Yo Mero

11 June, 2008

02.06.08 – Farewell Bansky(ies)

Cerca de dos semanas han pasado y es momento para regresar. La escaramuza de despedida es tradición y, por más que tratamos, no podemos vivir sin ella. La escaramuza es amorfa y variable. Se gesta combinando situaciones, oportunidades, personas y lugares. Las típicas despedidas sentimentales, compras de último minuto, trámites, visitas y ocurrencias irracionales son generalmente sus características.

En esta ocasión, se me ocurrió que podía dejar para el último minuto ver a dos amigos, hacer mi trámite de apostilla de título, cenar pollo portugués con los Ugalde, comprar té que no cupiera en mi maleta, buscar esa versión de grandes éxitos de Joy Division que alguna vez había visto perdida en una pequeña tienda discográfica londinense, revisar el line-up de músicos del Pizza Express Jazz Café, identificar a mi amiga Jo entre las bailarinas de sincronizado que estaban practicando en el laguito de Hyde Park y pasar a la exhibición de arte urbano dentro de un túnel londinense.

Orgullosamente, puedo afirmar que se cumplió todo excepto ver a mi amiga haciendo nado sincronizado a la mitad de un parque. Sí, sonaba suficientemente exótico y una gran ocasión para capturar en fotografía los momentos sui géneris de una amiga sui géneris (que habla el español como chilanga-banda, por cierto). Pero esta urgencia fotográfica se canalizó en el arte urbano.

Resulta que la banda se puso de acuerdo en tomar un túnel cercano a la estación ferroviaria de Waterloo y convertirlo en pasillo de exposiciones. La vaca sagrada del género (Bansky) se llevó el crédito del tinglado y los consumidores tuvimos la oportunidad de ver la obra de otros grafiteros tan talentosos como él. Como suele pasar en todo movimiento colaborativo, siempre hay mucha mierda, pero también genialidades. Así que, cual taka-takas, Ivgansito, los Ugalde y yo tomamos una cantidad récord de fotografías de lo mismo.

9 June, 2008

26.05.08 – sobre estatus de vida

La distancia y el tiempo llenan a la gente de distintas expectativas. A un año de no ver a mis colegas de posgrado, encontrar a muchos de ellos causa, además de un gran gusto, una intriga especial. Todo hemos tenido experiencias casi distintas (aunque pocos se han salvado de esa fase del desempleo aparentemente interminable) y los caminos nos han llevado a mundos que muchas veces no habíamos imaginado.

Empecé mis reencuentros con dos amigas que fueron a Sri Lanka y regresaron por motivos diversos. Una decidió continuar con esa insistencia de vivir la vida laboral ‘internacional’ haciendo la lucha en un empleo londinense. La otra huyó del extremismo religioso en el que había caído en la fantasía aquella que lleva a muchos a hacer ‘trabajo de campo’ con organizaciones aparentemente laicas y profesionales. Pero al estar juntos intercambiamos experiencias tranquilamente en la tarde nublada pero cálida a las afueras de Russell Square, continuábamos haciendo mención de los amigos de los cuales no sabíamos nada. Y en el caso de Mariko, optamos por interrogarla de tal manera que sintiera la suficiente presión social que la obligara a enviarnos un correo recontando su vida entera de los últimos seis meses.

Llegué a Manchester y los reencuentros fueron similares. Cada quien, un caso y cada caso una historia. Desde aquellos que se dieron cuenta que su ilusión de trabajo internacional en reducción de pobreza estaba siendo más fructífera en centros de refugiados en la ciudad en lugar que practicando ‘el desarrollo’ con una de esas agencias turísticas de ayuda humanitaria, hasta los que había decidido estar un periodo sabático voluntario. La escena mancuniana fue la misma que hace un año. Mi contacto con la nueva generación de graduados era un juego que constaba en identificar las personalidades de mis amigos pero en otros cuerpos. Y los locales, exactamente idénticos aunque inicialmente tentados en unirse a ese sentimiento de frustración proletaria (reacciones que podrían empezar a darse cuando termine el ‘soleado’ verano).

También hubo magníficas sorpresas. Topé a gente que no había visto en cerca de quince años. La familia mexicana está muy bien y empezando a hacer lo que quieren hacer. Encontré maravillosos complementos, tanto entusiastas como profesionales, en casi todos para difundir mucho de lo que se está haciendo en el país. Y, quiero esperar, pueda haber visitas más seguidas como esta, con estatus que mezcla el paseo, con la banda con el empelo.