Yo Mero

7 August, 2008

06.08.08 – Zozocolco creciente

Entre Papantla y Cuetzalan está Zozocolco. A este corazón totonaca se puede llegar sólo por brechas cuasi-pavimentadas o helicóptero. Nos contaban que entre las tres montañas guardianes del pueblo, sólo una iglesia de piedra caliza se erguía para ver las cañadas. Las cascadas de los alrededores eran de agua cristalina y que, a pesar del embate cultural que vivimos, un grupo de jóvenes se habían reunido para organizar campañas de educación, preservación de la cultura totonaca, diversificación de cultivos y desarrollo comunitario. Teníamos que conocer ese lugar.

Emprendimos la visita bordeando Puebla, con una bellísima escala en Cuetzalan para desayunar, para llegar a nuestra cita con el presidente municipal de Zozocolco. Dejamos atrás los poblados asombrándonos cada vez que el camino se asomaba por alguna de las tantas verdes cañadas. Dejamos el español por el náhuatl y después por el totonaco sin comprender una palabra excepto un cálido ‘buenas tardes’ recíproco. En el camino nos encontramos con templos en arrecifes, miradores mágicos y riachuelos destellantes.

Zozocolco nos recibió con la fachada de una ciudad que dormitaba a medio día. Policía vigilando, hombres mirando desde los portales de la calle principal, mujeres cuchicheando en voz baja y un calor húmedo incesante. Dimos una vuelta al pueblo para hacer tiempo y notamos que el único que faltaba por llegar a esta joya totonaca era Telcel. Se veía el claro ejemplo de que todos somos consumidores de lo mismo, a pesar de las distancias, culturas e ideales ancestrales. Sin tener Internet, contamos la existencia de tres cafés de computación en donde, por lo general, los estudiantes llegaban a hacer sus tareas bilingües. También, notamos el reciente esfuerzo por mejorar la infraestructura física del pueblo así como la propaganda de los patrocinadores nacionales, indigenistas, estatales y municipales.

Con gran calidez, el grupo de jóvenes del cual nos habían platicado nos acompañaron intercambiando experiencias sociales y preguntas sobre nuestro proyecto. Al parecer, este grupo era cultural, social y políticamente muy activo al grado de que el actual presidente municipal era su líder. Se mostraron perspicaces e interesados en lo que nosotros estamos haciendo y conforme nos fuimos conociendo, logramos establecer un intercambio de posibilidades natural, abierto y propositivo. El potencial se descubrió evidente tanto para ellos como grupo de jóvenes con un ferviente deseo de expresarse y colaborar con su comunidad por medios audio-visuales, como para nosotros como proyecto habilitador de grupos sociales.

Al concluir la primera sesión de presentación, un voluntario del grupo se ofreció como guía y nos hospedó en el único (aunque casi en obra negra) hotel del pueblo, nos alimentaron en la casa de algún pariente y nos sugirió que nos cambiáramos para ir a las cascadas. Ante eso último, el budista compró un atuendo de gringo en vacaciones y yo el de renegado de los noventa. Caminamos por el pueblo y después por algunos potreros para después adentrarnos en la cañada. Poco a poco se comenzaba a escuchar el ruido del agua hasta que minutos después llegamos a un paraíso casi intacto. Un río aparentemente de bajo caudal bajaba por la cañada para unirse a la desembocadura de una serie de pequeñas cascadas. Algunas familias disfrutaban del agua cristalina aventándose por las cascadas cual toboganes y chapoteando en las lagunas que formaban. Nosotros recorrimos el río asombrados de la belleza del lugar.

Parecía como si no hubiera pasado el tiempo cuando sentimos las primeras gotas de lluvia. Sería imposible llegar secos al pueblo otra vez así que optamos por alejarnos de las cascadas principales y regresar a aquellas menores que rodeaban una pequeña laguna. Ante el inminente aguacero, escondimos las cámaras bajo una piedra y saltamos a la laguna. En ese instante, una tormenta se precipitó tan fuerte que era más agradable estar nadando en las lagunas que bajo la lluvia. El budista y yo movimos nuestros puerquitos para hacer todas esas acrobacias que los niños (con mayor soltura, gracia y ligereza … por supuesto …) disfrutan cuando hay trampolines naturales y pozas profundas de agua de manantial.

Ya cansados de tanto chapotear y casi ciertos de que la lluvia no se detendría jamás, optamos por regresar al pueblo. Caminamos río arriba hasta donde habíamos llegado. Encontramos un pequeño techo y enguanto le enviamos un último vistazo a ese maravilloso cauce, se escuchó un a lo lejos que aumentaba fuertemente. Las familias que se resguardaban en el techito se alarmaron cuando una señora gritó ‘ahí viene la creciente’. Volteamos hacia el río para ver que olas de un metro de alto bajaban torrencialmente por el río arrastrando todo lo que se les ponía en frente. Asombrados por ese poderosísimo fenómeno natural habíamos omitido nuestra resucitación hasta que un señor se acercó para preguntar ‘¿hace cuánto que subieron?’. El budista se puso pálido y exclamó en palabras santas ‘… dos minutos más y nos lleva la chingada …’. Un niño que se nos quedaba viendo lo corrigió: ‘se llama la creciente … y está juerte … ira, ahí va un tronco’.

De vuelta al pueblo, las familias platicaban historias de cómo cauces aparentemente bajos ‘luego’ se llevaban autos y casas enteras. El budista mantuvo su color a susto y en las siguientes horas, casualmente, nuestros ejemplos sobre educación y concientización social tuvieron que ver con agua, turistas y protección civil.

29.07.08 – 5 historias, 5 vidas …

En casi treinta años de trabajar con mujeres de comunidades cafetaleras veracruzanas, AUGE ha ido reforzando su estrategia basada en los microcréditos a señoras hacia la rama de la comunicación social y el desarrollo de capacidades locales. Hoy en día, es difícil tener certeza de cuánto pueden habilitar las tecnologías de información y comunicación a estas labores sociales, pero por algo, alrededor del mundo muchos de nosotros estamos tratando de reforzar el uso de estas herramientas. Y casi después de tres meses de haber trabajado con este grupo de jóvenes orientado al trabajo con señoras y jóvenes de la comunidad de Teocelo, Veracruz, fuimos invitados a un evento muy especial.

Me encargué de sacar a Drako de su caverna y a Cajita de su escritorio para que nos acompañaran a la presentación de la primera radionovela con fines sociales que está hecha por y para las comunidades del centro del estado. Nos recibieron con la zarza, tazas de café y amabilidad de siempre. Aproveché para cerrar las conclusiones de mi intervención como asesor de planeación estratégica para proyectos sociales que tienen contemplados para este año y cuando llegó la hora, nos sentamos en una formación de herradura semi-escolar. Al centro se notaba el cartel visualmente-casero que leía “5 historias, 5 vidas”, título de la radionovela que nuestros compañeros presentaban a la comunidad de micro-crédito y a nosotros. Presenciamos emotivos agradecimientos de quienes participaron en la elaboración de los 10 capítulos de este brazo educativo que, tocando elementos de concientización sobre temas de salud, sexualidad, migración, género y derechos civiles, busca sensibilizar a jóvenes y adultos de la región. Escuchamos un capítulo de la radionovela que sirvió para que los asistentes quedáramos expectantes por escuchar los siguientes capítulos y aumentara la atención para el discurso final de Alfredo, mismo que platicó de todos los temas relacionados a nuestro proyecto que cumplieran con los siguientes requisitos: ser ininteligibles para los asistentes, generar alamar a los presentes de las malévolas intenciones de Microsoft, presentar la mayor cantidad de temas nuevos a un auditorio de una zona cafetalera y entusiasmar a todos por el gran trabajo que se había realizado.

El evento no concluyó ese día después de los maravillosos tamales hechos por la señora que fungía como la voz de la ‘abuelita de Pepe’.  Todos nos llevamos una copia de la radionovela y al pasar los días hubo reacciones interesantes. Una tarde, escucho risas en la caverna. Al asomarme, sólo veo a Drako que voltea hacia mi con sorpresa cuando de repente se escuchan esas voces familiares interpretando a los personajes de la novela. Días después, en mis viajes a la capital, me llevo el CD de la novela conmigo. Me acerco a la gasolinera y noto que el señor gasolinero toca a mi ventana. Al parecer no podía apagar el auto hasta que supiera qué pasaría a ‘Lupita’. Y justo el trágico caso de ‘Lupita’ desata una discusión en la oficina ya que, como le pegaban en su casa y ella no decía nada, había muchas formas en las que se podía recomendar que la niña tratara de superar su situación. Y si eso no fuera poco, en una travesía carretera, el budista y yo analizamos la psicología de ‘Lupita’ y hasta de sus padres, para ver si, en verdad, el final de su historia era el adecuado. Y por más que anotamos las observaciones de producción, guión, educación y comunicación social, regresábamos a hablar de los personajes como si fueran del barrio.

Y ahora sigue la parte más complicada. Debemos entregar un análisis de retroalimentación técnico para que este material sea continuado y, poco a poco, se vuelva un intento mucho más formal de comunicación y concientización social. La cosa es que este análisis será difícil por la complejidad de temas a revisar. He aquí algunas interrogantes: ¿Hasta qué punto se debe de intervenir en el guión de una organización que conoce mejor las necesidades locales? ¿Quién determina el límite de ñoñéz de un personaje? ¿Qué cursos de capacitación debemos impartir para que los siguientes productos educativos sean de mayor calidad? ¿Cómo se le dice a un locutor improvisado que le salió ‘muy artificialísima’ su intervención? ¿Se debe promover el apoyo en las instituciones en México? ¿Cómo promovemos los ejercicios de dicción con el lápiz en la boca sin que se ofendan? ¿Cómo se plantea en un episodio de diez minutos la compleja situación de un adolescente incierto por su sexualidad? ¿Es necesario llevar la expresión de equidad de género a todas y todos ó tod@s a costa del idioma y la narrativa? …

19.07.08 – Manteniendo el entusiasmo II

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Nos sentamos a la mesa y me cuestioné (en silencio, por aquello de la diplomacia): ¿Cuál es el punto de reunir a una bola de personas desconocidas a sudar dentro de un espacio claustrofóbico mientras algún neo-chamán new-age balbucea discursos aprendidos sobre los dioses prehispánicos a los que a casi nadie de los presentes significan algo? ‘Mantener el entusiasmo’, respondió Dalí. (¿Me habrá escuchado el pensamiento?) Yo quedé ahí sentado con una mirada de incredulidad y expectativa. Y el plan era sencillo y a mi sólo me detenían mis prejuicios anti movimientos new-age adulto-pachecos. Acepté con una sola condición que decía: “… pero no vamos a invitar a mi papá porque nos patea nuestros jipiosos traseros …”.

En el fondo, estaba muy expectante. Hace varios años que no participaba en un temazcal. Y, esta vez, además del contexto social interesante y el movimiento que estamos impulsando en promoción de la divulgación de instrumentos musicales metálicos, sería una de las muy pocas personas en el mundo que atestiguaría el sonido de un arpa metálica dentro del temazcal. Así que me armé de valor, desperté temprano, compré cerveza y me di cita en un espacio new-age burgués-comunitario a la salida de Xalapa. Me recibieron los habitantes de este predio que ha sido conservado como terrenos de vivienda bajo un concepto de preservación de la naturaleza muy fraternal. En poco tiempo, empezaron a calentar las piedras y surgieron los personajes esos de caricatura-temascal con tal de bendecir todo lo bendecible y humear todo lo humeable. Después de saludar a los puntos cardinales y someterme a una ahumada, entré al horno como si fuera una pizza prehispánica.

Todo fue simpático por los primeros 10 minutos hasta que empezaron las alabanzas y ese incómodo malestar que sentimos quienes no fuimos dotados con suficiente trasero. Mis residencias espirituales fueron rápidamente vencidas por la necesidad de salvación terrenal inmediata (o mínimo un colchoncito para el seder). Traté de invocar a los invocables y cuando llegó mi turno (siempre he odiado las presiones sociales) para decir lo que decían, no pude evitar soltar un pequeño cascarrillo sobre la ahumación y una frase político-semi-manipuladora que afortunadamente fue interpretada como un acto de entrega a Ometéotl.

Pasó el tiempo y mi escasa carnita se fue acostumbrando a la madre tierra así como mi espíritu atraía fervientemente esos rocíos con agua de temperatura menor a los 70ºC. Justo cuando estaba por aislar mi ser de los ahí presentes y sus intentos para justificar su existencia, abrieron la puerta. Mantuve la cordura que me había llevado a ese lugar y evité ser el primero en salir corriendo en búsqueda de aire sin toxinas ajenas. Se hizo la luz y cual iguana me tiré al pasto. Un orf (supongo, ya que era demasiado alto y peludo para ser angelito) se apareció del cielo y dejó caer líquido celestial (muy parecido al agüita de la alberca) sobre mi. Empecé a creer en lo que fuera.

Minutos después siguieron dos sesiones más de temazcal para que todo el rito se volviera la ejecución al pie de la letra de una receta prehispánica de gordit@s en su jugo. El objetivo de la sesión se cumplió cuando, dentro del horno, se escuchó el encantador sonido de un arpa metálica. Esa primera canción de semejante exótico instrumento siendo tocado dentro de ese espacio me hicieron olvidar mi sed, ganas de ir al baño (nunca entendí porqué … ya había sudado todo…) y creciente alucinación de los cánticos grupales new-age. Hasta ahí fue una experiencia mágica. Lástima que ese impulso new-age que hace que los adultos media edad en búsqueda de sí mismos los traduzca en pequeñuelos come-flores que cantan cánticos espirituales cual campamento de verano y, aún peor, interpretan estos místicos tamborcitos cual sonaja infantil.

En fin, mi entusiasmo tuvo sus aventuras y si no hubiera sido por el arpa, los cubetazos de agua helada, escuchar el arpa bajo el agua y las chelas de la comida, esta historia no habría tenido tanto encanto. El entusiasmo de los demás no sólo se mantuvo, si no que está en aumento al grado de que el futuro de un instrumento exótico será monumentalmente visible en muy poco tiempo.

1 August, 2008

12.07.08 – Manteniendo el entusiasmo I

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Este es el inicio de otra historia. Algunos de sus aventuras serán descritas aquí. Y como este post es simplemente su prólogo, la historia misma, y por supuesto, su final están aún por ser desenmascarados.

Unas semanas atrás, Dalí (el muerto no, sino el que se parece a Goofy), me había comentado sobre el proyecto místico-mágico-metalúrgico-musical que involucraba a un arpa, una arpista y el acero inoxidable como material de construcción. Era necesario, para creer toda esta aventura, tener un poco más de evidencia sobre esta locura. Se hablaba de que el instrumento podía ser tocado bajo del agua y en temascales, que eran las primeras arpas en el mundo hechas de acero, y que sus poderes de comunicación sonora con mamíferos acuáticos eran igual de poderosos que sus impactos en ejercicios de sanación no-convencional. En estas pláticas, y aún sin conocer al escultor y la arpista, yo había dado mis opiniones y recomendaciones sobre las posibilidades que un proyectos así, si es que contaba con el sustento mágico, natural, metalúrgico, sonoro y artístico que se mencionaba, podía tener. Lo único que podía hacer era llevarme a México una copia pirata del único testimonio de la interpretación para que mi papá se asombrara, al igual que yo, de ese instrumento y sonido.

Días después, Dalí me llama a la oficina preguntando si hablaba a la ‘torre de control donde unos locos están por despegar’. Cajita no dudó un instante que el hombre que había llamado estaba hablando al teléfono correcto y me comunicó la llamada. En esa llamada elucubramos el plan titulado ‘que no baje el entusiasmo’. Y constaba en irrumpir en la oficina del director del Instituto Superior de Música (y director artístico de la Sinfónica Juvenil de Veracruz) para hablar del arpa y mantener el entusiasmo necesario para que, tan solo, se hicieran composiciones para este inédito instrumento, se realizara la presentación mundial del arpa en Xalapa y se construyera un arpa monumental de más de cuatro metros de alto.  

Y así fue. Llegamos al Instituto entre una tormenta terrible. Nos recibió el Maestro (término que he acuñado en el ambiente musical aunque siento un cierta injusticia ante la discriminación contra los ‘Maestros en Ciencias’, pero bueno …) y platicamos por más de una hora. Resultó ser un señor comprometido por la juventud, la naturaleza, y por supuesto, la música. El entusiasmo se incrementó al grado de que ya se están documentando las propuestas y haciendo contactos para emprender estos tres proyectos monumentales. Al parecer este es el primer paso sólido, nos reunimos una vez más y la charla se volvió más mística y musical ahora con la bellísima compañía de la arpista y el escultor. Y si va todo como va, en poco tiempo habrá una revolución entrono a este instrumento divino.

04.07.08 – Sobre la unión espontánea de seres extraños …

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Dicen por ahí que el primer paso es aceptarlo. El segundo, supongo, es promoverlo. Y los pasos sucesivos seguramente serán mucho más divertidos.

Desde que me dedico a hacer proyectos de tecnología para el desarrollo social y ambiental entre matemáticos, diseñadores, tecnólogos, biólogos, fotógrafos e informáticos, todo se ha vuelto normal. Hace unos días, mi jefe se chutó un propedéutico sobre ‘multi-disciplinariedad’ para los prospectos de la maestría en desarrollo sustentable. En una de esas sesiones, fui invitado a participar y sólo resumí el tema con una invitación a visitar nuestras instalaciones. A finales de esa semana, interrumpió una junta de equipo una chavita que se presentó como maestra de matemáticas, con profesión en física y con actuales estudios en astronomía y desarrollo sustentable. Todo tenía sentido. Fue bienvenida con la consigna de que diera validez a la animación de cursos de matemáticas contextualizados en una jungla tropical.

Días después, tuvimos una junta con el director de las escuelas normales del estado. El señor llegó acompañado de un grupo de tres jóvenes que no rebasan los treinta años. En la junta, todos dijeron sus opiniones y cuestionaron nuestro proyecto. Al final, ofrecimos café y resolvimos los problemas del planeta entero entre sorbitos y aroma a Coatepec. Y como una junta de trabajo tiene que terminar en algún momento, sonó el teléfono y todos nos dimos cuenta que era hora de continuar nuestra jornada laboral. Nos despedimos con dejando una pequeña invitación a este equipo de jóvenes normalistas a que nos acompañaran en nuestros tradicionales seminarios quincenales sobre temas clave en disciplinas tan cercanas y distantes como tecnología, desarrollo, diseño y educación.
 
Hoy, después de una eterna presentación ante el supremo jurado de los importantes, se acercó un tipo desconocido. Charlamos de intrascendencias mientras un personaje estaba a nuestro lado. Justo cuando partió, seguramente empujado por esa vibra que aleja a los que no deben estar donde los otros sí, me toma del brazo el tipo desconocido. Me comentó que era director de algo que no recuerdo y, eso sí lo recuerdo con claridad, que quería que su equipo conociera a su equipo bajo la justificación poco lingüísticamente articulada que “son igualitos a ustedes”. Ante este lamentable destino, también serán invitados a nuestros seminarios quincenales.

27.06.08 – MUJAMming: Jazz, grabaciones y una experiencia única…

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Sabíamos que la oportunidad de escuchar a un dueto de los mejores músicos de jazz tocando en una sala (de casa y de grabación) para un selectísimo público sería una experiencia singular. También, habíamos ponderado los riesgos que este experimento llevaba consigo. El azar perseguiría cada segundo de grabación indicando cuando esos ladridos, cláxones y vociferaciones arruinarían una toma. Y la apuesta se mantuvo en la libertad y el destino que sólo la espontaneidad clandestina le da al jazz.

El sueño se volvió realidad. Dos grandes del jazz mexicano, Enrique Nery y Aarón Cruz se dieron cita en MUJAM A.C. volcando una sala de conciertos en una sala de un hogar. Interpretaron joyas de la música mexicana y estándares de jazz en una formación atípica: duetos de piano y contrabajo. Y este experimento continuó por cuatro sets en dos días que serían grabados para posteriormente producir DVDs y CDs del ciclo completo de 10 duetos. Al curiosear entre las grabaciones, tuvimos que preguntar cosas que generalmente se salen del contexto de un estudio de grabación: ¿Se grabaron los ladridos? ¿Ese zumbidito, era el refrigerador que se nos olvidó apagar, verdad? ¿Si uso mi cámara, se escucharán los disparos? A fin de cuentas, al escuchar lo grabado, todos nos sentamos con calma y una gran sonrisa en el rostro… Algo grande puede quedar grabado aquí …

También, hay que decir que la cristalización de sueños nunca se da de la manera como estos se imaginaron. Agustín había vislumbrado la escena futurística que involucraba a que los melómanos de jazz de la Ciudad de México llegaran a una extraña puerta de un vecindario del sur de la ciudad, tocaran en ella y saliera un hombre extraño preguntándoles su clave. La respuesta sería sencilla, ‘Bill Evans’ o ‘Xamán’ haría que el hombre de la puerta revisara su lista y los dejara pasar. Esta nostalgia en-vida que quería revivir el sentimiento subterráneo neoyorquino de fines de los 50s, a fin de cuentas, se vio aplastado por la complejidad cotidiana chilanga que hace imposible planear, depositar una pequeña suma de manera anticipada y lograr el anonimato en una colonia.

MUJAMming es tan sólo el comienzo de un experimento jazzístico y social. Por primera vez se realiza un proyecto jazzístico que abiertamente no tiene fines de lucro, en una sala (de casa, pero también de conciertos), con el suficiente anonimato para que se mantenga a un publico selecto, con la calidez para que los asistentes prueben café veracruzano en las tazas donadas por otros asistentes, con músicos mexicanos de distintos orígenes y trayectorias, con la ausencia de ese muro entre músicos y audiencias, con un segundo set musical acompañado de brownies caseros, con el apoyo de varios voluntarios que están ahí siempre por el amor al swing y con la intención única de que el jazz en México crezca, abarque nuevos horizontes, se abran oportunidades para los jóvenes y que impulse a los experimentados hacia la trascendencia.