28.06.07 – Bittersweet Comedy
Aunque sé que la conclusión de este tema (y tantísimos otros) es que la gente es estúpida, debo escribir lo siguiente. Ayer concluyó el mandato de Tony Blair después de diez años como primer ministro del UK. Las emociones encontradas se inclinaban más en una aprobación de su imagen y su mandato en general. Las grandes incógnitas de la opinión pública seguían siendo Irak y el nuevo rol que el ex-primer ministro asumiría como líder del Cuarteto para la solución del conflicto israelita-palestino ahora en un momento candente. Pero, como siempre pasa (y, en este caso, a pesar del carisma y popularidad de Blair entre los británicos) es mejor especular y hablar sobre el futuro, siendo ese futuro Gordon Brown.
Brown es considerado como el mayor asesor y opositor de Blair. Ha estado en el gobierno durante los últimos diez años y se le atribuyen aspectos medulares del UK actual como la estructura financiera, el presupuesto nacional, la iniciativa nacional contra el cambio ambiental y los programas de desarrollo y ayuda internacional. Al mismo tiempo, dentro del partido laborista, Brown ha sido un constante crítico del gobierno de Blair. Gordon Brown está en una posición interesante, la mediocre clase política inglesa (el máximo opositor Tory del que ni recuerdo su nombre es insignificante y torpe) y la población en general no demandan grandes cambios. Los temas siguen siendo Irak, algo de currícula educativa y la seguridad social. Y aunque recientemente, la población ha sido galardonada con premios por obesidad, ignorancia y el lugar más infeliz para un niño, no hay demandas sociales relevantes al punto que desaten debates nacionales con impacto en la agenda política. Sin embargo, después de salir de Buckingham Palace, en su primer discurso como primer ministro, Brown habló de cambio.
Los noticieros rápidamente desempolvaron aquella canción de The Verve famosa por el escándalo de derechos de autor de la tonadita pegajosa (sampleada de una rola de los Rolling Stones) que guiaba las vocales cantando ‘I can change, I can change, and I’m a million different people, but I am here in my mould, from one day to the next’. En la tele aparecía Brown con el número 10 en las espalda (puerta del 10 Downing Street) y saludando como Mickey. El nuevo primer ministro prometió cambio, mucho cambio. Hay quienes se preguntan si alguien le demandaba cambiar o si realmente tendrá la visión para generar cambios estructurales que resuelvan retos futuros. Y al, obviamente, no precisar ni por descuido, de qué cambio se trataría, todos británicos permanecieron en su comofort y la prensa tenía, al menos ese tema del cambio, para dar noticia por la noche. Los políticos opinaban con su sabiduría y sagacidad característica que creían que el cambio debía ser de una evaluación de aquellas áreas de oportunidad que el gobierno anterior bla bla bla bla bla, pero cuando se les preguntaba (otra vez) sobre Irak, todos se hacían pato.
Un día después, llegaron los primeros cambios. Se nombró un nuevo gabinete, que presentado por los medios parecía más un circo, que incluía dos hermanos, hartas mujeres, minorías, una secretaria del interior y hasta un político Tory que no cobraría sueldo. Vaya espectáculo, faltaron los duendes, la mujer barbuda y el hombre bala. Otro ‘cambio’ fue la separación de la educación superior del ministerio de educación, decisión que causó algo de revuelo porque para algunos no tiene mucho fundamento mas que se le asignó a un buen cuate del alma de Brown. Y, en todo esto, la población igual. Hasta el clima (ese de la lluvia y el sol) es más emocionante. Ya la historia definirá los significados de la palabra ‘cambio’ pero, estos dos días iniciales de gobierno, para ojos mexicanos la actual política británica es una bittersweet comedy.