Yo Mero

26 October, 2007

15.10.07 - Merde

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Hay consecuencias cuando se ponen datos en un currículum vitae. Y estas pueden manejarse para alcanzar un empleo o para sentencier el apellido de una familia en una organización. Entre múltiples solicitudes de empleo que he llenado en los últimos meses, obtuve una respuesta. Cada respuesta es una dósis de ánimo y esperanza. No obstante, esta respuesta trajo, primero, pánico, después un ataque de risa, más pánico y, por último, algo de sufrimiento.

La comunicación de la ONG comenzaba con las siguientes palabras: "Nous avons bien reçu votre dossier de candidature pour …" … y mi primera reacción fue despertar al hámster, pedirle que regresara a sus apuntes de la secu de las clases de francés a las que si fui, analéarlo y luego sólo recordar únicamente grocerías en francés. "¡Putain!" fue lo primero que salió de mi boca. Me reconfortó que la palabra sucesiva, "merde", sonara algo más gangosa. Pero no fue suficiente para calmar los nervios. ¿Cómo demonios iba a tener una entrevista telefónica en francés? Afortunadamente estaba en la casa madrileña de la familia Panzón y Mafer se rifa con eso del francés. Me ayudó a escribir la respuesta al mail diciendo que con todo gusto podría tener la entrevista al día siguiente a las 10am. Impecable mail que sirvió para aumentar las expectativas sobre mi trilingüidad. No quedó más que reir.

Dormí plácidamente y desperté con un incómodo pánico. Mi filosofía ante estas situaciones no ha cambiado desde los exámenes de primaria. Lo que sabes, sabes y lo que no, no. Ya que se le puede hacer. Ni modo que aprendiera a hablar francés de un día al otro. Solo quedaba recordar una que otra palabra ultra básica (¡merde!, bueno, esa se seguía repitiendo aunque ya la tenía completamente dominada) y volveer a leer los requerimientos del puesto. Sonó el teléfono con tono de cumbia. Volteé a ver a Mafer con cara de "contesta, es tu fon", pero todos sabíamos que la llamada era para mi. Contesté con un indiferente "hola" (digo, estaba en Madriii, así se contesta, no?) y me respondieron en un español chilango. Justo cuando pensé que ya la había hecho y la entrevista sería en mi lengua natal, mi paisana me advirtió que todas mis pesadillas debían convertirse en realidad y que la entrevista tenía que ser en francés.

Casi diez preguntas de esas ambiguas en las que hay que echar choro y decir modestamente que uno es la mejor persona del mundo y perfecto candidato para un puesto clavadísimo de desarrollo económico y análisis de mercados en territorios post-guerra conglolés. Al minuto se me acabó mi vocabulario, y como no debía seguir con las grocerías, opté por continuar con palabras fusión. Digo, si hay platillos fusión, porqué no palabras. Se me hizo eterna la entrevista. Había llegado a Madrid en verano y veinte minutos después ya era invierno. Finalmente, acabó el suplicio. Mi paisana debía, también entrevistarme en inglés. ¡Sólo dos preguntas, vaya injusticia bilingüe!

Al parecer acabó todo con bien. Cual reina de belleza, permanecía en el podio, esperando la siguiente ronda. Con un tono de conmiseración, mi paisana me confío que la entrevista técnica debía ser en Londres y que era poco probable que me hicieran hablar mi fusión, digo, francés. Yo estaba agotado, mentalmente acrivillado y lingüísticamente seco. No quedaba más que cambiar el "intermediate" por el "basic" en mi CV e ir al mercado por un café con leche, una tortilla y unos jamones para olvidar el pánico y pensar que si todo sale bien, acabaré aprendiendo francés conglolés.

23 October, 2007

20.10.07 – MAN 1 – AV 4

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Comenzaron los preparativos. De un lado para el otro había que trasladar lo que después alimentaría a los gorditos. Por la puerta principal entró un sujeto con sudadera roja. Mal color para el lugar pero adecuado para la ocasión. Sin despegar la mirada del piso, dio algunas ordenes, saludó a los presentes y preguntó si ya estaba la comida. Al pedirle al hambriento que esperara media hora más, sentí como pasó una señora junto a mi y se metió al cuarto de los platos. La seguí. Inmediatamente se disculpó por su retraso sin palabras y sin quitar la vista del fregadero. Le pregunté su nombre y me presenté. Volteó hacia mi con una expresión de asombro. Trató de sonreír pero no lo logró. Todo estaba congelado hasta que alguien se asomó por la barra. Regresé a mis labores mientras que Isabela silenciosamente balbuceó su nombre. Un gordito parecido a Jay Leno estaba en la barra listo para comer mientras los demás ponían sus grabadoras frente a la tele. Otros parecían indecisos tentados entre el deber y la panza. El sujeto de la sudadera roja daba vueltas como león en cerrado. Faltaban patatas. De camino a la cocina el presidente hacía su entrada imperial al palco con su resplandeciente bronceado artificial. Los ánimos estaban en lo más alto. Lástima que en mi  cuarto viaje a la cocina, tres goles en quince minutos y muchas de esas palmaditas de lástima, el presidente evidenciara las desgracias de la combinación del bótox con cámaras de bronceado. De regreso en la sala, los gorditos se dividieron en tres grupos: los que volvían a comer, los decepcionados y los irónicos. Isabela estaba siempre ahí, mirando tímidamente detrás desde el cuartito de los platos hasta que un adolescente se la llevó. Los gorditos regresaron a sus palcos con café en mano y pacha en el costado. El hombre de la sudadera roja regresó dos veces más al salón buscando algo. Isabela ya no estaba, no había pastelillos. Dio dos vueltas sin subir la cabeza y regresó con sus compañeros. Al fin de los segundos 45 minutos, la humillación concluyó. Isabela regresó de otra cocina con la cabeza doblegada, los gorditos no tenían hambre, el presidente realizó declaraciones mediocres y yo no sentía los pies. El sujeto de la sudadera roja continuó dando vueltas sin voltear a otro lado que no fuera el piso, balbuceó algo a su chalán de la cámara y habló a la redacción para narrar su crónica.  

22 October, 2007

15.10.07 – Donde caben dos, caben tres…

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“Donde comen dos, comen tres” es la frase que podríamos recordar de nuestras abuelas. Algunas llevaron la frase al extremo metiendo decenas de primos, tías y arrimados a la casa como signo de la hospitalidad, posición social y fraternidad. Hoy en día, este apoyo social típico entre culturas gregarias (o colectivistas) como la latina, sud-asiática o china persiste en nuestras generaciones. Creo que mis vecinas chinitas (sí, las que nos aventaron huevos a la ventana…) vivían en múltiplos de 3 clones por cuarto. Los compañeros bangladeshi de Gustavo habitaban su casita Birminghamiana por docenas. Y los Ugalde hicieron de su hogar una vecindad gitana que llegó a albergar hasta diez personas incluyendo amigos, arrimados, hijos, una señora y una niña.

Hace poco argumenté las características de los distintos marcos de referencias culturales para explicar cómo diferentes culturas tenían enfoques distintos ante conceptos de desarrollo económico como el emprendedor e innovación de procesos comerciales. Algunas teorías de estrategias populares para enfrentar la pobreza se basan en el uso del capital social como apoyo económico y en momentos de extrema necesitad. Podemos recordar la que, ante la marginación y falta de apoyo oficial, la colaboración entre grupos inmigrantes mexicanos en Nueva Orleáns les salvó de la catástrofe total mientras que grupos afroamericanos permanecieron solos y desamparados ante las consecuencia del huracán Catrina.

Pero como eso de hablar de casos académicos es tarea de los doctores que analizan la sociedad desde la comodidad de su escritorio, yo opté por vivir mi experiencia de uso del capital social propia. Ante el vencimiento de mi contrato de renta en Manchester, mi estatus habitacional se convirtió en ‘homeless’. Al principio pensé que si lograba entrar oficialmente en esa categoría, gozaría de todos los beneficios que el primer mundo le brinda a los vagabundos gracias a los programas estatales y cientos de ONGs locales. El panorama era muy atractivo: perros punk, chamarras North Face, tiendas de campaña, dosis de narcóticos gratis, albergues de invierno, programas de readaptación social, empleo como vendedor de revistas y la libertad de pedir más baro callejero para que no falte el Zeppelín de cidra Strongbow. Desafortunadamente, ser extracomunitario (non-EU) y no originario de una ex-colonia británica, me alejaba de tales privilegios. Así que opté por pedir posada en mi red social inmediata.

En primera instancia, mis cuates de Manchester me abrieron las puertas para caer cualquier fin de semana. Noté que la apertura de tener a un tipo en la sala no va mucho con los mono mientras que, así como yo lo había practicado en casa, los paisanos abríamos las puertas y el corazón a cualquiera en desgracia. Mi familia más cercana, los Pineda y los Ugalde, me recibieron con la más grande amistad en sus respectivos pueblos.

Pero eso de ser tres en el espacio de dos también requiere una planeación meticulosa. Una amiga irlandesa que después de nuestra entrega de tesis vive en el sillón de su hermana en Londres, tiene la certeza que el amor y amistad se acaban a las dos semanas de estar de arrimado. Ante tal declaración, yo me mantuve escéptico ya que hace un año, la familia Panzón me toleró por casi dos semanas en su departamento de Oxford Road con el mayor cariño, delicioso sazón y felicidad absoluta. No obstante, preferí agradecer la hospitalidad de la banda diversificando familias y haciendo mi presencia en sus hogares la menor posible. Así, en múltiplos de 3 a 5 días, estoy de arrimado en Londres, Birmingham y próximamente Madrid. Los vecinos, housemates y porteros aunque no entienden porqué demonios vivo ‘de a ratitos’ en cada casa pero ya me saludan como si fuera del barrio (… o posiblemente porque no huelo a curry y traigo de arrimada a toda una familia de inmigrantes …). Y yo hago lo posible por no estorbar, no roncar y cocinar rico. En fin, afortunadamente no hay huracán (aunque sí desempleo) y tocó esta cultura latina buena vibra y formidables amigos. ¡Gracias por la hospitalidad!

15 October, 2007

30.09.07 – And on the 6th day … God created MANchester

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Las despedidas de Manchester empezaron temprano. Tan temprano que cada despedida de un amigo me hacía pensar que yo sería el último en dejar la ciudad. Es difícil encontrar lazos con una ciudad en donde llueve 300 días del año, los locales balbucean un idioma ininteligible, los estudiantes de universidad caen ebrios por las calles llenas de chicles pegados al suelo y la prosperidad se ve reflejada en neofinancieros o jugadores de pan-bol bajándose de Lamborghinis para clubear en antrillos exclusivos de pueblo. No obstante, todos los que dejamos Manchester lo hicimos con algo de nostalgia. Mi amigo Luca, después de vivir ahí poco más de tres años y detestar amargamente la insolencia e ignorancia de estos bárbaros ingleses, pasó su último día en la ciudad buscando la camiseta que tiene grabado misma leyenda que se lee fuera de Affleck’s Place: “And on the 6th day, God created MANchester”. Agnes se la pasó maldiciendo el servicio inglés por un año entero pero en sus últimos días, admitió haber tenido uno de los mejores años de su vida. Cuando le echamos en cotorreo tal declaración, volvió a maldecir el clima, los brits y agradeció dejar la isla. Al día siguiente nos mensajeó desde Polonia con peores maldiciones a su tierra natal.

En un año de vida estudiantil hay todas las oportunidades para conocer un lugar y hacer grandes amigos. Mis amigos están hoy ya de regreso en sus lugares de origen o tratando de hacer carrera en el sector del ‘desarrollo’ en algún país famoso por su pobreza, violación de derechos humanos, desastres naturales, conflictos armados o régimenes autoritarios. La ciudad ya tiene una nueva camada de estudiantes que seguramente se alegrarán de haber caído ahí en lugar de otra ciudad británica. Si algo tiene Manchester de diferencia con muchas otras ciudades post-industriales inglesas es: actitud. Es una actitud derivada de su origen industrial, el proletariado inglés, la migración sud-asiática colonial, la lucha financiera regional y la música. Y aunque en otras ciudades del norte también han preservado esas bodegas y puentes ferroviarios industriales, en Manchester son símiles al recuerdo de la depresión de Joy Division y la fiesta exacerbada de la cultura rave. La prosperidad de la ciudad la ha hecho visualmente muy similar a las demás, con los centros comerciales y departamentos de lujo den el centro, pero a la véz,  hay barrios que intentan conservar o establecer su identidad. Y, lo mejor, todo está walking distance.

Sólo en los últimos 30 años la ciudad ya fue llamada Madchester, Gaychester, Funchester y Gunchester. Hoy en día la ciudad vive una metamorfosis que trata de traer una segunda identidad para posicionarse como la segunda mayor ciudad británica. Todo está mezclado al grado en que la majestuosa (y casi siempre vacía) sala de conciertos clásicos está a pasos de donde estuviera el Hacienda club que impulsara el rave al mundo en los ochenta, la peor aglomeración de antros fresa teenagers está entre uno de los pubs más tradicionales de la ciudad y el barrio creativo wannabe alternativo, y lo que fuera el tradicional mercado abierto ahora está envidrado dentro de un gran centro comercial. La universidad está dentro de la ciudad y a unos cuantos minutos tanto del centro como del famoso Curry Mile.

Así que una salida tradicional constaba en ir a la escuela, comer un curry fenomenal, encontrar a más cuates en mi casa y luego dirigirse a algún pub agradable en la ciudad. Las ventajas de la ciudad son que hay mucho para todos, y a pesar de tener menos habitantes que Neza, Manchester tiene un pub para cada ocasión y estado de ánimo, un foro para cada músico, un antro para cada fiesta, una galería para cada artista y una banqueta para cada gordibonita. Digamos que un lugar en donde hay gorditas con mini-ropa brit caminando cual flamingos ebrio-epilépticos, hooligans destrozando cabinas de para de autobús y adolescentes aullando rolas de Oasis a las 2am no se debería orgullecer a nadie, pero, de alguna manera, le acaba dando su toque folclórico. Afortunadamente mis pubs personales siempre mantuvieron el estilo, cerveza importada, excelente música y un ambiente cuasi-familiar.

En lugar de tener una despedida, opté por despedirme en la última semana mancuniana, de la ciudad. Una semana con un itinerario fijo: despedirme de los lugares que más habían representado la ciudad. Comenzó en lunes con la tradicional noche 60s y 70s de Revolver en donde nostálgicos de todas edades bailan Chuck Berrry, Janis, The Doors, Zeppellin, James Brown y the Beatles entre proyecciones de acetato de la época. El martes, como casi todos los martes, debí despedirme del único club de jazz, Matt & Phreds, en donde escuché el pésimo talento musical jazzero brit, apoyé a músicos jóvenes con talento para que dejaran a las patéticas bandas que los acompañaban y pasé extraordinarios momentos con mis excéntricos Till y Clo. El miércoles fue una muestra representativa de la ciudad: la cena en un bar estudiantil, un pub personal y un patético fin de noche en esos antrillos fresas en donde sólo se va por presión social y a ver peleas gratis. El jueves despedimos a mi cuate Rami en casa, mi pub local Sandbar y después en el muy querido Mojo (versión del Milán en chida pero sin cactus y los Cadillacs sonando). El viernes le tocó el turno a mis mono-cuates y una travesía por los sub-mundos del azar con Orlando. Y todo terminó como empezó: en Temple reunido con extraordinarios amigos: el Pata, Bianca, Yaser, Jo y Sami. No se podía pedir nada más.

Nota aclaratoria: Y como el párrafo anterior sólo deja la impresión de que Manchester es sólo fiesta. Aclaro que también fui a un museo en mi última semana: a la exposición de los 25 años del Hacienda Club y los movimientos musicales de la ciudad cuando vivió aquel renacimiento artístico que convirtió la depresión, el desempleo y la lluvia en música y fiesta.

Link fotográfico: Manchester

14 October, 2007

23.09.07 – m o n o

Había evitado este tema por cuestiones de diplomacia internacional. Muchos ya lo conocen o han llegado a su entendimiento leyendo entre líneas algunos posts previos. Pero después de chutarme el día de hoy un par de videos que mostraban cómo el hombre blanco anglosajón lleva el desarrollo al mundo en miseria, creo que es necesario explicar la etimología, contexto de la conceptualización y usos comunes de: m o n o

Todo comenzó a finales del año pasado. Mi generación estudiantil de postgrado había tenido ya unos meses para conocerse e irse perdiendo la formalidad, la distancia, y en unos casos, el asco. Habían terminado esas iniciales artificiales conversaciones donde se repiten, persona tras persona, aquellos datos que nos distinguen como un ser pensante en el universo tales como nuestro nombre, nacionalidad, estudios y lo que hacemos (hacíamos o queremos hacer) de tal manera que el escucha ate estereotipos a una cara. Ese tiempo de convivencia había sacado lo que se conoce como cultura tácita o cobre. Instintivamente todos nos juntamos con quienes son sentíamos mejor dejando tras la memoria, el encasillamiento o la incomprensión a la mayoría de quienes nos rodeábamos. Y ni quien anduviera diciendo “no hagan grupos”.

Después de un tiempo, algunos empezamos notamos un ligero patrón divisorio. Aquellos nacionales de países angloparlantes solían estar siempre juntos y aunque hubiera de repente uno que otro internacional perdido por ahí conviviendo con ellos, siempre acababa regresando con otros internacionales. Cuando se trataba de convocar a un grupo, ya sea representativo o global de las maestrías que estudian desarrollo, llegamos a la conclusión que había que hacer alianza con algún lidercillo anglo bajo la frase “you get your people & I get my people”. Lo interesante es que “my people” eran personas de casi todas las nacionalidades, religiones y culturas existentes en este mundo mientras los otros eran angloparlantes, angloculturales y anglosociales.

Entre más internacionales notábamos esta división, tuvimos que intercambiar impresiones y estereotipos. Resultó que algunas personas llamaban a los anglo, “los conquistadores”, “los imperialistas” o “los blancos”. Pero tales definiciones no aplicaban totalmente a tal grupo, e inclusive les daba características injustas a unos jóvenes que tan sólo quieren traer el progreso al mundo subdesarrollado. Así que, tras algunas reflexiones, notamos que aquel grupo con el que era tan aburrido convivir en sobriedad y frustrante discutir en seriedad eran inicialmente monolingüistas. La gran mayoría únicamente habla inglés y, a pesar de sus esfuerzos y anhelos por trabajar en el mundo trayendo el desarrollo, no lograría aprender otro idioma. No obstante, había individuos que dominaban una segunda lengua pero seguían siendo culturalmente incompatibles con el resto del mundo. Así que finalmente llegamos al término correcto: monoculturales.

La monocultura, en este caso era demostrado por un grupo de personas básicamente anglo, pero creo que se puede aplicar a cualquier otro contexto en donde un individuo tiene tales barreras culturales que le prohíben convivir con naturalidad, comprender y comunicarse abiertamente con personas de culturas distintas. El ejemplo lingüístico de un ser monocultural (o mono) es nunca haber hecho el esfuerzo de aprender otro idioma o expresarse con palabras y ademanes distintos a los que conoce. Afortunadamente, siempre hay excepciones y hay queienes o se esfuerzan para dejar de ser monos o no son completamente monos.

La relación entre monos y polis (policulturales) es difícil. En términos muy simples, la gente se tiene que al menos tratar de entender para llevarse bien. En el mejor de los casos, la incomprensión de un simple chiste lleva a la aburrisión, y en el caso extremo se puede llegar a la violencia, distancia e imposiciones culturales. En nuestro caso, optamos por no extrapolar sobre los problemas que nuestros amigos monos podrían causar en su futur laboral cercano como empajadores del desarrollo en países alejados de la mano del diós Desarrollo, y optamos por explorar nuestra creatividad lingüística. Así que desarrollamos un idioma clave para describir situaciones, sentimientos y hasta chistes sobre … monos. ¿Qué tal está la reunión? ¡Monótona! ¿Cuál es el juego preferido de un mono? ¡Monopoly! ¿Dónde estás? ¡En Monolandia! ¿Qué tal está? ¡Monotemático! ¿Qué dijeron? ¡Monosílabas! …

8 October, 2007

17.09.07 – La semana en la que salió el sol

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Hay ciudades en las que se disfruta uno perderse y no cansarse de turistear. Justo en el momento que mi estancia en Manchester está llegando a su fin, se abren las calles londinenses. Esta galería de fotos es sólo el comienzo que sólo podrá detener el clima…

Londres en Septiembre

… una semana de muchos pasos, pasadisos y posibilidades termina con la vista aérea de Londres y el festival que despidió el verano de la riviera del Támesis con ritmos escalofriantemente multiculturales…

Thames River Fest