05.11.2008 – Pozole Roof Jazz
Conocí a Marianita a principios de año. Recuerdo bien ese momento. Yo aún exploraba Xalapa y atendía cualquier invitación o pista de evento musico-cultural que se presentaba bajo mi nariz. Esa ocasión, llegué al Refugio bajo el chisme de que todos los martes, cada quince días, se juntaban a echar el jam los chavitos del diplomado de jazz. Movido por la curiosidad y los primeros intentos de creación de MUJAM, me senté en un banquito a ver cómo Marianita tocaba una improvisación muy salsa-pastorious con un instrumento que era prácticamente de su estatura. Después, demostró el mismo swing con el contrabajo echándose un estándar de bop. Al terminar la música, me acerqué preguntándole si ya tenía club de fans y los trámites para formar parte del él. Ese club se formó ese mismo día y hoy ya cuenta con más diez fans.
Jam tras jam, el club de fans religiosamente se reunía con Marianita en cualquiera de los palomazos xalapeños para echar chelas y hablar de jazz (obviamente). En una de esas pláticas me comentó que su sueño era tocar en una azotea. Yo anoté el dato y días después, en esos momentos en donde la cabeza debe de estar focalizada en lo que se está haciendo en es preciso instante, todos los elementos se unieron para visualizar un magno toquín azoteero. Quince días después, el club de fan llegó con Marianita a decirle que ya tenía azotea, fans e inversionistas para este magno evento y que sólo faltaba la banda. Ella me dejó hablando sólo y regresó minutos después con una alineación talentosamente equivalente a los primeros años de la Big Band de Duke Ellington, pero en versión Xalapa. Todo estaba listo.
Pasaron varios meses de típico chacoteo y escaramuza organizativa latinoamericana hasta que nos pusimos un ultimátum: el roof jazz jam debía ser antes de fin de año. Tantos meses habían transcurrido que la alineación jazzística había olvidado por completo el compromiso y el club de fans (ahora ya no sólo de una persona) exigía que se realizara semejante evento. Fijamos una fecha y se apareció el elemento que coronaría la trascendencia de este jam: el pozole. ¡Claro! ¡Ahora todo tenía sentido! ¿Qué más se puede pedir en esta vida que un jam jazzero con los mejores músicos under-23 de México comiendo un exquisito pozole en una de las azoteas que dan al parque principal de Xalapa?
Y así sucedió:
El reloj marcó las 22.30hrs. Encontré a Máster Vic llegó a casa de JQ, pasamos por una segunda cazuela a casa de Cajita y nos dirigimos al puesto de pozole. La señora sirvió (sin que su olla mágica bajara de nivel) doce litros de uno de los más maravillosos pozoles rojos que ha probado el ser humano, cargamos bolsas de tostadas, pasamos por cervezas y a las 21hrs comenzamos a recibir glotones, melómanos musicales y talentosos músicos. A las 22hrs la batería, percusiones, amplificadores y hasta el teclado del director del diplomado de jazz (no le digan a nadie que lo pidieron prestado sus alumnos para treparlo en una azotea) tenían vista al Parque Juárez. La casa se llenó de olor pozolero y minutos después, el centro de la ciudad se inundó de jazz, salsa-jazz y cualquier fusión musical que contenga mucho swing, sabor y virtuosismo.