15.10.07 - Merde
Hay consecuencias cuando se ponen datos en un currículum vitae. Y estas pueden manejarse para alcanzar un empleo o para sentencier el apellido de una familia en una organización. Entre múltiples solicitudes de empleo que he llenado en los últimos meses, obtuve una respuesta. Cada respuesta es una dósis de ánimo y esperanza. No obstante, esta respuesta trajo, primero, pánico, después un ataque de risa, más pánico y, por último, algo de sufrimiento.
La comunicación de la ONG comenzaba con las siguientes palabras: "Nous avons bien reçu votre dossier de candidature pour …" … y mi primera reacción fue despertar al hámster, pedirle que regresara a sus apuntes de la secu de las clases de francés a las que si fui, analéarlo y luego sólo recordar únicamente grocerías en francés. "¡Putain!" fue lo primero que salió de mi boca. Me reconfortó que la palabra sucesiva, "merde", sonara algo más gangosa. Pero no fue suficiente para calmar los nervios. ¿Cómo demonios iba a tener una entrevista telefónica en francés? Afortunadamente estaba en la casa madrileña de la familia Panzón y Mafer se rifa con eso del francés. Me ayudó a escribir la respuesta al mail diciendo que con todo gusto podría tener la entrevista al día siguiente a las 10am. Impecable mail que sirvió para aumentar las expectativas sobre mi trilingüidad. No quedó más que reir.
Dormí plácidamente y desperté con un incómodo pánico. Mi filosofía ante estas situaciones no ha cambiado desde los exámenes de primaria. Lo que sabes, sabes y lo que no, no. Ya que se le puede hacer. Ni modo que aprendiera a hablar francés de un día al otro. Solo quedaba recordar una que otra palabra ultra básica (¡merde!, bueno, esa se seguía repitiendo aunque ya la tenía completamente dominada) y volveer a leer los requerimientos del puesto. Sonó el teléfono con tono de cumbia. Volteé a ver a Mafer con cara de "contesta, es tu fon", pero todos sabíamos que la llamada era para mi. Contesté con un indiferente "hola" (digo, estaba en Madriii, así se contesta, no?) y me respondieron en un español chilango. Justo cuando pensé que ya la había hecho y la entrevista sería en mi lengua natal, mi paisana me advirtió que todas mis pesadillas debían convertirse en realidad y que la entrevista tenía que ser en francés.
Casi diez preguntas de esas ambiguas en las que hay que echar choro y decir modestamente que uno es la mejor persona del mundo y perfecto candidato para un puesto clavadísimo de desarrollo económico y análisis de mercados en territorios post-guerra conglolés. Al minuto se me acabó mi vocabulario, y como no debía seguir con las grocerías, opté por continuar con palabras fusión. Digo, si hay platillos fusión, porqué no palabras. Se me hizo eterna la entrevista. Había llegado a Madrid en verano y veinte minutos después ya era invierno. Finalmente, acabó el suplicio. Mi paisana debía, también entrevistarme en inglés. ¡Sólo dos preguntas, vaya injusticia bilingüe!
Al parecer acabó todo con bien. Cual reina de belleza, permanecía en el podio, esperando la siguiente ronda. Con un tono de conmiseración, mi paisana me confío que la entrevista técnica debía ser en Londres y que era poco probable que me hicieran hablar mi fusión, digo, francés. Yo estaba agotado, mentalmente acrivillado y lingüísticamente seco. No quedaba más que cambiar el "intermediate" por el "basic" en mi CV e ir al mercado por un café con leche, una tortilla y unos jamones para olvidar el pánico y pensar que si todo sale bien, acabaré aprendiendo francés conglolés.