Yo Mero

28 February, 2009

16.02.09 – From pollutants to chicken

Llega a ser complicado organizar conferencias sobre innovación tecnológica para el medio ambiente. Y aún más cuando no se es experto en celdas fotovoltáicas, gasificación de plasma, sistemas micro electro-mecánicos o motores híbridos. Y aún (al cuadrado) más cuando uno decide ser el ponente y se tiene un límite de tiempo para conocer lo último del mercado, ciencia y funcionamiento de cada una de las chunches consideradas como la próxima salvación del mundo. Así que opté por pedir ayuda a Emi, que sin dudarlo tomó tema por tema, excavó en libros y la red aprendiendo el funcionamiento más básico de la química, mecánica, biología y electrónica de cada aparatejo. Con el apoyo psicológico de contar con un aliado intelectualmente sólido, decidí empujar la difusión de la conferencia.

Sería una conferencia como la que suelo organizar cada quince días. Nada fuera de lo habitual sólo que esta vez, el experto invitado sería el promotor, conferencista, acarreador, técnico instalador y experto en el tema. Así que exprimí los tiempos de los procesos creativos del diseñador para generar un collage vistoso de fotos que acompañarían a un título rimbombante para que, juntos, fueran pegados como parte de carteles poco-sustentables por la ciudad. Las leyendas principales del cartel hablaban sobre conceptos trascendentales para nuestra especie, tales como tecnología y medio ambiente. El color rosa posicionaba la conferencia como un resumen de uno de los eventos más importantes del mundo. Y las imágenes de los prototipos más llamativos de vehículos de carga con motor híbrido harían de cualquier incauto, un tecnólogo interesado.

Emi y yo terminamos nuestra fase de preparación. La ñoñez en su pleno esplendor preparada para asombrar a pubertos ignorantes y doctores en física cuántica bajo con unas simples líneas de conocimiento traducido a vocabulario pedestre. Imágenes llamativa pretendían hacer de un monstruo de presentación de casi cien megas un gozo para quien nunca pelará el contenido de una exposición. Y, lo más importante, tener esa paz espiritual que representa saber que nunca más se retocará esa presentación.

Distantes, llegamos a observar como algunos jóvenes se acercaban a los carteles con rostros interesados con una pizca de interrogación. Me acerqué para saber si irían a la conferencia y respetuosamente me dijeron que harían todo lo posible. Noté que reprimían un chacoteo interno así que insistí preguntándoles si les interesaba el tema de tecnología para el medio ambiente. Les platiqué que describiríamos algunas tecnologías que se estaban promocionando en el mundo para el control de contaminación o polución (tratando de hacer alusión al título de la feria). Una joven entonces frunció el ceño. Hubo un silencio. Y otro preguntó “¿y los pollos?”.

Entonces, no pude mentir más. Expliqué que la conferencia no sería sobre tecnología y polución, sino de una carrera mundial de pollitos cibernéticos disfrazados. Cada país había seleccionado a sus mejores científicos para engendrar a sus mejores cyber-pollos con el fin de que fueran incansables, graciosos y veloces como sólo un pollo genéticamente biónico lo podía ser. Mi posible audiencia insistió en no quererme creer lo de los pollos así que no me quedó más remedio que decirles que el único lugar donde podrían ser testigos de semejante fenómeno sería ese mismo día en la conferencia de las 5pm.

1 January, 2009

05.12.08 – Pollu-green

Me gusta el verde. No lo puedo evitar. Me reí en aquella película en donde Bruce Willis peleaba contra su edad (había perdido ya todo su cabello y estaba por perder su movilidad) y el patiño de la historia acuñó la frase ‘super green’. Muchos de los artefactos que me han rodeado en la vida han sido … (¡adivinaste bien!) verdes. E inclusive, a pesar de mis confrontaciones con mis amigos eco-extremistas de la adolescencia, represento (personal y profesionalmente) una fantástica organización que promueve el desarrollo sustentable.

Así que dar conferencias en seminarios y ferias eco-sutenta-verdes ha resultado ser de mi agrado. Esta ocasión, tocó echar un rollo (más informativo y menos predicador) en la feria europea de tecnologías para el desarrollo sustentable. Aproximadamente ochenta mil asistentes en cuatro días se dan cita para ver lo último de equipo, maquinaria e innovaciones para que el ser humano pueda seguir su vida capitalista sin inmutar sus ritmos de consumo sin afectar tanto al medio ambiente. Había tecnologías fantásticas, como los prototipos de enfriadores y lámparas orgánicas que los centros de innovación japoneses presumían. No obstante, los destellos de esperanza tecnológica eran abrumadoramente sepultados por toda la maquinaria tradicional pintada de verde para que gobiernos, industrias perversas y despistados consumieran.

Ante ese contexto, añadí una lámina a mi presentación. Una voz de la sociedad civil de un país en vías de desarrollo (y receptor mediocremente malintencionado de tecnología) tenía que cuestionar si todos esos camiones diesel para recoger toneladas de basura en ciudades eran la solución. O si la incipiente industria del plástico biodegradable debía ser considerada como exitosa si su mayor cliente son los fabricantes de armamento europeo (sí, los franceses están produciendo granadas biodegradables para no contaminar tanto África y el Medio Oriente). Pero, al parecer, éramos pocos los que coincidimos en que muchas de las soluciones al deterioro ambiental deben ser combatidas a través del uso racional de recursos, disminución del consumo en general y un desacelere en el crecimiento económico (indicador hegemónico del éxito de un gobierno o una corporación) global. Los representantes de la industria energética brasileña justificaron los proyectos de construcción de plantas hidroeléctricas y eólicas en la selva amazónica como única medida para que su país pudiera alcanzar tasas de producción, exportación, consumo interno y crecimiento económico equiparables a los países de Anglo-Norteamérica y Europa.

Corajes aparte, mantuve mi posición como ONG progresista evitando la confrontación y tratando de sembrar semillas de alarma, conciencia e información en personas que pueden ser clave dentro de proyectos regionales, locales e, inclusive, comunitarios o estudiantiles. Tomé mi transporte aéreo (como cualquier ecologista que se respete en un contexto internacional) y regresé a mi país asombrado de todos los productos verdes que llenan las tiendas y duty-frees europeos. Hay diseños jocosísimos de cartón y papel reciclado (en China o India) para cualquier oficina. Arte de desperdicios para que las nuevas generaciones concientes puedan usar sus bolsas, impermeables y muebles satisfechos de que, a pesar de haber sido trasladados a Europa del Este o China para su ensamble, representan los restos de productos de consumo tirados a la basura. Textiles e indumentaria fashion firmados por diseñadores que muestran como se retoman telas o patrones de tejido indígena acompañados de una foto chantajista de alguna mujer feliz en el desierto o un niño esquelético con mirada tierna. Y, por supuesto, mucha tinta verde como arma de apaciguamiento de conciencias para alentar el consumo. 

¿Vivimos una moda verde? Si el verde está en la apariencia y no en el entendimiento de las responsabilidades y consecuencias del ciudadano como consumidor, corremos el gran riesgo que iniciativas auténticas, estructuradas y propositivas (ej. comercio justo, cálculo de la huella de carbono, cadenas productivas locales autosuficientes, ecotecnias, transporte de información en lugar de personas, centros de reciclaje y re-uso local, etc.) sean banalizadas perversamente por la influencia de mensajes superficiales de quienes buscan generar demanda de consumo masivo de artefactos dispensables.
Warner Channel te desea una verde navidad.

30 December, 2008

26.11.08 – Guayaquil como testimonio

Si alguna vez has ido a Campeche (city), seguramente comprenderás estas líneas. Otra opción es utilizar la imaginación (aunque es preferible añadirle un toquecito visual de Campeche).

Guayaquil, Ecuador es una ciudad bendecida por el progreso y las buenas costumbres. Originalmente, una ciudad comerciante con interesantes historias de piratas y bandoleros, la segunda metrópolis ecuatoriana es un ejemplo de cómo hay hipótesis populares que siguen siendo cuestionadas y que sólo una visita aguda las puede comenzar a documentar. Así, que iniciando con una visita en el guayal-turi-bus y finalizando con una ligera escalinata hacia el faro del centro del poblado, llego a las siguientes conclusiones.

Realidad 1: Lo naco es chido y entre más neón, más chido.
Construir la identidad de una ciudad a inicios de este milenio es una tarea definitiva para los conceptos de la estética. Me puedo imaginar las discusiones entre diseñadores, arquis, inges, políticos, busines-influyentes y demás metiches durante el trazo de la imagen del Guayaquil del siglo XXI. Habría que mostrar el progreso a toda costa, hacer espacios públicos, atraer el turismo, ostentar las ventajas del comercio y representar un vanguardismo tal que fuera acogido por la población y la iglesia. Con todo esto en mente (supongo), hoy se transita por la ciudad entre parques y plazas con juegos para niños. El malecón une espacios públicos con el tradicional mercado pesquero transformado en un monumento para lujosos banquetes que muestra a lo lejos un McDondald’s en forma de barca. En el horizonte, el centro histórico resplandece con luces de colores que adornan el viejo faro e iglesia que, cubiertos de luces neón y vigilados por piratas de fibra de vidrio, pintan un marco al buen gusto (hasta el Pepito del altar tiene lucecitas Made in China).

Realidad 2: Los niños juegan si hay parques.
Pero no todos los colores resplandecen cual artefacto seductor de insectos. Guayaquil tiene muchos parques. Y cada parque tiene juegos de colores alegres y divertidos. Y los niños, consecuentemente, habitan esas estructuras metálicas, resbaladillas intrépidas y areneros bajo el sol de la mitad de globo terráqueo. Y no me sorprende que los niños jueguen, ni que existan juegos de colores, sólo que la combinación resulta (contraria a la lógica) desafiar los protocolos sociales de un chilango. ¿O será que no recuerdo que Campeche tuviera tantos juegos infantiles (o niños, para el caso)? Pero el punto es que si hay niños, espacio y juegos de colores, las nuevas generaciones pueden convivir como niños (concepto ya anticuado) en lugar que como gringos gorditos frente a un monitor.  

Realidad 3: El turibús, como primer paso hacia el progreso.
A fines del verano, llegó a los provincianos rumores xalapeños que esa distinguida capital del estado veracruzano contaría con un turibús. A muchos se les hicieron brillantes los ojos frente a lo que significaba. Yo sólo me mofé chilangamente del tema desconociendo por completo el trasfondo del evento. El segundo evento de recepción en Ecuador (el primero fue un juguito de papaya con otra frutita tropical) fue subir a esa distinguida delegación mexicana que representábamos a un turibús. No sólo podríamos conocer la ciudad en una hora, si no que, por siempre recordaríamos que Guayaquil tiene un turibús. Orgullosos, los locales saludaron a los que tomábamos fotos en piso superior descapotado del vehículo. Los pasajeros saludamos de regreso y tomamos fotos pero siempre con una ligera alerta ante el peligro de ramas y puentes al nivel de nuestras nuestras cabezas.

Realidad 4: La prepotencia es una cortesía (para algunos).
Salí corriendo de mi cuarto de hotel al autobús que trasladaría a la delegación del congreso de un hotel a otro. Mi retraso menor se interpretó como puntualidad ante el contexto latinoamericano que llegaba de quince a veinte minutos tarde. Tomando esto en cuenta, los organizadores calcularon un trayecto de cinco minutos entre hoteles sin importar el tráfico de la ciudad ya que una amable escolta policíaca se encargaría de detener a cualquier ciudadano con el fin de que los exquisitos representantes de las organizaciones civiles latinoamericanas pudieran llegar a su sede con el caché digno de lo que no-representamos. Con la inocencia y bondad que nos caracteriza, el primer día pensamos que alguien realmente importante necesitaba esa imponente escolta. Al segundo día, nos dimos cuenta que los arbitrarios éramos los mismos plebeyos que luchábamos por los derechos y vida de los seres menos favorecidos y sistemas ecológicos de nuestra estropeada Latinoamérica. Preguntamos la razón de semejante incoherencia. Al parecer, fue una cortesía de nuestro anfitrión, el alcalde de Guayaquil.

30 October, 2008

27.10.2008 – Dilemas de la interacción con la interactividad

En las ciudades medianas de provincia dominadas por los aparatos gubernamentales y estructuras universitarias espesas, muchas veces nos podemos encontrar con una abundancia de ideas que deambulan por canales reducidos sin encontrar un espacio para sentirse escuchadas y enriquecerse con las palabras de los demás. Nosotros aprovechamos esta ausencia de espacios libres, abiertos y comunes de intercambio de ideas para exportar a una ciudad entera nuestras tradicionales conferencias internas. La apuesta es sencilla pero ambiciosa: invitar a conferencistas que planteen pensamientos vanguardistas sobre el desarrollo sustentable, la educación, la tecnología y el diseño con el fin de sembrar semillas intelectuales, provocar discusiones (internas y colectivas) y forjar una comunidad itinerante multi-disciplinaria.

La tercera conferencia de este ciclo tenía por tema “Paradigmas de la interactividad en la educación y el arte”. El problema surgió al darnos cuenta de un aprendizaje colectivo: los títulos rebuscados les gustan a los promotores pero ponen en jaque a los diseñadores (¿qué imagen podía acompañar ese título?). Los diseñadores tomaron su orgullo cual estandarte y se pusieron a crear. Los ingenieros nos fuimos de fin de semana. Pero fue justo en el trayecto hacia la ausencia laboral del fin de semana cuando llegó un rayo de iluminación creativa se fusionó con la crisis financiera. En la autopista México-Puebla repasaba mentalmente nuestro precario flujo de efectivo con tal de plantearme un reto creativo-financiero: ¿Qué diseño representa la interactividad si no se tiene dinero para comprar los tóner que necesitamos para imprimir los carteles?

La respuesta constó en realizar un experimento que, afortunadamente, fue aprobado por nuestro conferencista invitado. La idea no era nada del otro mundo, simplemente lanzar a la ciudad carteles interactivos. Ante ese planteamiento, los tecnólogos hablaban de censores y páneles digitales mientras que los diseñadores se me quedaban viendo con cara de profunda desaprobación. El punto era que (ante el evidente gruñido del diseñador), el papel o el pdf fuera el espacio de interactividad y, ante eso, sólo aquellos interactuantes con esos medios inertes se volverían creadores. Así que imprimimos carteles a tinta negra con una pleca institucional y la invitación de la conferencia dejando un espacio enorme vacío en el centro. Conscientes de las barreras entre el papel y el hombre, en algunos casos se escribieron instrucciones precisas tales como “interactúa” o “¿qué tienes en mente?” y se dejaban crayolas colgando del cartel. En otros casos, le dimos un empujoncito a la interactividad pegando públicamente carteles con un garabato o dibujo (eso calmó la insurgencia diseñadora). El cartel interactivo mantenía el mismo concepto, el cursor actuaba como plumón para que se pudiera dibujar sobre el cartel mismo.

Una vez inundada la ciudad, expectantes, esperamos que aparecieran las reacciones.  Había una expectativa relevante por saber cómo reaccionarían los estudiantes de diseño y arte ante una hoja en blanco. Y en menos de un día, llegaron las primeras reacciones dado que quitaron los carteles justo en la institución huésped de la conferencia porque sus alumnos, en lugar de expresarse artísticamente, aprovecharon el espacio para escribir leperadas y exigir que las promesas del director escolar se volvieran realidad. Mi respuesta fue políticamente correcta al evitar poner de nueva cuenta carteles en blanco ante futuros diseñadores en una escuela de paga. Por otra parte, en la institución artísticamente rival, se mantuvo el silencio respetuoso a la hoja en blanco. Vimos que una crayola se mecía intacta haciendo sombras en un papel blanco que destacaba entre la guerra de carteles xalapeños. Y cuando alguien dibujó algo, la polémica surgió en cuanto a la violación del cartel, el respeto a los espacios públicos y la pasividad social.

Días antes de la conferencia, en distintos puntos de la ciudad, la falta de interactividad fue una constante. Vimos carteles mínimamente rayados que estaban pegados sobre una pared grafiteada. Ante las pocas palabras escritas, llamaba la atención que sólo un par de carteles contaban con frases completas o escritos. Y en estas, nos surgió la duda de saber porqué la gente escribe “no sé qué escribir” como cuando le preguntan a alguien que diga algo y responde “algo”.

En fin, la conferencia abordó temáticas interesantes de la evolución del uso y entendimiento de la interactividad en el arte y educación. Los carteles desataron paradigmas educativos sobre la relación entre nosotros y una hoja de papel en blanco. Y en el arte, únicamente aquellos carteles que tuvieron algún tipo de autorización para ser rayado, alojaron aproximaciones artísticas interesantes. Al final de la conferencia, nos quedamos platicando con la única asistente que había llegado ese día únicamente atraída por el cartel. Nos veía confundida hasta que preguntó “pero … hay algo que no entiendo … ¿todos ustedes qué tienen en común?”.

7 August, 2008

06.08.08 – Zozocolco creciente

Entre Papantla y Cuetzalan está Zozocolco. A este corazón totonaca se puede llegar sólo por brechas cuasi-pavimentadas o helicóptero. Nos contaban que entre las tres montañas guardianes del pueblo, sólo una iglesia de piedra caliza se erguía para ver las cañadas. Las cascadas de los alrededores eran de agua cristalina y que, a pesar del embate cultural que vivimos, un grupo de jóvenes se habían reunido para organizar campañas de educación, preservación de la cultura totonaca, diversificación de cultivos y desarrollo comunitario. Teníamos que conocer ese lugar.

Emprendimos la visita bordeando Puebla, con una bellísima escala en Cuetzalan para desayunar, para llegar a nuestra cita con el presidente municipal de Zozocolco. Dejamos atrás los poblados asombrándonos cada vez que el camino se asomaba por alguna de las tantas verdes cañadas. Dejamos el español por el náhuatl y después por el totonaco sin comprender una palabra excepto un cálido ‘buenas tardes’ recíproco. En el camino nos encontramos con templos en arrecifes, miradores mágicos y riachuelos destellantes.

Zozocolco nos recibió con la fachada de una ciudad que dormitaba a medio día. Policía vigilando, hombres mirando desde los portales de la calle principal, mujeres cuchicheando en voz baja y un calor húmedo incesante. Dimos una vuelta al pueblo para hacer tiempo y notamos que el único que faltaba por llegar a esta joya totonaca era Telcel. Se veía el claro ejemplo de que todos somos consumidores de lo mismo, a pesar de las distancias, culturas e ideales ancestrales. Sin tener Internet, contamos la existencia de tres cafés de computación en donde, por lo general, los estudiantes llegaban a hacer sus tareas bilingües. También, notamos el reciente esfuerzo por mejorar la infraestructura física del pueblo así como la propaganda de los patrocinadores nacionales, indigenistas, estatales y municipales.

Con gran calidez, el grupo de jóvenes del cual nos habían platicado nos acompañaron intercambiando experiencias sociales y preguntas sobre nuestro proyecto. Al parecer, este grupo era cultural, social y políticamente muy activo al grado de que el actual presidente municipal era su líder. Se mostraron perspicaces e interesados en lo que nosotros estamos haciendo y conforme nos fuimos conociendo, logramos establecer un intercambio de posibilidades natural, abierto y propositivo. El potencial se descubrió evidente tanto para ellos como grupo de jóvenes con un ferviente deseo de expresarse y colaborar con su comunidad por medios audio-visuales, como para nosotros como proyecto habilitador de grupos sociales.

Al concluir la primera sesión de presentación, un voluntario del grupo se ofreció como guía y nos hospedó en el único (aunque casi en obra negra) hotel del pueblo, nos alimentaron en la casa de algún pariente y nos sugirió que nos cambiáramos para ir a las cascadas. Ante eso último, el budista compró un atuendo de gringo en vacaciones y yo el de renegado de los noventa. Caminamos por el pueblo y después por algunos potreros para después adentrarnos en la cañada. Poco a poco se comenzaba a escuchar el ruido del agua hasta que minutos después llegamos a un paraíso casi intacto. Un río aparentemente de bajo caudal bajaba por la cañada para unirse a la desembocadura de una serie de pequeñas cascadas. Algunas familias disfrutaban del agua cristalina aventándose por las cascadas cual toboganes y chapoteando en las lagunas que formaban. Nosotros recorrimos el río asombrados de la belleza del lugar.

Parecía como si no hubiera pasado el tiempo cuando sentimos las primeras gotas de lluvia. Sería imposible llegar secos al pueblo otra vez así que optamos por alejarnos de las cascadas principales y regresar a aquellas menores que rodeaban una pequeña laguna. Ante el inminente aguacero, escondimos las cámaras bajo una piedra y saltamos a la laguna. En ese instante, una tormenta se precipitó tan fuerte que era más agradable estar nadando en las lagunas que bajo la lluvia. El budista y yo movimos nuestros puerquitos para hacer todas esas acrobacias que los niños (con mayor soltura, gracia y ligereza … por supuesto …) disfrutan cuando hay trampolines naturales y pozas profundas de agua de manantial.

Ya cansados de tanto chapotear y casi ciertos de que la lluvia no se detendría jamás, optamos por regresar al pueblo. Caminamos río arriba hasta donde habíamos llegado. Encontramos un pequeño techo y enguanto le enviamos un último vistazo a ese maravilloso cauce, se escuchó un a lo lejos que aumentaba fuertemente. Las familias que se resguardaban en el techito se alarmaron cuando una señora gritó ‘ahí viene la creciente’. Volteamos hacia el río para ver que olas de un metro de alto bajaban torrencialmente por el río arrastrando todo lo que se les ponía en frente. Asombrados por ese poderosísimo fenómeno natural habíamos omitido nuestra resucitación hasta que un señor se acercó para preguntar ‘¿hace cuánto que subieron?’. El budista se puso pálido y exclamó en palabras santas ‘… dos minutos más y nos lleva la chingada …’. Un niño que se nos quedaba viendo lo corrigió: ‘se llama la creciente … y está juerte … ira, ahí va un tronco’.

De vuelta al pueblo, las familias platicaban historias de cómo cauces aparentemente bajos ‘luego’ se llevaban autos y casas enteras. El budista mantuvo su color a susto y en las siguientes horas, casualmente, nuestros ejemplos sobre educación y concientización social tuvieron que ver con agua, turistas y protección civil.

29.07.08 – 5 historias, 5 vidas …

En casi treinta años de trabajar con mujeres de comunidades cafetaleras veracruzanas, AUGE ha ido reforzando su estrategia basada en los microcréditos a señoras hacia la rama de la comunicación social y el desarrollo de capacidades locales. Hoy en día, es difícil tener certeza de cuánto pueden habilitar las tecnologías de información y comunicación a estas labores sociales, pero por algo, alrededor del mundo muchos de nosotros estamos tratando de reforzar el uso de estas herramientas. Y casi después de tres meses de haber trabajado con este grupo de jóvenes orientado al trabajo con señoras y jóvenes de la comunidad de Teocelo, Veracruz, fuimos invitados a un evento muy especial.

Me encargué de sacar a Drako de su caverna y a Cajita de su escritorio para que nos acompañaran a la presentación de la primera radionovela con fines sociales que está hecha por y para las comunidades del centro del estado. Nos recibieron con la zarza, tazas de café y amabilidad de siempre. Aproveché para cerrar las conclusiones de mi intervención como asesor de planeación estratégica para proyectos sociales que tienen contemplados para este año y cuando llegó la hora, nos sentamos en una formación de herradura semi-escolar. Al centro se notaba el cartel visualmente-casero que leía “5 historias, 5 vidas”, título de la radionovela que nuestros compañeros presentaban a la comunidad de micro-crédito y a nosotros. Presenciamos emotivos agradecimientos de quienes participaron en la elaboración de los 10 capítulos de este brazo educativo que, tocando elementos de concientización sobre temas de salud, sexualidad, migración, género y derechos civiles, busca sensibilizar a jóvenes y adultos de la región. Escuchamos un capítulo de la radionovela que sirvió para que los asistentes quedáramos expectantes por escuchar los siguientes capítulos y aumentara la atención para el discurso final de Alfredo, mismo que platicó de todos los temas relacionados a nuestro proyecto que cumplieran con los siguientes requisitos: ser ininteligibles para los asistentes, generar alamar a los presentes de las malévolas intenciones de Microsoft, presentar la mayor cantidad de temas nuevos a un auditorio de una zona cafetalera y entusiasmar a todos por el gran trabajo que se había realizado.

El evento no concluyó ese día después de los maravillosos tamales hechos por la señora que fungía como la voz de la ‘abuelita de Pepe’.  Todos nos llevamos una copia de la radionovela y al pasar los días hubo reacciones interesantes. Una tarde, escucho risas en la caverna. Al asomarme, sólo veo a Drako que voltea hacia mi con sorpresa cuando de repente se escuchan esas voces familiares interpretando a los personajes de la novela. Días después, en mis viajes a la capital, me llevo el CD de la novela conmigo. Me acerco a la gasolinera y noto que el señor gasolinero toca a mi ventana. Al parecer no podía apagar el auto hasta que supiera qué pasaría a ‘Lupita’. Y justo el trágico caso de ‘Lupita’ desata una discusión en la oficina ya que, como le pegaban en su casa y ella no decía nada, había muchas formas en las que se podía recomendar que la niña tratara de superar su situación. Y si eso no fuera poco, en una travesía carretera, el budista y yo analizamos la psicología de ‘Lupita’ y hasta de sus padres, para ver si, en verdad, el final de su historia era el adecuado. Y por más que anotamos las observaciones de producción, guión, educación y comunicación social, regresábamos a hablar de los personajes como si fueran del barrio.

Y ahora sigue la parte más complicada. Debemos entregar un análisis de retroalimentación técnico para que este material sea continuado y, poco a poco, se vuelva un intento mucho más formal de comunicación y concientización social. La cosa es que este análisis será difícil por la complejidad de temas a revisar. He aquí algunas interrogantes: ¿Hasta qué punto se debe de intervenir en el guión de una organización que conoce mejor las necesidades locales? ¿Quién determina el límite de ñoñéz de un personaje? ¿Qué cursos de capacitación debemos impartir para que los siguientes productos educativos sean de mayor calidad? ¿Cómo se le dice a un locutor improvisado que le salió ‘muy artificialísima’ su intervención? ¿Se debe promover el apoyo en las instituciones en México? ¿Cómo promovemos los ejercicios de dicción con el lápiz en la boca sin que se ofendan? ¿Cómo se plantea en un episodio de diez minutos la compleja situación de un adolescente incierto por su sexualidad? ¿Es necesario llevar la expresión de equidad de género a todas y todos ó tod@s a costa del idioma y la narrativa? …

8 July, 2008

13.06.08 – Dos lugares … una expresión

Viernes a mediodía. Un personaje que fusiona la imagen de Dalí con Goofy entra buscándome a la oficina. Escombramos los micro-chips, partes de lámparas, libros de biología, alambres y controles de Wii que estaban en la mesa con tal de lograr tener un poco de espacio para tener nuestra reunión. Robotín se mantuvo inexpresivo con la mirada fija a todas esas pantallas bicromáticas con las que interactúa. Detrás de mí se escuchaba una discusión sobre la incongruencia teórica entre diversos enfoques del uso de la tecnología para fines pedagógicos. En el sauna, se reían de la imagen de un chango que parecía oso colgado de la rama de un árbol, dentro de una pantalla que hospeda un curso interactivo de aritmética básica.

Comenzamos nuestra reunión. El tema era entusiasmante: tecnología que permitía transformar desechos humanos y aguas negras en materia prima para la generación de energía y abonos. Las propuestas de proyectos eran aún más ambiciosas e incluían volver sitios públicos urbanos en lugares sustentables ambiental y financieramente. Nuestras discusiones radicaron en la viabilidad de estos proyectos en contraposición a los sistemas políticos que generalmente dominan las decisiones sobre la toma de decisiones en temas trascendentes para la vida del ciudadano común. De poco en poco, JQ interrumpía nuestro pequeño caos posicionando una base de lámpara frente a nosotros. Yo no podía evitar imaginarme la animación de Pixar sobre la decapitación de esa pequeña lámpara saltarina. En fin, había que regresar al tema que estaba sobre la mesa …

Como suele pasar en estos contextos, justo cuando habíamos vencido la ineludible tentación de caer en la deseperanza, concluimos un plan para seguir tratando de hacer por lo menos algo maravilloso dentro de nuestro mundo. Pusimos punto final al inicio de cooperación entre seres extraños cuando JQ calibra el aparatejo que sustituía la cabeza de la pobre lamparita decapitada y comienza a dibujar en la pared electrónica. Dalí me voltea a ver, se levanta, toma una bocanada de aire y dice “este es un lugar maravilloso”. Todos nos le quedamos viendo, parpadeamos un poco y regresamos a lo que estábamos haciendo. El señor se sentó y comenzamos a platicar sobre su proyecto de construcción de varias arpas hechas de acero inoxidable, que fuera de un sonido majestuoso, al parecer, tienen una resonancia con la que se están haciendo experimentos de rehabilitación motriz y comunicación entre delfines.

Este día normal no había terminado. Llegué a la capital para el primer concierto de la recién creada asociación de músicos de jazz de México (MUJAM). Esa noche, el gran maestro Enrique Nery inauguraba un ciclo de veinte conciertos de piano y contrabajo para un público ultra selecto de máximo veinte personas por noche. Todos estábamos a la expectativa.

El primer set concluyó de una forma inimaginable. Clásicos de jazz, preludios histórico-musicales narrados con dulzura y una ejecución musical magistral. Literalmente, la sala de conciertos era la sala de una casa que tenía las puertas abiertas a todas las familias ahí presentes. Entro a la cocina por más agua de jamaica, intercambio unas palabras con los maestros Enrique Nery y Aarón Cruz y pretendo salir velozmente para seguir mesereando hasta que una mano fuerte me detiene del hombro. Volteo y el maestro dice al aire “este lugar es maravilloso”. Durante la siguiente hora de concierto no podía estar más de acuerdo.

23 May, 2008

08.05.08 – Sobre congresos, éxito y coherencias sustentables

De repente, uno se ve en posiciones y situaciones paradójicas. Se sabe porqué se está ahí y lo que debe de hacerse pero cuando se voltea al alrededor, se pueden llegar a las conclusiones más inesperadas. Y si se le da el enfoque preciso a estos momentos, todo puede aparentar coherencia y armonía.

Cuando se abrió la convocatoria para participar en el congresos de casos exitosos, nosotros levantamos la mano. Teníamos que estar ahí a pesar de nuestra juventud y carencia de evidencia de éxitos (por ahora). El simple hecho de tener la organización, equipo y actividades que nos conforma ya era un logro que trascendía muchísimas barreras. Los organizadores no lo vieron así sino hasta después de una justificación elaborada e incisiva.

Así que llegó el momento, un congreso se apoderó de una semana de nuestras vidas canalizando tiempo, recursos y mucho carbono. Como pasa en las sesiones dedicadas al desarrollo sustentable, los foros resultan ser extremadamente cómodos y eficientes. Todos los que estamos acostumbrados a vivir diario entre moscos, bichos, humedad y calor (que en nuestro caso, más que por el calentamiento global o el clima tropical, se debe más la ineptitud de algún arquitecto y los nuevos procesadores Intel de Mac que sirven para mantener el café calientito) nos juntamos en salones decorados con manteles, pósters impresos con harto cloro y mucho aire acondicionado. Todo para que las discusiones más interesantes se den entre gente discutiendo en un pasillo o en la sobremesa de alguna comida altamente carnívora. Y por si este marco contextual no fuera suficiente, como lo local es maravilloso si se presenta internacionalmente, hay que traer a gente volando por todo el mundo para que se vea la ‘internacionalidad’ del evento.

En fin, nosotros aprovechamos el foro para darnos a conocer (local e internacionalmente) y hacer muchas relaciones públicas. Al terminar mi ponencia, la reacción fue interesante al ver como los Linuxeros le ganaron la batalla a los comeflores al ser los primeros en abordar al pobre hombre que estuvo hablando por media hora bajo los reflectores de un salón de congresos. Cuando termina la semana, se da uno cuenta de que realmente no hizo nada pero reqeute agotado. También, si se toman las paradojas con sabiduría, se la puede pasar uno re-bien discutiendo de teología con compañeros ecologistas en las escaleras de un Oxxo establecido en la playa de la contaminadísima costa del puerto de Veracruz.

21 May, 2008

02.05.08 – AUGE

Finalmente llegó la fecha. Un mes antes habíamos tenido sesiones incansables de entrenamiento sobre temas que jamás se ven en un salón de clases tradicional. Pasaron por las mentes insaciables de seis brillantes chavos veracruzanos cursos de audio, video, pedagogía, diseño de métodos pedagógicos, talleres de creación de cursos educativos, fotografía y hasta mis aburridas intervenciones sobre esquemas de evaluación y monitoreo. Se había revisado el convenio y la organización anfitriona se comprometía a trabajar con nosotros haciendo lo que ellos siempre hacen pero ahora, basado en nuestro apoyo técnico, metodológico e institucional. Las expectativas eran grandes.

Nos vimos en la oficina en la tradicional sesión de los viernes. Podíamos notar algo raro dentro de nuestras entrañas pero decidimos evitarlo, poniéndonos a cargar cajas y guardando las máquinas que habían terminado su ciclo de prueba. Con todo en la cajuela, salimos de Xalapa, pasamos Coatepec y cuando el mundo se bifurca haciéndonos tomar esa decisión que han tomado todos alguna vez en la vida, giramos a la izquierda perdiéndonos entre las cañadas cafetaleras. El estrecho camino llega al punto en donde no hay vuelta hacia atrás y se debe pasar por un pequeño puente que tiene como imagen de bienvenida un altar que dispara listones de colores hacia el cielo generando la ilusión de que ese incauto puente puede escaparse entre sus colores por arriba de la cima de la cañada.

Llegamos a Teocelo y la ciudad nos recibió entre su tradicional niebla tropical. Tocamos la puerta y, amables como siempre, nos mostraron la entrada al patio principal de las instalaciones de esta organización social que, por casi treinta años, ha participado como una fuente de financiamiento, ahorro, capacitación y apoyo a miles de mujeres de esta zona en donde alguna vez se le apostó la vida al café. Un cartel de bienvenida escrito a mano nos daba una calurosísima bienvenida. Entre la calidez del clima y la gente, montamos el primer taller destinado a que una organización civil genere sus propios contenidos educativos y de comunicación por medio de tecnología multimedia. JQ instaló y terminó de configurar el sistema operativo Ubuntu (basado en Linux) y rápidamente Claudio tomó posesión de la máquina como uno de los operadores del taller que fungiría como usuario. Hubo discursos, botanas, agua de zarza (única en la región), chistes y muchas emotivas sonrisas.

Salimos de AUGE con esa satisfacción que se siente cuando se da un primer paso bien de la manera correcta, en la institución adecuada y en el momento justo. La red, en su versión basada en organizaciones sociales se empieza a tejer en la realidad. Lo demás está por venir con la fuerza de la oportunidad de construir una base que habilite a grupos de personas enfocadas a hacer algo por su propia sociedad.

19 May, 2008

13.04.08 – All is full of shit

Una característica del sub-desarrollo es que no funcione el drenaje. Otra, es que los responsables del drenaje te dijeran que ya había sido reparado. La otra es que les, eventualmente, la gente vive entre sus deshechos. Y una última es que aquellos que tenemos la fortuna de no vivir entre fecalismos, asistimos a conferencias en donde ‘expertos’ provientes de estas regiones ‘desarrolladas’ analizan las situaciones de aquellos que ‘viven’ entre la mierda.

Pocos momentos tiene uno para vivir todas experiencias en un fin de semana. Y este fue de esos conjuntos de momentos que si se planean, no salen. Resulta que regreso de Xalapa hacia nuestra bellísima capital para atender una conferencia de uno de los grandes gurús de la economía junto con el secretario de desarrollo social de nuestro país. Yo había recargado mis pilas para tolerar hasta tres horas de intensas relaciones públicas e iluminación neoliberal. A mi llegada, una imagen bíblica me acompañó haciendo un surco entre el caos vial de las ‘casi siete de la tarde’ para llegar en veinte minutos de la salida de Puebla hasta Avenida Reforma. Como suele pasar, el Señor Secretario se mandó disculpar por su ausencia y dejó al gringo hablando por dos horas. Mis pilas fueron abrumadas al tratar de no hacer corajes ante las maravillosas ponencias que se basaban en un estudio comparativo de países con muestras de calidad de vida y democracia entre 1970 y 2000 que concluían lo que ya sabemos que sí funciona y cuesta mucho trabajo consolidar. El amigo gurú también concluyó lo que ya sabemos que no funciona y que siguen insistiendo que sí funciona. Bueno, según él, el seguimiento de los indicadores de éxito se basan en el seguimiento del Real Estate. Y entre otros temas omitidos (medio ambiente, microeconomía, derechos humanos, etc.), según él, el empoderamiendo educativo por medio de la tecnología digital es una variable equiparable a las demás asociadazas a la infraestructura física, tipo el drenaje.

Al día siguiente reposé. Intercambiar tarjetas en sesiones de ‘networking’ es devastador no sólo físicamente. Los sucesos de la tarde fueron completamente comunes. El cielo se nubló y cayó el primer gran aguacero de la época de lluvias. Después de unas décadas de falta de mantenimiento y una chafísima desasolvada por parte del municipio de Cuautitlán Izcalli hizo que agua de lluvia se uniera con las aguas negras (práctica base del subdesarrollo y ampliamente ignorada por las políticas públicas por aquello de que no tienen nadita que ver con el mercado) en una tubería tapada. El drenaje siguió sus principios físicos y, junto a toda la cochinada que llevaba, optó por salir por las coladeras más cercanas, incluyendo las del patio y cuarto de servicio de casa de mis papás.

El domingo parecía tranquilo. La lluvia del día anterior había dejado el ambiente húmedo y fresco. Al dirigirme al cuartito de servicio para lavar mi ropita, no pude evitar gritar la expresión ‘mierda!’. En efecto, ahí estaba toda. Entonces, cual recreación tabasqueña, hubo que dedicar el domingo familiar a acompañar las aguas negras de la colonia hacia un lugar donde las infecciones de su natural podredumbre no causaran mayor daño. Mi espalda, no sé porqué, en cada paleada y carga de cubetas fútiles se la pasaron molestando a mi conciencia. ‘No molestes al gringo, que te llenan de mierda’.

31 March, 2008

30.03.08 – g-localismos…

Los nacionalismos están prácticamente muertos. No importa de dónde eres o dónde estés, sigues siendo una persona en el mundo cuyas afinidades pueden ser igual de similares a las de tu vecin@ de cuadra o continente. La tendencia va hacia polos opuestos: la mundialización y la localización. Pero como todo siempre es más complicado, esos conceptillos resultan reduccionistas ante lo que un ser humano entiende de sí todos los días. Estamos atrapados y las definiciones académicas (¿g-localización?) explican menos que los anécdotas de un domingo a medio día.

Los domingos abren las instalaciones de Radio UV para que productores locales puedan comercializar sus productos. Después de probar la miel AFPA, el Sr. Andrés Torres se convirtió en mi fiel dealer de miel. Aunque su producto es maravilloso, él prioriza el cuidado de sus abejas a las oportunidades de comercialización masiva. Llegó al punto de reflexionar sobre su vida, el bienestar de sus abejas y la calidad de su producto y decidió vender sin intermediarios en pocos espacios locales de venta y centrar su producto a la exportación de productos de calidad. Así que sólo puedo comprar miel los domingos en Radio UV.

Después de compara un litro de miel y tomarme un vaso de pulque natural*, me acerqué a una mesa que tenía bolsas de cartón reciclado, libros para biologuitos y copias de libros sobre técnicas comúnmente utilizadas en el desarrollo ambiental. Le pregunté a la anfitriona come-flores que quién era, de qué se trataba su puesto y si sabía dónde podía encontrar cartón reciclado con consistencia de opalina. Me respondió amablemente con el contacto de cartoneros, explicó que acababa de llegar a Xalapa para trabajar en temas de grupos sociales con actividades de desarrollo sustentable y era izcallense. Respondí con ironía que un izcallense no puede dejar su tierra así no más y esperaba que tuviera razones de peso para haberlo hecho. Estuvo de acuerdo pero aceptó que la Ciudad de México se había vuelto demasiado difícil y sus ambiciones profesionales en ondas de desarrollo sustentable la habían enviado a la capital veracruzana. Ya no abundamos más en el tema del orgullo izcallense porque era de esos sentimientos tácitos mutuos y nos quedamos de ver para discutir nuestros proyectos come-flores mundiales.

* Nota: consumir pulque antes del almuerzo representa un hábito sano y purificador; no signo alguno de alcoholismo

9 March, 2008

25.03.08 – de vuelta a Tapachula

Una evidencia de que ha pasado el tiempo es que tuve que sentarme a repensar cuándo fue la vez que fui a Tapachula. Habrá sido hace seis años o poco más. En aquél viaje, acompañe a mi prima a sondear las posibilidades de que hiciera sus estudios de campo en migración para su doctorado en sociología. De esa ocasión recuerdo la facha de la ciudad, los tamales de chipilín, el contacto con el quinto mundo cruzando la frontera, los intentos de conversaciones con polleros y un maratónico viaje en múltiples transportes populares por la sierra hasta San Cristóbal de las Casas.

Hace, también casi seis años que dejé de dar clases. Salir de la universidad me encaminó hacia la vida laboral de tiempo sobre-completo así como otras desafortunadas aventuras. Lo interesante es que, de alguna manera, extrañaba mis clases. Estoy seguro que en casi 7 años de dar clases aprendí más de lo que impartí (por el hecho mismo, no por la calidad del profesor … hago notar). Y no sólo a los temas lingüísticos que impartía, sino a cuestiones más sociales de esas que ni se pueden explicar.

Esta vez, me encuentro de vuelta en Tapachula, y curiosamente, invitado para impartir unas clases a los alumnos de maestría en desarrollo rural. Mi prima está ahí también, por segunda vez viviendo en esta ciudad en donde hay señalamientos hacia Guatemala como si indicaran para el centro, pero ahora como investigadora del ECOSUR. A mi llegada no hacía calor. Diez minutos después, ya estaba empapado y con peinado de la ‘pequeña Lulú’. Al entrar a la ciudad, no la reconocí hasta que los taxis empezaron a tocar su claxon como si fueran patos. Al parecer este ecosistema taxista es muy eficiente y económico, pero también muy ruidoso.

A dos horas de haber llegado y ya cubierto de sudor, comienzo mi primera clase. Bueno, mi objetivo era que fuera o una provocación o un experimento en lugar de una tradicional clase académica. Se trató de un poco de las anteriores posibilidades. Impartir una sesión sobre “Tecnologías de Información y Comunicaciones para el Desarrollo” resultó ser nada sencillo. Y más si la audiencia son biólogos, agrónomos y ecólogos. Si de por sí, es complejo establecer un marco teórico basado en la sociología de Castells en relación a las evidencias de las transformaciones sociales que están transformando como los seres humanos se relacionan a través de medios tecnológicos, un poco más si la audiencia es cuenta-hojas. Pero todo salió de forma interesante después de tener que aplicar amplias dosis de ironía, expresar hipotéticos puntos de vista radicales e insistir que los amiguitos dijeran lo que pensaban. Las conclusiones fueron varias: se valoró muy positivamente que se impartiera esa clase en un curso de maestría; con un poco de persistencia, cualquier persona puede identificar que las nuevas tecnologías nos están cambiando por lo que algo se puede hacer con ello, y; la juventud de nuestro país es fatalista y desesperanzada … hasta los que estudian Desarrollo.

El día siguiente comenzó bien, con un tamal de chipilín de desayuno y buen café. ¿Qué mas se puede pedir? Con gran humor comencé mis cuatro horas de sesiones dedicadas a introducir a mis amigos cuenta-patas al verdadero mundo de lo inevitable: planeación, propuestas, metodologías, presupuestos, cronogramas, análisis múltiples y, lo más temible de todo, procuración de fondos. Ni yo estaba preparado para tanto. Esperando que los ecólogos tuvieran noción de cómo hacer propuestas de proyectos y recibir financiamiento para que lograran salvar al mundo, me quedé afónico y exhausto. Otro síntoma de que habían pasado seis años.

Salí de ECOSUR sin voz y con muchos planes para regresar. Hicimos la parada a un taxi, el cual pitó aunque éramos los únicos ahí y airosamente le hacíamos la parada, y me dirigí apresuradamente al aeropuerto. Sin tiempo para comprar cacao o chipilín, me conformé con un delicioso chocolate chiapaneco en tableta. Guardé la bolsa en mi mochila para evitar cualquier sobredosis chocolatera y volé de vuelta a casa (las 15 horas en redilas sierra arriba no se extrañan ni por Aviacsa).