23.08.07 – Tool @ Manchester Apollo
Finalmente hice ese recorrido que tantas veces había visto como espectador. La banda camina desde Picadilly Station al Manchester Apollo vistiendo el atuendo adecuado al concierto de la noche. Como vivo en un punto intermedio, me uní a la peregrinación. Supongo que la banda metalera es igual en todos los mundos. Si acaso, las pequeñas peculiaridades de la audiencia mancuniana eran el amplio rango de edades y su palidez. Ignorar esta última característica ya me había costado un boleto en NYC, y habiendo aprendido la lección, el amigo Ricardo acabó comprando boletos para bandas con públicos pálidos en el corazón de Harlem.
El Apolo tiene su esencia mística. Originalmente un teatro para las obras y actrices de la pre-guerra, tiene una fachada austera y un íntimo escenario que despliega grecas art decó doradas que se funden en el terciopelo rojo al interno del espacio para la audiencia. A partir de los sesenta, se convirtió el lugar icónico para las bandas que forjaron el rock, punk y progresivo inglés. Hoy en día, los anuncios de Norah Jones e Erasure de la promotora Live Nation le quitan algo de la impresión que siempre la mística le puede dar a un edificio pero al entrar todo se vuelve ambiente.
Ya dentro el teatro, todos estábamos algo inquietos. A demás de mis altas expectativas, sólo contaba con un indicio de lo que sería el concierto. La noche anterior, Iván había anticipado su crónica después de presenciar el concierto de Brixton. Su mensaje leía “Se rifaron… Suerte mañana”.
Se apagaron las luces, empezaron los ruidos e imágenes psicodélicas por detrás de los músicos rodeaban el escenario. Una segunda pantalla se iluminó mostrando el diseño tridimensional del 10,000 days. Algo que con luces rojas hacía que las caras y puertas se perdieran al infinito y se integraran en las grecas decó del techo. Entraron los músicos y más que una ovación, había un sentimiento colectivo de expectativa. Maynard James Keenan surgía en la esquina del escenario con una tejana blanca y Jambi comenzó a sonar.
Siguieron con Stinkfist y un repertorio agresivo de los discos Aenima, Lateralus y 10,000 days. Pasó una hora y yo ya estaba exhausto. Pocas bandas manejan un poder tan intenso tanto psicológico como físico. Y estando a veinte metros de la banda, es imponente verlos tocar. Los videos e imágenes alucinantes brotaban de las luminarias detrás de la banda mientras que el techo se seguía perdiendo en el infinito tri-dimensional. Sólo hubo un descanso con sonidos esquizofrénicos ambientales y que fueron acompañados por el aterrizaje de tres sets de luces circulares, haciendo del Apollo un sitio perdido en el futuro. La exploración musical se fusionó con Schism y continuó la expedición musical. Vicarious terminó el concierto pero justo cuando tratamos de dar un respiro, Aenima sonó como encore. Se prendieron las luces y volteé a mi alrededor. Parecía el final de una grata pelea. Me uní a la peregrinación de regreso.