Yo Mero

28 February, 2009

16.02.09 – From pollutants to chicken

Llega a ser complicado organizar conferencias sobre innovación tecnológica para el medio ambiente. Y aún más cuando no se es experto en celdas fotovoltáicas, gasificación de plasma, sistemas micro electro-mecánicos o motores híbridos. Y aún (al cuadrado) más cuando uno decide ser el ponente y se tiene un límite de tiempo para conocer lo último del mercado, ciencia y funcionamiento de cada una de las chunches consideradas como la próxima salvación del mundo. Así que opté por pedir ayuda a Emi, que sin dudarlo tomó tema por tema, excavó en libros y la red aprendiendo el funcionamiento más básico de la química, mecánica, biología y electrónica de cada aparatejo. Con el apoyo psicológico de contar con un aliado intelectualmente sólido, decidí empujar la difusión de la conferencia.

Sería una conferencia como la que suelo organizar cada quince días. Nada fuera de lo habitual sólo que esta vez, el experto invitado sería el promotor, conferencista, acarreador, técnico instalador y experto en el tema. Así que exprimí los tiempos de los procesos creativos del diseñador para generar un collage vistoso de fotos que acompañarían a un título rimbombante para que, juntos, fueran pegados como parte de carteles poco-sustentables por la ciudad. Las leyendas principales del cartel hablaban sobre conceptos trascendentales para nuestra especie, tales como tecnología y medio ambiente. El color rosa posicionaba la conferencia como un resumen de uno de los eventos más importantes del mundo. Y las imágenes de los prototipos más llamativos de vehículos de carga con motor híbrido harían de cualquier incauto, un tecnólogo interesado.

Emi y yo terminamos nuestra fase de preparación. La ñoñez en su pleno esplendor preparada para asombrar a pubertos ignorantes y doctores en física cuántica bajo con unas simples líneas de conocimiento traducido a vocabulario pedestre. Imágenes llamativa pretendían hacer de un monstruo de presentación de casi cien megas un gozo para quien nunca pelará el contenido de una exposición. Y, lo más importante, tener esa paz espiritual que representa saber que nunca más se retocará esa presentación.

Distantes, llegamos a observar como algunos jóvenes se acercaban a los carteles con rostros interesados con una pizca de interrogación. Me acerqué para saber si irían a la conferencia y respetuosamente me dijeron que harían todo lo posible. Noté que reprimían un chacoteo interno así que insistí preguntándoles si les interesaba el tema de tecnología para el medio ambiente. Les platiqué que describiríamos algunas tecnologías que se estaban promocionando en el mundo para el control de contaminación o polución (tratando de hacer alusión al título de la feria). Una joven entonces frunció el ceño. Hubo un silencio. Y otro preguntó “¿y los pollos?”.

Entonces, no pude mentir más. Expliqué que la conferencia no sería sobre tecnología y polución, sino de una carrera mundial de pollitos cibernéticos disfrazados. Cada país había seleccionado a sus mejores científicos para engendrar a sus mejores cyber-pollos con el fin de que fueran incansables, graciosos y veloces como sólo un pollo genéticamente biónico lo podía ser. Mi posible audiencia insistió en no quererme creer lo de los pollos así que no me quedó más remedio que decirles que el único lugar donde podrían ser testigos de semejante fenómeno sería ese mismo día en la conferencia de las 5pm.

12.02.09 – Confesiones de un sotolero

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En agosto le dejé pagados dos litros a la señora de la tienda. Prometí regresar por ellos después de la fiesta ya que si me los llevaba en ese momento, conociendo a la banda, hubieran peligrado muchísimo. Ese día siguiente llegó y partí de Xochitlán con el sol en la cara y sin el menor recuerdo de mi compra no recogida.

Casi seis meses después llegó a mi casa lo equivalente a aquella compra olvidada. Una botella de dos litros de refresco con un líquido verde plasmado de un olor a hierbas. Decían en Xochitlán que es bueno para la salud aunque hay quienes llegan a sufrir estragos a corto plazo, tales como dolores de cabeza al siguiente día. La botella se quedó una semana en mi refrigerador incitando esa intriga incómoda a quien visita de vez en cuando y metichea en refrigerador ajeno volteando a ver al habitante con cara de “¿qué demonios es ese líquido verde?”. Uno que otro se atrevió a preguntar pero sólo JQ lo probó.

Cuando me di cuenta, yo ya era un asiduo sotolero. Empecé a tener conversaciones con otros que gozan de las mismas costumbres. Hasta escuché testimonios de quienes no pueden dormir sin antes ‘echarse un sotolito’. Me mantuve fiel a mi bebida verde ante la propaganda de otras similares con maracuyá y moras. Al intercambiar anécdotas, yo me mantuve ajeno a todo comportamiento que, asemejara de la mínima forma, el abrir el refri para servirme un poco. Y cuando llegué a ser visto haciéndolo, con una exclamación de seguridad personal, argumenté que era muy benéfico para la digestión, especialmente después de cenar en abundancia. Con dignidad aparente, mezquinamente lo ofrecía a los invitados con ganas de que nadie tomara un solo sorbo.

Así han pasado los días. Afortunadamente la botella parece intacta y el aroma impregnante a hierbas sigue alejado del de la fermentación. Ese sabor amargo ha sustituido al café después de la cena volviéndose buen compañero para el trabajo nocturno y las nostalgias provocadas por la distancia.

27 February, 2009

07.01.09 – autocinemauto

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Hay cosas que, a través del paso del tiempo, uno debe afrontar con madurez, serenidad y abnegación. Una de ellas es asumir, el evidente paso del tiempo, cuando se platica con un escuincle. Y no porque el paso de tiempo sea traumático para los que estamos en la parte ‘vieja’ de la balanza, sino que cuando uno se da cuenta, ya es demasiado tarde y ni como echarle la culpa al escuincle metiche que pregunta: ¿qué es un autocinema?.

Ante la pregunta, mi hamster corrió hacia el portal de Google más cercano antes encontrándose con un recuerdo. Existía un monolito en el periférico norte cuando yo tenía la misma edad del escuincle preguntón. Según mi memoria, ese monolito era un autocinema. Mi segundo pensamiento fue una asociación de conceptos y la imagen del autocinema de los Picapiedra*. Entonces, interrumpí a un tío que estaba tratando de explicarle al escuincle sobre autocinemas hablándole de películas de Henry Bogart y modelos de autos de finales de los 60ta para preguntarle al niño si había visto Los Picapiedra. El niño cambió de actitud: de esa mirada cínica que sólo se da cuando un escuincle ejerce su supremacía ante un grupo de adultos leeeentos, a esa mirada de incomprensión total cuando, de plano, no sabe si algo en su malévolo plan de juego con adultos salió mal o de plan los adultos están totalmente chiflados. Me volteó a ver respondiendo “creo que alguna vez vi a un primo grande viendo esa caricatura”.

La situación se complicó. Haciendo cálculos, el escuincle era demasiado joven para haber sido concebido en una ida a un autocinema en aquella era cuando no había televisión a color. Tampoco había visto Los Picapiedra. Y el tío insistía en que la imagen de James Dean sería su mejor arma didáctica. Para complicar todo aún más, alguien entró a la plática con una fantástica sugerencia pedagógica: etimologías**. “¿Qué es ‘auto?” preguntó esa voz académicamente soberbia. El escuincle se pitorreó de toda la situación diciendo todas las babosadas que le pasaron por la cabeza. “¿Qué es cinema?” continuó preguntando la angelical voz que nunca se dio cuenta que era la mofa de un escuincle más listo que todos los presentes. Para entonces, el tío hablaba de cómo los que servían refrescos y palomitas nunca podían arreglar el pésimo sonido de las bocinas en los autos dentro de los autocinemas. Un despistado que cayó a la plática aseveró confundido, que nadie iba a esos lugares a ver las películas.

Minutos después, le recomendé al escuincle que buscara el tan controversial término en Wikipedia y se dejara de juegos. Me levanté por café y de vuelta a la mesa vi al escuincle jugando con un aparatito de video juegos portátil cuyo modelo y marca no es de mi generación ***. Y no pude evitar hacer una ñoñísima reflexión etimológica-quántica sobre si un autocinema de este milenio era ver una película en el trasero de la cabecera del asiento delantero de la camioneta de la madre de familia. En ese caso, al parecer existe la justicia ante todo: aunque el monolito haya sido demolido hace más de 20 años, Satélite sigue lleno de autocinemas.

* … hmm … resulta interesante hacer la liga entre un espacio recreativo de los años 70`s recordado por una caricatura ubicada en la edad de piedra que asocio con un complejo citadino de los años 80ta …
** … que yo sepa, sólo los muy ñoños entienden etimologías cuando las enseñan en la escuela … en la naturaleza urbana, es algo que se va dando en cuanto el pensamiento del ser humano se va deshaciendo, poco a poco de las idióticas y rígidos mecanismos autómatas de nuestros modelos educativos en base a la memorización …
*** … ¿qué diría si le digo ‘Gameboy’?

10.01.09 – Imaginarios de inicio de año

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Saber lo que la gente piensa es complicado. Saber lo que la gente dice es algo más fácil. Hay quienes se fijan en lo que dice y escribe la gente en espacios públicos para luego llegar a conclusiones sobre qué temas son los que viven dentro de las mentes populares. A fin de este año, el concepto más mencionado en Internet fue “Obama”. Luego le siguieron términos menos optimistas, tales como “crisis financiera” y “calentamiento global”.

Llegar a la conclusión que establece la figura de un individuo como lo más mencionado (¿ y también, pensado?) en el mundo es bastante directo. Aunque, también es directo, observar la cantidad inmensa de parafernalia y afiches con la cara del candidato presidencial gringo que inundaron los medios, los espacios públicos y la red a final del año pasado. Fue lo de entonces (aunque sigue siéndolo hoy) para interpretaciones inteligentes, babosas, superficiales, críticas, escépticas, entusiasmadas o negativas. Y dentro de contextos políticos, esto representa capital, mismo que si no se tiene un presidente desequilibrado con botas, se utiliza para generar presión en temas críticos para lograr esos cambios estructurales que en un país democrático son difíciles de condensar si no se tienen un aplastante respaldo popular.

¿Sucede lo mismo con las otras palabras más populares del 2008? ¿La gente tiene una posición sobre la crisis financiera y el calentamiento global? ¿Si todos mencionamos tanto estos fenómenos, quiere decir que estamos informados? Hubo varios medios que afirmaron que la población mundial estaba conciente de ambos fenómenos. Otros medios dijeron que simplemente era preocupación extrema. Y pocos otros se preocuparon por no llegar a conclusiones como la que los gringos están concientes de lo que implica (incluye lo que ellos hacen todos los días para contribuir) el calentamiento global.

Casualmente me encontré algunos podcasts de tecnología y medio ambiente de finales del 2006. Ahí, también se mencionó “calentamiento global” como unos de los conceptos más escuchados del año. En ese entonces, las elecciones parlamentarias gringas posicionaron a los demócratas en el Congreso. En el 2007, el mismo fenómeno cayó en popularidad a pesar pésima temporada de esquí que sufrió Europa. De todas formas, las emisiones de carbono de los países que conforman todas esas opiniones públicas siguieron su fiel aumento periódico de casi 2% anual.

Seguramente un buen tema de posgrado para alguien que no quiera trabajar por cinco años sería el estudio de imaginarios colectivos correlacionados con su real introspección y reflexión de consecuencias. Así, podríamos explicar las repercusiones del ‘continous partial attention’, el zapping y el análisis sociológico basado en ‘highlights’ en la conciencia y acción colectiva. Pero como los datos y encabezados siempre son interesantes, podemos vernos creativos para hacer ‘webart’.