09.02.08 – travesías radiofónicas …
Los cds, mp3 e iposes nos han aislado de la radio. También, la misma radio, al llegar a niveles de mediocridad y monotematía exagerados, nos han hecho odiarla. Entonces, si se tiene que hacer una travesía en auto de varias horas y no se cuenta con un reproductor de CDs/mp3/auxiliar que funcione, es normal que cualquier chofer o pasajero empieze a temer por su salud mental.
Después de dos semanas de escuchar la radio en Xalapa, opté por la fidelidad (la de de-veras, no la de Fidel) a Radio Más: La Radio de los Veracruzanos. Como casi todas las radios públicas locales (por no decir provincia) es pésima en cuanto a producción, programación y locutores, pero tiene la gran virtud de contar con una abundancia de programas tal que, si el azar está con el escucha, puede encontrarse con contenidos radiofónicos interesantes. Así, que, propagandas políticas aparte, toleré con buenos oídos el amateurismo radiofónico a cambio de contados descubrimientos de son jarocho, salsa y un poco de world music.
De regreso a México, las casi cuatro horas de camino resultaban todo una amenaza radiofónica. Las primeras dos horas tenía la certidumbre de que Radio Más me acompañara, pero las siguientes dos, pasando por territorios poblanos y tlaxcaltecas, vislumbraban un misterio mayor. Esa compañía se vio altamente aterrorizada por los fantasmas de la trova. Por más que valore ese género, tengo la certeza que quienes lo han matado son sus seguidores, ya que insisten en que la ‘nueva canción’ ha evolucionado a través del tiempo para parecerse cada vez más a lo que fue nuevo en los sesenta. Afortunadamente, la voz sensual de la locutora y el estilo de canto ‘Silvio meets José González’ del cantautor (que cantó puro Silvio, para variar … ¿no que muy autor?) hicieron un programa agradable que me acompañó la travesía carretera a las faltas del Pico de Orizaba.
Y como alguna vez lo trazó nuestro villano histórico, Antonio López de Santa Ana, Veracruz acaba cuando empieza el desierto. El escenario cambia drásticamente en Tlaxcala mostrando carreteras en malas condiciones, más pobreza, poblados aislados y puestos nómadas de venta de pulque. Mis temores radiofónicos se incrementaron al máximo hasta que sintonicé una radio atípica que sonaba a rock pesado. Esa estación duró cerca de quince minutos al aire y luego se transformó en banda cuando me acerqué a las fronteras poblanas. En estos territorios pipopes, la radio de la UDG fue la salvación. Un noticiero cultural entrevistaba a ‘No somos machos pero somos muchos’ de una manera tan fresca e informal (que sólo la radio universitaria genera) que me hizo se fan ahora de estos DJs. ¡Que me caen re-bien esos muchachos!
Al pasar la caseta de Puebla, la señal radiofónica se destroza con el desvanecimiento de los vende-camotes suicidas. Al escuchar la estática, comencé a ponerme nervioso ya que las señales capitalinas sólo se empiezan a escuchar después de Río Frío. Por azares del destino, volví a sintonizar esa estación tlaxcalteca que me había llamado la atención previamente. Un metal experimental fusionaba elementos que sonaban pre-hispánicos. Era una banda casi local (de Apizaco) que jugaba con esta atrevida fusión y que, por la pésima producción radiofónica y habilidad de los locutores, nunca escuché el nombre de los intérpretes. En el programa metalero tocaban música nacional y escandinava así como exploraban la escena tlaxcalteca reseñando toquines previos e invitando a próximos eventos. También presentaron (parcialmente, ya que nunca escuché mencionar su nombre) a un músico local que estaba innovando técnicas de riffs experimentales de metal. Y en efecto, sonaban espectaculares y, para mi oído corridóon más no experto, únicos en su género.
Justo cuando el virtuoso guitarrista tlaxcalteca explicaba en qué consistía su innovadora técnica con un vergonzante preludio nopal-justificativo que constaba en pedirle “al público criterio ya que él era nacional y estaba intentando lo mejor que podía”, dejé las periferias tlaxcaltecas para comenzar a entonar la radio chilanga. El imbécil del Sopitas y otro locutor reciclado habían escogido un tema innovador para su programa: el día de San Valentín. Traté de sintonizar RadioIbero (¡güé!) y el playlist electro-cool del ipose de alguien me mandó a escuchar el típico bossa-nova de Horizonte. Justo llegando a la capital sentí el peor pánico radiofónico.