one-hit-wonder del blog, la presión seguirá sobre nosotros. Además, en contraste a lo que se ha pensado históricamente sobre las musas y la inspiración, la productividad de un bloguero se ve directamente afectado por cualquier musa, ya que en el caso más prolífico seguramente cambiaría sus escritos a narraciones monotemáticas con espesas dosis de miel, y en el caso mas restringente, pues ni se acuerda que tiene un blog por ahí.

El tercer factor es el tiempo. Al parecer, por más cambios de horarios que se hagan, el día sigue teniendo las mismas 24 horas y el cuerpo pide reposo. Hay servilletas que llegan al clímax de su vida con el alma de grandes posts que nunca vivieron porque algún individuo no lo pasó a su compu por falta de tiempo (y también desidia y método de archivo de servilletas sabias).

Y el cuarto factor es la saturación. Quienes no tenemos ese don de la comunicación requete-espontánea tenemos válvulas de liberación de palabras dentro de nuestro organismo. Estas, si están bajo un equilibrio de ingreso de información versus expresión, dosifican las palabras y letras que salen de nosotros. En un mecanismo semejante al de un biodigestor (lamento la imagen pulcra de la transformación fecal, pero es un gran símil), si existe un exceso de información entrante a nuestro sistema, éste se hincha y, en el mejor de los casos organiza a los demás órganos para que procesen y comuniquen los temas de mayor importancia excluyendo ejecutivamente la escritura en un blog. En el peor de los casos, el organismo empieza a tener fugas erráticas de información, armando un relajo de escritos, gritos, correos electrónicos y, si se tiene suerte, uno que otro post.

Síntesis impersonal de vida: agosto, septiembre y un buen cacho de octubre
Aquí sigo. Todo bomba. … (creo que se acabó la inspiración de hoy) … es decir, han pasado muchísimas cosas y casi todas fantásticas … ya se irán enterando en los siguientes posts… (léase que establezco un compromiso de escribir y no tirarme a las vacaciones blogueras otra vez) … eso sí, hay mas fotos aquí.

7 August, 2008

06.08.08 – Zozocolco creciente

Entre Papantla y Cuetzalan está Zozocolco. A este corazón totonaca se puede llegar sólo por brechas cuasi-pavimentadas o helicóptero. Nos contaban que entre las tres montañas guardianes del pueblo, sólo una iglesia de piedra caliza se erguía para ver las cañadas. Las cascadas de los alrededores eran de agua cristalina y que, a pesar del embate cultural que vivimos, un grupo de jóvenes se habían reunido para organizar campañas de educación, preservación de la cultura totonaca, diversificación de cultivos y desarrollo comunitario. Teníamos que conocer ese lugar.

Emprendimos la visita bordeando Puebla, con una bellísima escala en Cuetzalan para desayunar, para llegar a nuestra cita con el presidente municipal de Zozocolco. Dejamos atrás los poblados asombrándonos cada vez que el camino se asomaba por alguna de las tantas verdes cañadas. Dejamos el español por el náhuatl y después por el totonaco sin comprender una palabra excepto un cálido ‘buenas tardes’ recíproco. En el camino nos encontramos con templos en arrecifes, miradores mágicos y riachuelos destellantes.

Zozocolco nos recibió con la fachada de una ciudad que dormitaba a medio día. Policía vigilando, hombres mirando desde los portales de la calle principal, mujeres cuchicheando en voz baja y un calor húmedo incesante. Dimos una vuelta al pueblo para hacer tiempo y notamos que el único que faltaba por llegar a esta joya totonaca era Telcel. Se veía el claro ejemplo de que todos somos consumidores de lo mismo, a pesar de las distancias, culturas e ideales ancestrales. Sin tener Internet, contamos la existencia de tres cafés de computación en donde, por lo general, los estudiantes llegaban a hacer sus tareas bilingües. También, notamos el reciente esfuerzo por mejorar la infraestructura física del pueblo así como la propaganda de los patrocinadores nacionales, indigenistas, estatales y municipales.

Con gran calidez, el grupo de jóvenes del cual nos habían platicado nos acompañaron intercambiando experiencias sociales y preguntas sobre nuestro proyecto. Al parecer, este grupo era cultural, social y políticamente muy activo al grado de que el actual presidente municipal era su líder. Se mostraron perspicaces e interesados en lo que nosotros estamos haciendo y conforme nos fuimos conociendo, logramos establecer un intercambio de posibilidades natural, abierto y propositivo. El potencial se descubrió evidente tanto para ellos como grupo de jóvenes con un ferviente deseo de expresarse y colaborar con su comunidad por medios audio-visuales, como para nosotros como proyecto habilitador de grupos sociales.

Al concluir la primera sesión de presentación, un voluntario del grupo se ofreció como guía y nos hospedó en el único (aunque casi en obra negra) hotel del pueblo, nos alimentaron en la casa de algún pariente y nos sugirió que nos cambiáramos para ir a las cascadas. Ante eso último, el budista compró un atuendo de gringo en vacaciones y yo el de renegado de los noventa. Caminamos por el pueblo y después por algunos potreros para después adentrarnos en la cañada. Poco a poco se comenzaba a escuchar el ruido del agua hasta que minutos después llegamos a un paraíso casi intacto. Un río aparentemente de bajo caudal bajaba por la cañada para unirse a la desembocadura de una serie de pequeñas cascadas. Algunas familias disfrutaban del agua cristalina aventándose por las cascadas cual toboganes y chapoteando en las lagunas que formaban. Nosotros recorrimos el río asombrados de la belleza del lugar.

Parecía como si no hubiera pasado el tiempo cuando sentimos las primeras gotas de lluvia. Sería imposible llegar secos al pueblo otra vez así que optamos por alejarnos de las cascadas principales y regresar a aquellas menores que rodeaban una pequeña laguna. Ante el inminente aguacero, escondimos las cámaras bajo una piedra y saltamos a la laguna. En ese instante, una tormenta se precipitó tan fuerte que era más agradable estar nadando en las lagunas que bajo la lluvia. El budista y yo movimos nuestros puerquitos para hacer todas esas acrobacias que los niños (con mayor soltura, gracia y ligereza … por supuesto …) disfrutan cuando hay trampolines naturales y pozas profundas de agua de manantial.

Ya cansados de tanto chapotear y casi ciertos de que la lluvia no se detendría jamás, optamos por regresar al pueblo. Caminamos río arriba hasta donde habíamos llegado. Encontramos un pequeño techo y enguanto le enviamos un último vistazo a ese maravilloso cauce, se escuchó un a lo lejos que aumentaba fuertemente. Las familias que se resguardaban en el techito se alarmaron cuando una señora gritó ‘ahí viene la creciente’. Volteamos hacia el río para ver que olas de un metro de alto bajaban torrencialmente por el río arrastrando todo lo que se les ponía en frente. Asombrados por ese poderosísimo fenómeno natural habíamos omitido nuestra resucitación hasta que un señor se acercó para preguntar ‘¿hace cuánto que subieron?’. El budista se puso pálido y exclamó en palabras santas ‘… dos minutos más y nos lleva la chingada …’. Un niño que se nos quedaba viendo lo corrigió: ‘se llama la creciente … y está juerte … ira, ahí va un tronco’.

De vuelta al pueblo, las familias platicaban historias de cómo cauces aparentemente bajos ‘luego’ se llevaban autos y casas enteras. El budista mantuvo su color a susto y en las siguientes horas, casualmente, nuestros ejemplos sobre educación y concientización social tuvieron que ver con agua, turistas y protección civil.