Yo Mero

10 April, 2008

07.04.08 – batallas …

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Comienza a oler a café por toda la casa. En la modorra tradicional de la mañana, me sirvo un poco y volteo al mi alrededor en sentido de reconocimiento del área. Todo seguía ahí, aunque había un ambiente distinto. Me senté, puse un poco de música y abrí la puerta del patio. En mi regreso veo una escena desastrosa: un campo de batalla inundado de cuerpos sacrificados y agonizantes.

Había evidencia de que la pelea había sido cruel, despiadada y asfixiante. Los pocos sobrevivientes, heridos la mayoría de ellos, arrastraban sus cuerpos en círculos alejándose y acercándose a sus propios crímenes de guerra. Y aunque los dos ejércitos podían ser claramente identificados, como testigo, no tenía elementos para siquiera saber el partido de los contrincantes. ¿Había buenos o malos, atacantes y defensores, vencidos o vencedores?

Los rojos, corpulentos y armados, yacían en el piso en minoría. Los negros llenaban de cadáveres el campo de batalla intrigándome si todos esos aparatos voladores habían caído en la furia del ataque o por voluntad kamikaze. Tal escena hizo que llegara a preocuparme de mi propia existencia. ¿Qué pasaría si los vencedores reagruparan a sus tropas y atacaran por la noche? ¿Sería mi destino el mismo que el de los rojos agonizantes? ¿O el de los desmenuzados alados?

Revisé las paredes y el segundo piso de la casa. Todo parecía estar en calma en toda la superficie excepto en esas hendiduras que unen las paredes inclinadas y el techo. Al fijarme con detenimiento, noté algo de vida dentro de esas grietas oscuras. Estaban ahí, latientes e inalcanzables. Nunca pensé que el descubrimiento de sobrevivientes de guerra pudieran causarme tanta inquietud.

Barrí los restos sangrientos dejados por la batalla, tratando de olvidar esas imágenes. Mi memento quedaría solapado por un solo concepto: canibalismo. Después de una batalla campal, los sobrevivientes se vuelven alimento para los demás. Solo así pasaría a salvo la noche.

3 April, 2008

02.04.08 – conspiraciones para una eliminación

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Hay debates que trascienden al grado que obligan a los participantes a tomar medidas drásticas. Para algunos, esto era un ejercicio. Para otros, una buena parte de su vida. Yo tuve que tomar partido y lo hice de manera drástica y sin piedad. Aún no me arrepiento, y espero no hacerlo ya que hay amplias posibilidades de que haya influenciado a ciertos compañeros a sumarse a esta cruel decisión.

La decisión debía ser únicamente técnica, pero al ver que los técnicos temían las confrontaciones, lancé a la mesa mi drástica postura. El tono de urgencia que transmití hacía que el ambiente se volviera aún más turbio al grado de que era inminente una ruptura interna. Y justo en ese momento, todo se congeló.

Pasó el tiempo mientras todo giraba alrededor de la evasión. El silencio era bicéfalo y las voces se hacían escuchar dependiendo de quienes estaban cerca. Mi posición era ya conocida por todos y me veían como aliado o enemigo. No se podía hacer nada mas que esperar.

De vez en cuando, se acercaban a mi preguntando si debíamos dar la estocada final, el tiro de gracia. Me les quedaba viendo y en silencio les transmitía mi incondicional apoyo. Era de esas circunstancias en donde las masas deben actuar cual jauría abalanzándose hacia una presa indefensa, sin escapatoria. Lo términos estaban por revelarse.

El día llegó. Estábamos todos reunidos excepto el mayor defensor de la causa agonizante. Fue cobarde, audaz y certero. Cualquier intento de resistencia o duda fue eliminada. Tomada la decisión, la niebla se disipó dejando una ligereza agradable. Ahora es cosa de avisarle al derrotado sobre su derrota.