Yo Mero

1 January, 2009

15.12.08 – Psyco-zetoia

Filed under: ReCuentos

A mediados de este año, los zetas llegaron a Xalapa. Estaban por todos lados. Los rumores hablaban de todas las fechorías que se cometían a diario a su nombre. Niñas robadas en antros, riquillos asaltados a punta de cañón, secuestros de generaciones enteras de alumnos, clientelismos obligados a comerciantes y alimentación a base de niños vivos. Las señoras, aterradas, se reunieron con dotaciones extemporáneas café y galletitas para comentar, horrorizadas, el Apocalipsis que la ciudad estaba atravesando. Los niños y adolescentes dejaron a un lado al obsoleto Coco para ponerle historias al Zeta.

Habrán pasado cerca de tres meses. Casualmente, le pregunto al budista (fuente principal para mi sensibilización xalapeña en temas relacionados a las clases medias) sobre la amenaza zeta. No había cambiado mis hábitos de vida en absoluto y quería simplemente saber si mi ausencia de la ciudad había aumentado mi expectativa de vida. El budista soltó una carcajada diciendo que, días atrás, lo mismo le había preguntado a una de las señoras más aterradas de toda la ciudad. La señora le respondió, confiada y serena, que

Llegué a la majestuosa Ciudad de México. Rápidamente, el primer y cuasi-único tema de conversación familiar fueron los multi-citados zetas. Al parecer, cual gremlins, estos seres del mal tenían sometidos a comerciantes, directores de escuela, policías, amas de casa y empresarios de todos los municipios del norte y oriente de la Ciudad (que a cálculo de buen calculador, suman más de cinco millones de personas, o siete Xalapas). Los malévolos anécdotas y correos electrónicos que nos llegaban por quintas personas, sonaban igual a los que habían quitado la libertad a todas esas señoras xalapeñas hace algunos meses. No había ningún trazo o personificación de un Zeta lo que los hacía más poderosos que el archirival más perverso de cualquier historieta del viejo oeste o super-héroes. Prueba de esto es el efecto que estos antagonistas de la vida diaria están teniendo sobre las personas comunes y corrientes. Como muestra está un atentado a mi propia vida.

Regresé del aeropuerto cerca de la media noche de un sábado. Saqué mi auto del garage y fui a dejar a Melo a su casa. A mi regreso, Trish se salió a olfatear los arbustos previamente orinados por otros perros. Guardé mi auto, preparé sincronizadas y salí a la calle para silbarle a Trish que regresara a casa. Con mi segunda sincronizada en mano, volví a chiflar y llamarle a Trish que entrara a la casa. Mientras veía como Trish caminaba hacia mi con el olfato en el piso y la cola ondeando, escuché un par de sonidos cerca de ahí. Trish entró a la casa, apagué el sartén sincronizadero y me fui a dormir ignorando completamente lo que me enteraría una semana más tarde. Los dos sonidos habían sido los disparos al aire que mis vecinos de la casa de a lado soltaron debido al pánico que la presencia de un joven y un perro habían provocado.

Aquel correo electrónico que fotoshopea a Mazinger Z en el centro de Xalapa hubiera sido un buen marco de referencia para explicar la disculpa que mi vecina le fue a dar a mi madre por haberle disparado a su hijo. Mi vecina es una señora con la que hemos compartido pared y hojas regadas de un eucalipto por cerca de diez años además de haber sido mi alumna durante mi adolescencia. No tenemos mucha comunicación, pero me atrevo a asegurar que sabe cuando estamos o no, cómo son nuestras mascotas y quienes somos. Aunque, supongo que debo de ser cauteloso con mis aseveraciones. Uno nuca sabe el punto en el que un ser humano se ciega de su entorno sustituyéndolo por noticias alarmistas, propaganda gobiernista y la informadísima opinión de la comadre y el señor de la tiendita.

05.12.08 – Pollu-green

Me gusta el verde. No lo puedo evitar. Me reí en aquella película en donde Bruce Willis peleaba contra su edad (había perdido ya todo su cabello y estaba por perder su movilidad) y el patiño de la historia acuñó la frase ‘super green’. Muchos de los artefactos que me han rodeado en la vida han sido … (¡adivinaste bien!) verdes. E inclusive, a pesar de mis confrontaciones con mis amigos eco-extremistas de la adolescencia, represento (personal y profesionalmente) una fantástica organización que promueve el desarrollo sustentable.

Así que dar conferencias en seminarios y ferias eco-sutenta-verdes ha resultado ser de mi agrado. Esta ocasión, tocó echar un rollo (más informativo y menos predicador) en la feria europea de tecnologías para el desarrollo sustentable. Aproximadamente ochenta mil asistentes en cuatro días se dan cita para ver lo último de equipo, maquinaria e innovaciones para que el ser humano pueda seguir su vida capitalista sin inmutar sus ritmos de consumo sin afectar tanto al medio ambiente. Había tecnologías fantásticas, como los prototipos de enfriadores y lámparas orgánicas que los centros de innovación japoneses presumían. No obstante, los destellos de esperanza tecnológica eran abrumadoramente sepultados por toda la maquinaria tradicional pintada de verde para que gobiernos, industrias perversas y despistados consumieran.

Ante ese contexto, añadí una lámina a mi presentación. Una voz de la sociedad civil de un país en vías de desarrollo (y receptor mediocremente malintencionado de tecnología) tenía que cuestionar si todos esos camiones diesel para recoger toneladas de basura en ciudades eran la solución. O si la incipiente industria del plástico biodegradable debía ser considerada como exitosa si su mayor cliente son los fabricantes de armamento europeo (sí, los franceses están produciendo granadas biodegradables para no contaminar tanto África y el Medio Oriente). Pero, al parecer, éramos pocos los que coincidimos en que muchas de las soluciones al deterioro ambiental deben ser combatidas a través del uso racional de recursos, disminución del consumo en general y un desacelere en el crecimiento económico (indicador hegemónico del éxito de un gobierno o una corporación) global. Los representantes de la industria energética brasileña justificaron los proyectos de construcción de plantas hidroeléctricas y eólicas en la selva amazónica como única medida para que su país pudiera alcanzar tasas de producción, exportación, consumo interno y crecimiento económico equiparables a los países de Anglo-Norteamérica y Europa.

Corajes aparte, mantuve mi posición como ONG progresista evitando la confrontación y tratando de sembrar semillas de alarma, conciencia e información en personas que pueden ser clave dentro de proyectos regionales, locales e, inclusive, comunitarios o estudiantiles. Tomé mi transporte aéreo (como cualquier ecologista que se respete en un contexto internacional) y regresé a mi país asombrado de todos los productos verdes que llenan las tiendas y duty-frees europeos. Hay diseños jocosísimos de cartón y papel reciclado (en China o India) para cualquier oficina. Arte de desperdicios para que las nuevas generaciones concientes puedan usar sus bolsas, impermeables y muebles satisfechos de que, a pesar de haber sido trasladados a Europa del Este o China para su ensamble, representan los restos de productos de consumo tirados a la basura. Textiles e indumentaria fashion firmados por diseñadores que muestran como se retoman telas o patrones de tejido indígena acompañados de una foto chantajista de alguna mujer feliz en el desierto o un niño esquelético con mirada tierna. Y, por supuesto, mucha tinta verde como arma de apaciguamiento de conciencias para alentar el consumo. 

¿Vivimos una moda verde? Si el verde está en la apariencia y no en el entendimiento de las responsabilidades y consecuencias del ciudadano como consumidor, corremos el gran riesgo que iniciativas auténticas, estructuradas y propositivas (ej. comercio justo, cálculo de la huella de carbono, cadenas productivas locales autosuficientes, ecotecnias, transporte de información en lugar de personas, centros de reciclaje y re-uso local, etc.) sean banalizadas perversamente por la influencia de mensajes superficiales de quienes buscan generar demanda de consumo masivo de artefactos dispensables.
Warner Channel te desea una verde navidad.