Yo Mero

29 June, 2007

28.06.07 – Bittersweet Comedy

Aunque sé que la conclusión de este tema (y tantísimos otros) es que la gente es estúpida, debo escribir lo siguiente. Ayer concluyó el mandato de Tony Blair después de diez años como primer ministro del UK. Las emociones encontradas se inclinaban más en una aprobación de su imagen y su mandato en general. Las grandes incógnitas de la opinión pública seguían siendo Irak y el nuevo rol que el ex-primer ministro asumiría como líder del Cuarteto para la solución del conflicto israelita-palestino ahora en un momento candente. Pero, como siempre pasa (y, en este caso, a pesar del carisma y popularidad de Blair entre los británicos) es mejor especular y hablar sobre el futuro, siendo ese futuro Gordon Brown.

Brown es considerado como el mayor asesor y opositor de Blair. Ha estado en el gobierno durante los últimos diez años y se le atribuyen aspectos medulares del UK actual como la estructura financiera, el presupuesto nacional, la iniciativa nacional contra el cambio ambiental y los programas de desarrollo y ayuda internacional. Al mismo tiempo, dentro del partido laborista, Brown ha sido un constante crítico del gobierno de Blair. Gordon Brown está en una posición interesante, la mediocre clase política inglesa (el máximo opositor Tory del que ni recuerdo su nombre es insignificante y torpe) y la población en general no demandan grandes cambios. Los temas siguen siendo Irak, algo de currícula educativa y la seguridad social. Y aunque recientemente, la población ha sido galardonada con premios por obesidad, ignorancia y el lugar más infeliz para un niño, no hay demandas sociales relevantes al punto que desaten debates nacionales con impacto en la agenda política. Sin embargo, después de salir de Buckingham Palace, en su primer discurso como primer ministro, Brown habló de cambio.

Los noticieros rápidamente desempolvaron aquella canción de The Verve famosa por el escándalo de derechos de autor de la tonadita pegajosa (sampleada de una rola de los Rolling Stones) que guiaba las vocales cantando ‘I can change, I can change, and I’m a million different people, but I am here in my mould, from one day to the next’. En la tele aparecía Brown con el número 10 en las espalda (puerta del 10 Downing Street) y saludando como Mickey. El nuevo primer ministro prometió cambio, mucho cambio. Hay quienes se preguntan si alguien le demandaba cambiar o si realmente tendrá la visión para generar cambios estructurales que resuelvan retos futuros. Y al, obviamente, no precisar ni por descuido, de qué cambio se trataría, todos británicos permanecieron en su comofort y la prensa tenía, al menos ese tema del cambio, para dar noticia por la noche. Los políticos opinaban con su sabiduría y sagacidad característica que creían que el cambio debía ser de una evaluación de aquellas áreas de oportunidad que el gobierno anterior bla bla bla bla bla, pero cuando se les preguntaba (otra vez) sobre Irak, todos se hacían pato.

Un día después, llegaron los primeros cambios. Se nombró un nuevo gabinete, que presentado por los medios parecía más un circo, que incluía dos hermanos, hartas mujeres, minorías, una secretaria del interior y hasta un político Tory que no cobraría sueldo. Vaya espectáculo, faltaron los duendes, la mujer barbuda y el hombre bala. Otro ‘cambio’ fue la separación de la educación superior del ministerio de educación, decisión que causó algo de revuelo porque para algunos no tiene mucho fundamento mas que se le asignó a un buen cuate del alma de Brown. Y, en todo esto, la población igual. Hasta el clima (ese de la lluvia y el sol) es más emocionante. Ya la historia definirá los significados de la palabra ‘cambio’ pero, estos dos días iniciales de gobierno, para ojos mexicanos la actual política británica es una bittersweet comedy.

28 June, 2007

25.06.07 – Festival Season

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Por más que hemos categorizado el año en estaciones, siempre hay excepciones. Cuando se le explica a un extranjero sobre el verano chilango, debemos considerar que es más una ‘época de lluvias’ que lo que generalmente se considera como verano. En el caso inglés, esto obviamente no aplica, ya que llueve todo el maldito año. Pero hay peculiaridades que pueden conformar, en referencia a la música y el clima, una estación.

El inicio de festivales de verano es en mayo en el gabacho. Y la temporada fuerte de festivales en el UK va de junio a agosto. En ese tiempo, los boletos de Galstonbury, Reading y Hyde Park Calling, entre muchos más, vuelan para ver unos resúmenes ambiciosos de los últimos treinta años de música occidental. Iván y yo intentamos conseguir boletos desesperadamente pero los sorteos en línea no nos favorecieron. Así que nos quedaron algunos festivales en Londres y la posibilidad de volar al continente para presenciar buen rock con mejor clima.

Este fin de semana coincidió que mi prima volaba de Sevilla para ver a Aerosmith en Hyde Park Calling. Ante la presión social y una buena dosis de morbo por ver a esos ancianos y otras bandas de edad teloneando (Satriani, Cris Cornell, Jet, etc…), compré mi boletito y me lancé a Londres. El clima no era precisamente el más acogedor, pero un raro fenómeno empieza cuando se pisa el césped del parque donde será el toquin. La temporada de festivales tiene la característica de darle clic al botoncito de ‘shuffle’ del clima. En un día, se puede vivir en cinco inviernos en intervalos que van de quince a dos horas y que, a su vez, se intercalan con flashazos de primavera y verano intercalados en espacios de ese otoño lluvioso que tan pálidos tiene a los locales. Así que, entre banda y banda, rola y rola, la pobre audiencia de un festival es víctima de la mágica combinación de gotitas musicales. Las gotitas sólo aparecen y desaparecen mientras cambiando de intensidad siguiendo patrones ofensivos. Siempre cuando una banda está tocando, el invierno lluvioso se hace presente y al terminar la última rola, el verano aparece. Claro, dura sólo cinco minutos con tal de hacer que la gente ingenua baje el paraguas dejando guardia abierta a los chiflones con lluvia horizontal de los intempestivos otoños. A los locales no les queda mas que empedarse y bailar en el lodo, o, como la mayoría de nosotros, taparnos con chamarras, rompevientos y plastiquitos.

Pero esta combinación músico-climática tiene sus destellos de optimismo y diversión. La gente se divierte cantando y lanzando objetos a los paraguas abiertos hasta que logran cerrar centenares de ellos. Los enlodados logran un baño de lodo gratuito y re-forzado con minerales y deshechos barbáricos del siglo 21. Los que no logramos conseguir boletos para Glastonbury son sentimos de maravilla cuando vemos la noticia de que llovió los tres días sin parar. Se abren oportunidades para congregaciones económicamente alternativas, como el Glaston-Budget. El ego de los músicos permanece en alto al asegurar que toda esa gente empapada está ahí para verlos (o mínimo porque pagó hartísima lana por ese boleto). Nadie morirá deshidratado o sufrirá de insolación. Y se tiene la seguridad de que al terminar el concierto, dejará de llover para regresar seco a casa.

19 June, 2007

11.06.07 – Mathare bye bye

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La gente hace estudios de postgrado por diversas razones y con distintos objetivos en mente. Muy en contrario con los objetivos comunes de especialización, acumulación de papelitos y ambiciones de carrera académica, continué en fase de exploración. Con el título de Gestión e Implantación de Proyectos de Desarrollo, seguiría de alguna manera en mi área de conocimiento sin embargo indagando sobre técnicas y enfoques de intervenciones socio-económicas. Identifiqué este espacio para entrar en temas que me permitirían conocer más de técnicas utilizadas en las ciencias sociales tales como la etnología, métodos participativos y los modelos para análisis de situaciones sociales. Pasé por selecciones de materias que iban de lo más comeflores hasta lo cerdo-capitalista que sólo me ubicaba en el segmento académico de los multi-polares. El momento cumbre del postgrado había llegado, la tesis de maestría.

Al haber cursado la universidad en una escuela en donde el pragmatismo excesivo ha decretado que realizar una tesis es únicamente un protocolo corrupto y sin valor agregado, yo debía darle significado a dedicarle tres meses de mi vida para escribir 20,000 palabras. Al merodear entre distintos puntos de vista, encontré que para muchos la tesis representaba un trámite académico al que se tenía que enfrentar con una receta para obtener la mejor calificación posible. Otros veían ese futuro engargolado como la oportunidad para hacerse paso en el mundo de las publicaciones académicas. Y los demás pensaban que era una pérdida de tiempo al que se debía dedicar el menor esfuerzo posible. Yo sólo estaba seguro de que no ambicionaba ser otorgado el Nobel por lo que escribiera, que debía disfrutar esos últimos meses de mi año sabático-académico y que podía sacrificar buenas calificaciones si en el proceso vivía alguna experiencia de aprendizaje valiosa. Así que después de algunas pensadas, el plan era algo aventurado: Mi tema sería indagar sobre la generación de capacidades innovativas en nuevos productos, servicios y procesos de negocios en los círculos sociales de zonas con pobreza urbana extrema. Y como tema sólo tenía una mínima literatura relacionada, debía encontrar un caso estudio para investigar en campo.

Hasta la semana pasada ya todo estaba listo. Un compañero de maestría me había conectado con su banda en una favela de Nairobi llamada Mathare con tal de estar con ellos por tres semanas en Julio. Sonaban muy interesantes las conclusiones que me aventuraría a sacar de las actividades exóticas que ciertos individuos de la favela practicaban: programación de software con lenguajes mixtos, los técnicos mil usos, comunicación de comerciantes con espejos y los almacenistas virtuales de mercados. Mi amiga Janet había convencido a su familia a hospedar a un nzungu (pálido) por cerca de un mes y mi cuate virtual mexicano ya estaba indagando sobre mis temas con contactos de la ONU. Mientras tanto, yo continuaba con clases de swahili así como la investigación ñoña sobre teorías de innovación y métodos de aplicación de teorías de investigación etnográfica.

Regreso de una cena y reviso mis correos (actividad que el ser humano actual considera como intrínseca a su naturaleza). En la ventanita donde los yahoo bytes te dan la bienvenida y mencionan el estado del clima (lluvioso, para variar…), Mathare estaba en el top 3 de noticias internacionales. Tomando en cuenta que Bagdad lleva el récord del año y sólo Oaxaca ha participado en este último año en esta selecta lista de noticias mundiales, yo me alarmé. Di clic en la noticia y me enteré de lo que sería el fin de mi estudio de campo. Después de una serie de ejecuciones, el gobierno kenyano había declarado la guerra a los Mungiki (ojo, no confundir con monkikis), mafia con tintes políticos que opera justo en Mathare. Sólo el primer día ya había cerca de 300 arrestos, hartas violaciones a los derechos humanos y decenas de muertos. Días después, la cosa se puso peor con bombazos y más arrestos al grado de que hasta la abuela de Janet (que ni siquiera vive en Nairobi) me mandaba decir que ni me parara por ahí. En conclusión, todo se fue al caño y me quedo con sentimientos encontrados: sumisión, al enfrentar escribir una tesis meramente teórica, alivio, al pensar que me pudieron haber tocado los cocolazos ya estando ahí, y, angustia, porque los compas de mi cuate de Mathare no están nada a salvo en estos momentos.

12 June, 2007

05.06.07 – Edimburgo

Cuando la gente está por dejar una ciudad, amontona todo lo que ha dejado de hacer y visitar para los últimos días. Al vivir en Manchester, mi amiga Mariko había descartado muchos de los aspectos culturales de la ciudad y alrededores tal como los museos de historia natural, el de la revolución industrial y paseos a ciudades clave de la isla. Así que días antes de partir, organizó sus visitas a casi todos los sitios que le faltaban ver en Manchester (aunque no siguió mi sugerencia del recorrido electro punk escuchando a los Smiths) y reunió a su banda para ir a Edimburgo. Con una perfecta organización, recibí fecha, hora y boleto de tren.

Llegó el día, y al cuarto para las 7am nos empezamos a dar cita. Llegó el mexicano (yo), la alemana, los griegos y los demás. A Mariko le dio el efecto Daniela y espectacularmente logró entrar al tren cual paisano al metro que está por cerrar. Todos reunidos, platicamos sobre la vida viendo los verdes campos británicos  y contamos ovejas (yo, obviamente, no, ya que caí dormidísimo … pero los que se mantienen despiertos viendo a la ventana sólo se queda, literalmente, ver ovejas con manchas de colores pastando) de camino a Escocia, la tierra del wiskey, el colesterol y la heroína.

Yo ya no sabía qué creer sobre Escocia. Todos los y las escoceses que he conocido han resultado extraordinarias personas con talento para decir babosadas y beber en cantidades industriales. Suena como una descripción estimulante, pero el punto es que en esa combinación, todos cuentan tantos anécdotas extraños de su tierra que la incrédula audiencia sólo acaba perpleja y ebria. Mi mente sólo ponía las imágenes de postal de Edimburgo con escenas de Trainspotting que incluían platillos típicos de la región como intestinos de cerdo y barras de chocolate Mars fritas en aceite. Bueno, digamos que es mejor armarse una versión de Escocia a dejar que Mel Gibson lo haga por uno.

Llegando a Edimburgo, debo confesar que mi primera impresión fue algo aburrida. No existían ninguna de mis prefabricadas imágenes escocesas y, en cambio, sólo había unas bellísimas calles con puentes armados por oscuros edificios. Encontramos a nuestro guía local y partimos a deambular por la ciudad. Cada calle es entretenida por su mística arquitectura y apariencia antigua. Nos detuvimos en un mirador wanna-be óptico-vanguardista en donde se logra ver la ciudad entera con todas sus iglesias, monumentos y, mi parte favorita, chimeneas. Edimburgo me empezó a gustar cada vez más pero no fue hasta que comimos y bebimos el llegó el clímax apreciativo. En ese momento toda mi gusto por estas tierras escocesas se magnificó. Los embutidos, pies (favor de leerlo in inglés) y platillos grasosos son de la mejor calidad. Aclaro que, por salud y advertencia, nunca probamos la barra de Mars fritangueada pero sí las típicas papas con queso y una salsa que espero no saber de qué está hecha. Y en el caso de las bebidas, pasamos por el popular Iron Bru (lo único medianamente comparables es imaginar un Escuis de Hierro de Torreón con sabor a goma de mascar) al wiskey, para cuya cata nuestro guía local se apalabró con los del bar para probar la mayor cantidad de tipos distintos.

Ya casi se habían cumplido todas mis expectativas. Sólo faltaban las escenas junky o algún robo escenificando cualquier film de Guy Richie. Desgraciadamente, para eso hay que ir a Aberdeen o Glasgow. Lo más emocionante fue ver cómo uno supuesto suicida hablaba por teléfono y balanceaba sus tacones a la orilla de un puente mientras paralizaba una de las calles principales de la ciudad. Los locales me comentaron que esas escenas eran normal y que casi nadie se acaba aventando del puente. A falta de entusiasmo en la ciudad, optamos por subir a las montañas aledañas para ver la ciudad. Nuestra esperada vista fue nublada por el bello clima escocés que son su niebla y lluvia nomás recrea versiones frías de un gran baño de vapor. Así entendimos que los verdes parques sólo están ahí de decoración para los borregos y que era mejor concentrarnos en las callejuelas y en la comida.

8 June, 2007

01.06.07 – Mex in Manch

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Todo empezó por un mail que me reenvió el Panzón. Él sabía perfectamente que mi intento de lucrar con afiches de Corona necesitaba promoción y al enterarse que habría un evento sobre México en Manchster, inmediatamente me lo sugirió como espacio de venta. A mi me pareció una excelente idea y me puse en contacto con los paisanos de la sociedad mexicana de Manchester. Antes de asistir a la primera junta, peleé un poco con mis prejuicios sobre la ñoñez de hacer sociedades así como el pánico de que, por el simple hecho de ser paisano, me disfrazaran de jarocho con tal de demostrar nuestros talentos bailando son. Pero me armé de valor, y movido por la ambición protestante del lucro, llegué a la reunión de la Mexican Society que trataría la organización del evento. A tono de chacoteo paisano se hablaron sobre las ondas culturales del evento (habría bailables, claro!, pero afortunadamente me asociaron con un manatí en cuanto a bailar se trata) y al buscar voluntarios para montar una exposición fotográfica, esa absurda naturaleza que siempre me anda metiendo en trabajos no-remunerados se apoderó de mi y levanté la mano.

Aunque no somos muchos los mexicanos en Manchester, nuestra reputación cultural, gastronómica y fiestera está bien asentada en los locales. Anualmente, dicho evento reúne poco más de 300 personas, más que cualquier otra nacionalidad (es que cómo hay nacionalidades aburridas … ). A mi sólo se me ocurría poner fotos de Gustavo y mías en la exposición temiendo caer en lo amateur hasta que saltó un msn del amigo Rubens. En esa conversación, charlamos sobre la vida y me pasó su link de fotos para la revista Sonika. Mis enigmas sobre la exposición no estaban resueltos, Rubens estaría en Manchester con una puesta fotográfica profesional.

Pasó el tiempo y era hora de montar la exposición. Mientras los paisanos ensayaban el jarabe tapatío y armaban artesanía de íconos fosforescentes de nuestra cultura, yo photoshopeaba fotos de las dos exposiciones complementarias (una de fotos esporádicas sobre México y otra de mis fotos sobre Real de 14) a la de Rubens y andaleaba a este último para que me enviara los archivos de sus fotos. Finalmente llegaron, eran imágenes de nuevas bandas de rock paisano que pesaban decenas de megas. En mi ignorancia de nuevas épocas de rock paisano, finalmente le ponía cara a banditas-teen como Porter o Dapunto Beat. También llegó una introducción a la exposición escrita por Alejandro Franco y a último momento la biografía del buen Rubens. Todo corría cual planeado hasta que entré en pánico al imaginarme cortando y pegando fotos de calidad en marcos para una exposición. Necesitaba alguien con destreza, paciencia y sentido del balance visual. Y apareció mi amigo Rami quien junto con su novia hindú cortaron y pegaron fotos por medio día hasta que cerca de 30 fotos quedaron impecablemente montadas (… yo solo les suministraba cerveza y decía babosadas para que no se hartaran …).

El día de el evento fue tenso. Recorrí Manchester dejando material en la institución huésped, el Instituto Cervantes (máxima institución cultural gachupin tipo British Council), vacunándome contra la fiebre amarilla e imprimiendo la descripción de las muestras fotográficas. El evento estaba completamente sold-out al grado que unos brits, en su afán de entrar, querían comprar boletos a los asistentes que iban llegando (¡qué bueno que esos bárbaros no conocen el concepto del ‘portazo’!). En las paredes del salón principal lucían las fotos y yo casi me quedo sin voz después de explicar las muestras a los típicos asistentes preguntones.

Puedo decir que la exposición fue todo un éxito. Mi muestra sobre Real de 14 se ganó el corazón de los comeflores y los norteños al grado de que casi entran en conflicto interestatal una chihuahuense contra un sonorense cuando decidí regalar mis fotos. Las fotos sobre México llamaron la atención de los extranjeros (hubo pelea por la Diana de Gustavo). Y Rubens no solo le dio un nivel a la expo digno del recinto, sino que levantó interés en uno que otro asistente. Lástima que mis referencias sobre la música de Bengala sólo enviaran a la gente a buscarlos en myspace. Esta última muestra continuará expuesta en la sala principal del Cervantes todo junio con el fin de que yo refine mis artes como promotor y curador (curtidor, curandero, cortador??? … como se diga) de fotos con la terrible barrera que enfrento al montar las fotos con hilos transparentes. También más banda podrá ver las fotos de Rubens y ojala le llegue la fama pronto.