25.01.08 – Mind the e-gap
Hace poco, el Banco Mundial (BM) emitió su reporte sobre transferencias de conocimiento en países en vías de desarrollo. En este documento, insisten que uno de los principales factores por los cuales la proporción de la población mundial que vive en pobreza absoluta ha decrecido del 29% de 1990 al 18% del 2004 es veloz avance tecnológico en países en vías de desarrollo. Concluyen, también, que la capacidad para que las poblaciones marginadas aún carecen de la capacidad para absorber nueva tecnología. Y recomiendan que para que esta capacidad se fortalezca se debe estar receptivo a tecnologías extranjeras, tener políticas que fomenten el uso equitativo de acceso a la tecnología y en esos medios se motive la intervención del sector privado y público.
Ante este planteamiento se puede reflexionar sobre lo obvio: sí, hay que fomentar el desarrollo de competencias tecnológicas de forma equitativa; y sí, hay que incluir a todos los sectores de la sociedad (aunque el BM omitió prácticamente a las asociaciones civiles). Pero lo que es insultante es que este órgano multinacional siga con esta línea colonial que pone a los países en vías de desarrollo solamente como receptor de tecnología y conocimiento. Si bien la transferencia tecnológica entre los seres humanos siempre ha sido uno de los eje principales de la innovación tecnológica y el desarrollo económico, en este mundo globalizado, países como Brasil, India y México pueden tener ejemplos contundentes para decirle al BM que: 1. La tecnología de punta también se desarrolla en casa y dentro el mismo contexto mundial que los demás y, en los mejores de los casos, en beneficio de las comunidades locales; 2. Existen iniciativas innovadoras que pueden llegar disminuir la brecha (gap) social del empoderamiento tecnológico.
Para muestra, basta hoyo, una ciudad y un anécdota. En la india, un investigador hizo un experimento social al poner una computadora en la barda de su empresa. Los niños del vecindario, a pesar de su malnutrición y mínimo acceso a la educación, desarrollaron habilidades cibernautas en cuestión de días. El experimento fue tan asombroso que muchos de esos chavos ya son plenamente competentes en el uso de la tecnología y el proyecto ‘Hole in the wall’ es un icono mundial de innovación social.
Del otro lado del charco, un podcast científico nos trae la noticia que pone a Brasil como pionero de uno de los proyectos científico-sociales más ambiciosos de nuestra época. Un grupo de científicos brasileños ha decidido hacer una ciudad científica en una de las zonas más marginadas del país. Científicos de todas disciplinas están montando sus talleres de investigación en una ciudad con fines altamente ambiciosos. El objetivo de este experimento es que la comunidad científica brasileña se fortalezca y compita como una verdadera capacidad nacional contra cualquier otro país. Pero también, el proyecto tiene el objetivo de integrar la ciencia con la comunidad con tal de que nuevas generaciones sean tecnológicamente líricas y crezcan construyendo una conciencia crítica.
Y hace unos días, en menos de tres horas estuvieron en el mismo espacio, aunque en momentos distintos, pero motivados por el mismo proyecto tres representantes sociales que la desigualdad nacional nunca uniría: un científico, un hacker y un hijo de campesinos. El científico quiere que las investigaciones ecológicas de su equipo sean difundidas por el mundo y las lecciones aprendidas por la gente que es quien habita los ecosistemas que tanto estudió. El hacker quiere que se utilice la última tecnología mundial o suya (que en muchos casos es exactamente la misma) para que cualquier persona pueda difundir su conocimiento de forma pública y gratuita. El chavo está listo para aprender a hacer talleres de producción contenidos digitales para que la asociación civil de la que forma parte pueda compartir las enseñanzas y conocimiento con otras comunidades y el mundo.