Yo Mero

30 March, 2007

29.03.07 – La última capital dividida

Cuando se piensa en un país dividido por la guerra y por diferencias étnico-políticas, es común pensar en lo peor. Después de estar cinco días en Nicosia, Chipre, las reflexiones se confunden aún más. Si pensábamos que ser vecinos de los gringos estaba fregado, ser una isla en el mediterráneo a pocos kilómetros de Turquía, Grecia, Palestina y Egipto tiene un contexto geopolítico algo más complicado. Sólo la historia chipriota reciente contiene casi medio milenio de ocupación otomana, un siglo de colonialismo británico, poco más de diez años de independencia y los últimos 37 años de vida dividida (ocupación o separación … como se quiera ver el rol turco). Hoy en día, el centro de la capital muestra la divisoria “línea verde” (por la tinta en el mapa y la vegetación de un espacio sin humanos) con cara de barda o enrejado que,  a pesar de contar, en las secciones más estrechas,  con cuatro metros de separación entre los guardias griego-chipriotas y turcos, separa ideales, políticas, culturas, religiones y personas.

Previo al fallido desenlace del referéndum de unificación (debido a la negativa de la población dominante griego-chipriota del centro y sur de la isla), los turco-chipriotas del norte, como un acto políticamente astuto, abrieron un paso en la frontera. Los griego-chipriotas, ante la presión internacional (y de su reciente ingreso a la UE-Unión Europea) hicieron lo recíproco y abrieron el paso de personas. Cuentan las historias progresistas que en ese primer cruce, los griego-chipriotas originarios del norte regresaron a sus casas a ver que sus pertenencias habían sido dejadas intactas por los nuevos (30 años!!!) inquilinos turco-chipriotas o emigrantes turcos. A pesar de cualquier voluntad, la isla seguiría dividida y con la ONU como referee en la zona fronteriza intermedia. Hoy día, los griego-chipriotas gozan de los impulsos de su ingreso a la UE, un excelente nivel de vida, las costumbres ‘occidentales’, los ingresos del turismo europeo y un conflicto interno sobre el fantasma de “el problema chipriota”. Los turco-chipriotas, a pesar de sus vínculos con Ankara, parecen tener calidad de migrantes temporales. Cruzan a diario hacia el lado griego para ir a la escuela o al trabajo, en donde compiten contra mano de obra inmigrante filipina o sri-lanquense en labores del comercio o de proyectos impulsados por la UE. La opinión pública contiene argumentos emocional y tangiblemente dolorosos, tales como desaparecidos, ocupaciones ilegales de tierra, fondos de la UE detenidos, vacíos jurídicos, dudas sobre el rol de la ONU, etc.

El “problema” no parece tener mayor impacto para quien no lo quiera ver. A fin de cuentas, el territorio turco siendo el peor librado, cuenta con ingresos mayores a los de la misma Turquía. El territorio en control de la ONU es sólo el 10% de la isla, equivalente al territorio que los británicos acaparan con bases militares. No obstante, después de platicar con la gente de ambos lados, actores no-gubernamentales, burócratas, políticos progresistas y directivos de la ONU, es como si la isla estuviera en aquellos tiempos en donde había quienes querían ser helénicos y otros persas. Al caminar por Nicosia, al extranjero no le queda más que refugiarse de las boutiques y cadenas de comida rápida del lado griego tomando un café turco (exactamente el mismo a aquel llamado chipriota o griego) frente una catedral católica ortodoxa convertida en mezquita que tiene como fondo las casas ametralladas en la zona neutral apadrinada por la ONU. En ese momento, sólo más preguntas surgen … acerca de estas sociedades consumistas acívicas, el rol de la EU vs otros organismos supra-estatales, los nacionalismos, las diferencias culturales, la migración, las pashminas ‘made in China’, los atardeceres, lo que sea…

25.03.07 – Manada Multicultural

Llegando a Paphos, (versión mediterránea wanna-be de Ixtapa), el aduanero chipriota no sabía qué estaba pasando. Estábamos formados un ghanés, una egipcia, un pakistaní, una boliviana, una coreana, una barbadeña, un kenyano y yo esperando entrar a Chipre. El aduanero sólo hacía preguntas de itinerario, nos veía como especies en extinsión y sudaba. Su labor es dejar o no pasar a la gente de un avión a un país debe asimilar protocolos con nacionalidades y estereotipos con actitudes. Como quiera que sea, los latinoamericanos estamos bien librados, eso de la rumba, el folclor y la fiesta nos dan tema de conversación en las aduanas y no se hace tan malacopa como a mis cuates kazacos o nigerianos.

Pero el protocolo tiene color. Es verde, azul o rojo. Si tienes pasaporte rojo, te toca sonrisa, sello y palmadita de ‘buen viaje’. Con el azul, te hacen una pregunta, pero al ver tu nacionalidad de país desarrollado no europeo, también te dan el sello y la palmadita. Se pone emocionante cuando sacas el pasaporte verde. Los que tenemos colmillo aplicamos dos distintos prólogos. El primero es caer bien, hablar de panbol o del clima con el propósito de tocar el lado sensible del burócrata. El segundo es promocionar nuestro status como estudiantes de ‘reducción de pobreza y desarrollo internacional’ apelando a la misericordia y lado caritativo del ser humano. A fin de cuentas, la reducción de pobreza (junto a la seguridad) es de los temas políticamente prioritarios en la agenda de los líderes mundiales (debo admitir que Gordon Brown me da cada vez más pánico).

Aunque después de una media hora en migración, todos, sin excepción de raza o color de pasaporte, logramos pisar suelo chipriota. No obstante, viajar con cerca de 15 individuos de nacionalidades y vidas tan distintas, no tarda en dejar anécdotas. En las primeras 24 horas hubo ya incidentes de comida (si uno pensaba que los veggies eran especiales, solo hace falta viajar con islámicos), de modos verbales (un ghanés le pregunta de forma extremadamente directa a uno de nuestros expositores chipriotas si estaba fuera de presupuesto haciendo que el tipo tartamudeara y saliera con explicaciones griegas fantásticas), de excesos de flash (la manía de capturar la realidad compulsivamente mediante imágenes digitales no es solo asiática) y religiosas (suena el despertador a las 4am!!! … medio despierto volteo y mi compa de cuarto se pone a rezar … ahora entiendo la practicidad de los tapetes para rezar).

21 March, 2007

19.03.07 – Pobreza Liberal

La última sesión de mi curso de Pobreza fue espectacular. Un panel de tres gurus académicos del desarrollo respondieron preguntas comeflores. Preguntamos tecnisimos sobre mediciones de pobreza (otra vez!!! … y chole, no?) y una serie de interrogantes que llevan implícitamente el sentimiento que grita “verdad que mi aportación enseñando computación y dando microcréditos a mujeres en países soleados y fregados solucionará todo?”. Las respuestas fueron académicamente competentes, críticas con muchos de los actores que tratan de “aliviar” pobreza y desilusionantes para más de un abraza-árboles.

El clímax de la sesión llegó cuando se resumieron las cuatro posiciones dominantes a cerca de la agenda actual en torno a la reducción de la pobreza global: A. La postmoderna (post-desarrollo), que se basa en el control de países nord-occidentales y la visión sobre el Consenso Post-Washington como un modelo profundo de intervención en los países del sur; B. La izquierda, que ve la reducción de pobreza como esencial para el proyecto capitalista global así como parte de un nuevo proyecto de “liberalismo inclusivo”; C. La liberal, que juzga la agenda actual de organismos y bancos internacionales como correcta aunque notando que la reducción de pobreza se logra con esfuerzos de reformas y de discusión sobre políticas globales; D. La (Neo) Derecha Conservadora, que predominantemente critica el rol de la ayuda internacional y los vínculos con la agenda de seguridad. Lo interesante llegó cuando se hizo un censo sobre la posición que los alumnos tenemos ante cada una de las agendas. El 60% de los alumnos apoyan la agenda liberal actual (C), 20% tienen una posición de izquierda (B), 17% postmoderna (… y me incluyo parcialmente) y 3% conservadora (D). Yo quedé algo sorprendido por los resultados, ya que las posiciones que generalmente se escuchan en debates son generalmente izquierdistas y postmodernas. Y me lleva a dos posibles conclusiones: o la banda callada son los europeos escuincles neoliberales con playeras de comeflor, o, visto desde mi subconsciente postmoderno,  si después de 6 meses de clases y críticas a las agendas actuales, no entendieron cómo funcional el aparato, aguas con las siguientes generaciones de “desarrolladores”.

Regresé de clase y leí la nota del Financiero sobre nuestro secretario de Hacienda hablando ante la Asamblea de Gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Aludió a las limitantes fiscales y de endeudamiento en México. Propuso la intervención “catalizadora” del BID con financiamiento y ayuda técnica (oportunidad de chamba para los economistas etéreos) por parte del BID en iniciativas publico-privadas en Latinoamérica. Carstens seguía el guión que habla de reformas estructurales, inversión en infraestructura que automáticamente impacta en la competitividad de un país (por mas que no tenga inversión en capacidades humanas, I&D y otras peculiaridades) y, por supuesto, el crecimiento macroeconómico que automáticamente acarrea bienestar, seguridad económica y hasta felicidad. Carstens aludió a los alivios de deuda de las potencias Latinoamericanas como Guyana, Haití, Nicaragua y Bolivia para fundamentar la importancia del BID en la región. Hasta metió al cambio climático a la mesa declarando que había subido la incidencia de huracanes “sobretodo a aquellos al norte del Ecuador”. Como hasta yo también soy experto en cambio climático, no puedo evitar remitirme a mis cuates venezolanos que siempre promocionan Isla Margarita porque en Venezuela no hay huracanes.

Acabé algo desmoralizado. Mis compañeritos a la hora de la hora se fueron a apoyar a lo que en general se debe analizar críticamente para mejorar. Y  Carstens omitió aquello que algunas corrientes del FMI y el Banco Mundial han impulsado autocráticamente dentro de su discurso: los mecanismos de buena (y regulada) gobernabilidad en la estructura institucional de los países receptores de ayuda y el fomento de capacidades locales.

19 March, 2007

17.03.07 – London Ganz

Terminé mi ensayo a media noche del jueves, lo dejé con la amiga Rubi y corrí hacia la estación de bus. Afortunadamente, mi parada técnica alimenticia no apeló al efecto Daniela y pude estar dormido con toda tranquilidad hacia Londres. Justo esta semana, Londres había sido nombrada la capital del mundo. Yo estoy parcialmente de acuerdo con el nombramiento. Podría vivir ahí y visitarla cuantas veces, pero hay dos grandes limitantes. La primera es que es prácticamente imposible conseguir un lugar donde tomar un cafecito antes de las 8am y mucho menos sustitutos más nutritivos como un champurrado con güajolota. Al llegar a las 7am a la ciudad, a falta de VIPS o Sangrons, no hubo más que ver el amanecer en Hyde park. La segunda limitante es que el metro cierra a media noche … vaya desconsideración a la fiesta…

Ya con un café y desayuno carísimo encima, me di a la tarea de hacer una evaluación crítica de dos de las más famosas burocracias del mundo: el consulado mexicano y el egipcio. No entraré en detalles ya que el atentísimo, veloz y eficiente staff del consulado mexicano ganó en todas las categorías. Lamentablemente (otra vez) no hay tamales para que los estuvieran comiendo del cajón de escritorio mientras chismeaban, hablaban por teléfono y de reojo veian a los pobres ilusos que esperábamos con ansia el premio de su servicio. El desenlace egipcio, a pesar de su handicap tecnológico (vs. el avanzado sistema de digitalización que ahora presume México), fue una espera de 3min y una visa de entradas múltiples emitida el mismo día. Como dato cultural, la reposición del pasaporte mexicano tarda 6 semanas y el documento por el que fui tiene como fecha de entrega “uy jóven, háblenos en la semana que tenemos mucho trabajo”. Ante eso, sólo queda disfrutar la ciudad, el luvely weather wanna-be mediterráneo y tomar una siestesita cual inglés en el parque.

El sábado, Gustavo y yo llegamos a reforzar la descarga de mudanza en el nuevo hogar londinense de Iván. Después de desempacar varias cajas, nos dimos cuenta porqué habían traído a nuestro amigo a trabajar acá … sólo le deseamos suerte con los sindicatos ingleses ya que la banda a la que negreará no será cuate ni paisano marginado. Tampoco se reirá tanto como nosotros al descubrir todo lo que había en las cajas. Debo admitir que fue muy creativo de su parte el alentar a los desempacadores con la intriga de saber si el siguiente paquete sería otro molcajete, un tortillero, el libro de química de la uni o alguna de los cientos de cajas de CD vacías que la trasnacional que le da empleo pagó por cruzar el charco. Así que si alguien le entra la nostalgia y una dosis de rock en español le ayudará, la casa ganza londinense es el lugar a visitar (el tour incluye los lentes originales 3-D del disco de la Lupe). En fin, fue como estar en Sotelo con los mejores cuates de siempre solo que el WalMart es Sainsburys, el parquesin de en frente son güeros y azules los que juegan panbol, y en lugar de tráfico, hay primos gansos retozando en la península del Támesis … lo único que no hay son tacos del Telmex (no podía ser perfecto todo…). Para terminar el fin de semana, como inmersión cultural, seguimos la tradición irlandesa del día de San Patricio en donde la gente bebe toda la cerveza Guiness que su cuerpo puede sostener.

15 March, 2007

13.03.07 - Cyber-sociedades

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Se acercó una amiga a insistirme que debía estar en Facebook para que fuéramos “amigos”. Aunque parezca extraño, no despotriqué sobre los conceptos universales de la amistad o sobre el poder de la certificación ciberespacial de la amistad basada en ser miembro o no de una comunidad de “amigos” en Internet. Sólo concedí a la presión social inmediata y la banda que me había comentado lo mismo en el pasado. Abrí mi cuenta.

Ya era demasiada presión cyber-social. Hace como un par de meses, una situación similar me sucedió con mi propia hermana. Ella solicitó ser mi amiga, y, asombrosamente, después de 24 años de conocernos, lo fuimos. Debo decir que todo ha sido distinto desde ese momento. Hablamos diario, somos más cercanos y, si mi cyber-resistencia lo permitiera, hasta podríamos compartir fotos y “amigos” por Internet. Después, cometí el error de poner un par de datos en un grupo de networking profesional. Me maravillé por una hora por lo rápido que contacté a un par de cuates que hace 8 años que no sabía de ellos. Después de la hora de charlas intrascendentes, noté sus descarados escaneos de posición social y viabilidad como business-partner y me zafé de la conversación escapando del dejavu que me remitía a cuando te encuentras a un ExaTEC en Plaza Satélite. Lo bueno es que ahora soy popular entre “amigos” y mi correo recibe “amistosas” invitaciones demandando ser parte de más círculos de “amigos”, pubertos en ligue, quedados swingers u oficinistas networqueando.

Estoy en todos lados, MSN, Facebook, Linked-in, Hi5, Skype, grupos de desempleados, estudiantes, activistas, exconsultores, pacifistas, extranjeros en UK, exescuelas, desplazados por el Dafur, víctimas de la globalización, asociación pro-tacos del Chino y muchas más… Bajo este contexto, Fight Club debería ser re-filmada ahora con juegos virtuales de guerra como en las que participa por días enteros el roomy chino del amigo Orlando. Y lo peor es que ya soy un activista más. Esta semana, después de retrasos por ineptitudes administrativas y la absurda democracia políticamente aconsejable, lanzamos mi iniciativa de “Networking para el desarrollo” en donde, a demás de tener una base de datos de expertise, podremos contactar a nuestros compañeros de clase en los foros virtuales en los que participan. Esto no tiene fin. Seguramente, no tardan en salir cyber-terapias vía chat como solución para aquellos necios que sigan desafiando los antiguos conceptos de amistad.