16.02.09 – From pollutants to chicken
Llega a ser complicado organizar conferencias sobre innovación tecnológica para el medio ambiente. Y aún más cuando no se es experto en celdas fotovoltáicas, gasificación de plasma, sistemas micro electro-mecánicos o motores híbridos. Y aún (al cuadrado) más cuando uno decide ser el ponente y se tiene un límite de tiempo para conocer lo último del mercado, ciencia y funcionamiento de cada una de las chunches consideradas como la próxima salvación del mundo. Así que opté por pedir ayuda a Emi, que sin dudarlo tomó tema por tema, excavó en libros y la red aprendiendo el funcionamiento más básico de la química, mecánica, biología y electrónica de cada aparatejo. Con el apoyo psicológico de contar con un aliado intelectualmente sólido, decidí empujar la difusión de la conferencia.
Sería una conferencia como la que suelo organizar cada quince días. Nada fuera de lo habitual sólo que esta vez, el experto invitado sería el promotor, conferencista, acarreador, técnico instalador y experto en el tema. Así que exprimí los tiempos de los procesos creativos del diseñador para generar un collage vistoso de fotos que acompañarían a un título rimbombante para que, juntos, fueran pegados como parte de carteles poco-sustentables por la ciudad. Las leyendas principales del cartel hablaban sobre conceptos trascendentales para nuestra especie, tales como tecnología y medio ambiente. El color rosa posicionaba la conferencia como un resumen de uno de los eventos más importantes del mundo. Y las imágenes de los prototipos más llamativos de vehículos de carga con motor híbrido harían de cualquier incauto, un tecnólogo interesado.
Emi y yo terminamos nuestra fase de preparación. La ñoñez en su pleno esplendor preparada para asombrar a pubertos ignorantes y doctores en física cuántica bajo con unas simples líneas de conocimiento traducido a vocabulario pedestre. Imágenes llamativa pretendían hacer de un monstruo de presentación de casi cien megas un gozo para quien nunca pelará el contenido de una exposición. Y, lo más importante, tener esa paz espiritual que representa saber que nunca más se retocará esa presentación.
Distantes, llegamos a observar como algunos jóvenes se acercaban a los carteles con rostros interesados con una pizca de interrogación. Me acerqué para saber si irían a la conferencia y respetuosamente me dijeron que harían todo lo posible. Noté que reprimían un chacoteo interno así que insistí preguntándoles si les interesaba el tema de tecnología para el medio ambiente. Les platiqué que describiríamos algunas tecnologías que se estaban promocionando en el mundo para el control de contaminación o polución (tratando de hacer alusión al título de la feria). Una joven entonces frunció el ceño. Hubo un silencio. Y otro preguntó “¿y los pollos?”.
Entonces, no pude mentir más. Expliqué que la conferencia no sería sobre tecnología y polución, sino de una carrera mundial de pollitos cibernéticos disfrazados. Cada país había seleccionado a sus mejores científicos para engendrar a sus mejores cyber-pollos con el fin de que fueran incansables, graciosos y veloces como sólo un pollo genéticamente biónico lo podía ser. Mi posible audiencia insistió en no quererme creer lo de los pollos así que no me quedó más remedio que decirles que el único lugar donde podrían ser testigos de semejante fenómeno sería ese mismo día en la conferencia de las 5pm.